La Gastronomía y el Cine: "El Festín de Babette"

 

 

 

 

 

                                                 

 

 

 

 

A una remota aldea de Dinamarca en las costas de Jutlandia, llega una Francesa llamada Babette huyendo del terror que vive París en aquellos días de la primera guerra mundial. En la casa que le da refugio, viven dos hermanas ancianas hijas de un ministro protestante, desde que murió su padre su vida gira en torno a la religión dedicándose solo a tejer, rezar y recordar con nostalgia su lejana juventud, en la que su educación profundamente puritana, las obligó a renunciar a toda posibilidad de ser felices.

 

         Babette es una excelente cocinera que fue chef en el Café Anglais de París y después de algún tiempo conviviendo con las ancianas, se le presenta la oportunidad de agradecer la bondad y el calor con el que la familia Danesa la acogió, gracias a un buen premio ganado en la lotería. Babette gasta todo el dinero ganado en ofrecer a sus benefactoras y vecinos una impresionante cena con manjares y vinos de la mejor gastronomía Francesa, así encarga a Francia los mejores vinos tintos y blancos, verduras, carnes, pescados y mariscos. Los invitados aceptan a regañadientes el regalo, pero pactan no dar ninguna muestra de gozo o disfrute con la comida y bebida porque sería pecaminoso.

 

Uno de los momentos estelares de la película, está protagonizado por un militar que es el único que ha viajado por tierras francesas y disfrutado de su gastronomía, él no está enterado del juego de indiferencia hacia los manjares que están degustando, al que juegan el resto de comensales, pero percibe que ocurre algo raro y no lo entiende. Cuando aparece el plato estrella de la noche “Codornices en sarcófago”, acompañado por uno de los mejores tintos de Burdeos, reconoce haber comido aquel plato en París y lo relaciona rápidamente con su autora Babette, estallando en exclamaciones de júbilo y agradecimiento.

        

Durante la cena los austeros y ascéticos invitados, van progresivamente relajando sus resistencias iniciales y poco a poco ante la seducción de los exquisitos platos y vinos que degustan, se entregan al disfrute de los alimentos en un ceremonial cada vez más intenso y emotivo.  La cena concluirá con una contenida pero profunda alegría, produciéndose en los invitados el milagro de hacer brotar lo mejor del ser humano a través del goce de los sentidos.

 

Las diferencias entre los significados que tiene la comida para Babette y la comunidad donde vive, se ve claramente durante el desarrollo de la película, la protagonista usa sus dotes culinarias como medio para hacer felices a las personas, ella es consciente además del poder que tiene dominando dicho arte. Sabe que a través de una verdadera cena francesa, no solo agasajará a sus benefactores, sino además los enseñará a disfrutar del placer de comer sin tener que alejarse de Dios para ello.

 

Para las hermanas y vecinos, la renuncia a los placeres mundanos como el de la comida, es una forma de acerarse a Dios. La idea de lujo y derroche franceses en sus comidas les parece abominable, también desconfían de los ingredientes empleados por estos en sus comidas como: caracoles, setas y ranas. Desconocen los distintos tipos de vinos y les extraña que estos puedan tener nombres. Acceden a la invitación con muchas resistencias, comentando la locura de que Babette gaste todo su premio en una cena y comienzan la celebración ignorando la comida, no disfrutándola y eludiendo cualquier tipo de alabanza hacia ella.

 

Para ver los paralelismos entre las dos visiones, podemos fijarnos en primer lugar como Babette es capaz de preparar perfectamente platos de la cocina Danesa con un mínimo aprendizaje, cosa que sorprende gratamente a las ancianas. Sobre todo es durante la cena cuando los significados de la comida para los invitados y la cocinera francesa, se van acercando progresivamente al bajar sus defensas iniciales e ir dando rienda suelta a sus sentimientos y recuerdos más escondidos.

 

La felicidad alcanzada durante la cena se hará presente en una de las escenas más bellas de la película, cuando los invitados se cogen de las manos y cantan juntos en la noche bajo las estrellas, sintiendo que estas, como dice una de las hermanas, se encuentran más cerca de ellos esa noche. Es el canto a la vida y a la felicidad que a partir de entonces será disfrutada seguramente por los personajes, sin temor al castigo divino que les había oprimido durante todas sus vidas.  

 

 

 

Codorniz en sarcófago (adaptación del Grupo Gastronómico Gaditano).-

 

Ingredientes (4 personas): 4 codornices, 80 gramos de foie de pato, 300 gramos de hongos preferentemente Boletus Edulis (Babette usaba trufa blanca, pero debido a su precio y difícil adquisición, la sustituimos por la reina de las setas), 200 gramos de masa de hojaldre, un diente de ajo, aceite de oliva virgen extra, pimienta blanca y sal.

 

Elaboración: Se limpian bien las codornices de plumas, se limpian con un pequeño corte por su cloaca de tripas, pulmón y corazón, conservando si podemos el hígado. Se pasan por el fuego para eliminar los restos de plumón. En una sartén a fuego medio, ponemos un buen chorro de aceite de oliva y el ajo en dos o tres trozos que se retiran cuando toman color, aumentamos la intensidad del fuego y añadimos las codornices hasta dorar, se apartan las aves y reservamos el aceite.  Por el orificio practicado para su limpieza, introducimos en cada codorniz un trozo generoso del foie de pato y dos o tres trozos de hongos que previamente habremos salteado en la sartén con el aceite. Salpimentamos la codorniz y la cubrimos con una capa de hojaldre al que por su cara interior extenderemos un poco de foie. Pintamos el hojaldre por su cara exterior con una brocha mojada en yema de huevo. Precalentamos el horno e introducimos las codornices unos 60 minutos a 180º C, subir la temperatura  del horno para terminar de dorar.

 

Para el acompañamiento, poner el resto de los hongos salteados y un poco de compota de pera o manzana.

  

                                                                        Julio de la Torre Fernández-Trujillo

 

 

 

 

 

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