JURADO DEL CONCURSO OFICIAL DE AGRUPACIONES DE CÁDIZ 2008

 

 

Jurado del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas de 2008

 

Las previas.-

    Iniciándose el mes de diciembre de 2007, recibo la noticia de que mi gran amigo y presidente del Grupo Gastronómico Gaditano José Manuel Pérez Moreno, ha sido designado como presidente del jurado del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz 2008. A las pocas horas de conocer su elección, recibí su llamada telefónica, para comentarme que contaba conmigo, los compañeros que participarían y sus preferencias respecto a los que restaban para completar el jurado. Sobre este aspecto me comentó que le gustarían fueran más jóvenes que nosotros (para que los gustos fueran variopintos), preferentemente mujeres (ya que los que tenía eran mayoritariamente hombres) y que fueran aficionados sin influencias externas. Coincidiendo plenamente en sus preferencias le ayudé en lo que pude para ir completando el jurado, concluyendo este con una candidata que se presentó de forma muy original vía correo electrónico, con la que se entrevistó previamente el presidente y que resultó ser una excelente persona y entendida aficionada al igual que el resto de compañeros.

    Desde que fui jurado del concurso de adultos en 1993, siempre he expresado mi opinión respecto a esta experiencia, en el sentido de que es algo que merece la pena ser vivido para cualquier buen aficionado al carnaval de Cádiz, "pero una y na más Santo Tomás". Aún así, desde que en una de nuestras frecuentes conversaciones sobre el carnaval, José Manuel me comentó que le gustaría ser presiente del jurado, ya sabía que no me negaría si me pedía participar con él (ya participamos juntos en 2006 con las agrupaciones infantiles y juveniles).

    En las reuniones previas al concurso, discutimos largo y tendido sobre el reglamento, las novedades para el concurso de 2008 (en el que nos encontraríamos por primera vez con cuatro fases y tres cortes), problemas que podía ocasionar el arrastre de puntos de una fase a otra, decisión sobre puntuaciones mínimas para cada corte y ensayos para entender la mecánica de los puntos. También se decidió como se realizaría el necesario avituallamiento del jurado durante cada noche del concurso, poder tomar un café, un caldo o un refresco y un tentempié en los descansos, resulta fundamental para aguantar tantas horas, la otra opción es llevar un bocadillo de casa o salir al ambigú a comprarlo, cosa que la experiencia indica no ser demasiado conveniente.

    En la última reunión, se nos solicitó de forma voluntaria (al parecer desde la fundación del carnaval), firmar un escrito ante notario donde aseguráramos que seríamos buenos, es decir, que no protestaríamos, que no contestaríamos a los autores o a los medios de comunicación si nos ofendían y alguna que otra pamplina más. Después de una corta exposición de posturas sobre el tema, decidimos que no firmaríamos algo semejante, ya que nuestros derechos individuales se verían vulnerados si lo hacíamos. Imaginemos que dentro o fuera de un repertorio un autor nos ofendiera, al menos éticamente estaríamos limitados para denunciar ante la justicia el hecho, también cualquier influencia interna o externa en el momento de las puntuaciones (evidentemente de aquellos que no tienen ni voz ni voto en el jurado), quedaría impune al no poder denunciarse a los medios de comunicación.  

 

En el concurso.-

    La preselección como recordaba de la vista en 1993 fue soporífera, donde no más de dos agrupaciones de media por sesión de nueve, suelen animar el Teatro Falla. Se han apuntado entre los artífices del concurso y muchos aficionados, posibles soluciones a este hecho, pero lo cierto es que no se prueban otras fórmulas y seguimos con un concurso de arranque tedioso y excesivamente largo. Es cierto que el jurado debe escuchar a todas para decidir quien ofrece calidad y quien no, pero someter al aficionado a esta tortura pagando la entrada a precio de espectáculo, no me parece correcto.

    El primer corte fue relativamente fácil, ya que decidir entre buenas y malas con un buen margen para que entren las regulares, no es tarea complicada. Siempre piensas que tal agrupación podría haber pasado, que tal otra tenía detalles, o como dice mi amigo Manolo Maestre (miembro del jurado en comparsas y chirigotas este año),  "todas sin excepción tienen alguna cosita buena", estimado amigo, sigo intentándolo pero no puedo compartir esto contigo. Lo cierto es que en esta fase del concurso, todas las que deben estar aparecen en el listado final.

 

 

 

    La primera semifinal (a la que algunos llaman "cuartos") se presentaba interesante, en coros había buen nivel y entre los más flojos los había con buena música de tango o con letras que aportaban algo más que manidos piropos. Entre los que causaron una grata impresión, se encontraban algunos coros nuevos en los que se nota el aire fresco de evolución que necesitaba con urgencia la modalidad, seguro que en unos años los tendremos en la final. Entre las comparsas ocurría otro tanto, al lado de Antonio Martín, Quiñones o Aragón (más preferido de la juventud el último, pero ya un clásico en el carnaval de Cádiz), se encuentran este año los repertorios de Carapapa, Bienvenido y otras comparsas que comienzan a moverse por nuevos derroteros.

    En la chirigota tenemos afortunadamente desde hace bastantes años, una auténtica factoría de creadores y algunos jóvenes que garantizan su continuidad, no se si tendrá en esto que ver, que además de la cantera que representan las agrupaciones juveniles e infantiles, muchos autores de callejeras se mueven al concurso o colaboran con agrupaciones que acuden a este.  Que el cuarteto sobrevive a duras penas gracias a algunos jóvenes que mantienen dignamente el tipo, no es un secreto. Esta modalidad necesita un revulsivo como lo ha tenido recientemente el romancero, resulta difícil salir con unas claves y poco más para hacer reír desde el minuto uno hasta que cae el telón, pero creo que las posibilidades escenográficas, vocales e instrumentales, que tienen cuatro o cinco actores en un escenario, pueden ir más allá de lo que se ha hecho hasta ahora.

    El corte de la primera a la segunda semifinal fue bastante más difícil, aunque como en la fase anterior no propició protestas en el público, como siempre algún autor se sintió menospreciado, como siempre alguno dijo que no volvería al Falla nunca más y como siempre algunas agrupaciones de fuera criticaron el localismo del jurado. Como ya expresan algunos sin tapujos, este es un concurso en el que un jurado decide que agrupación merece o no un premio, por lo tanto por mucho que nos empeñemos mediante reglamentos o sistemas para la selección de estas personas, en buscar la máxima objetividad posible, finalmente es algo tan subjetivo como el gusto personal lo que nos lleva a la elección del premiado.

    La segunda semifinal resultó emocionante, en muchas ocasiones la calidad de las agrupaciones, consiguió que solo saliéramos del palco del jurado para ir al contiguo a escuchar la que no teníamos que puntuar. En algunas sesiones, el lugar donde nos servían el refresco estuvo permanentemente desierto excepto en los descansos (no olvidemos que ante todo somos buenos aficionados a la fiesta).

    Este corte llamado popularmente como "la noche de los cuchillos largos", suele ser el más difícil de todos. Para la final teniendo escuchados tres pases por agrupación, solo exceptuando alguna sorpresa, todo el mundo tiene su quiniela y el jurado también. Pero en la segunda semifinal aún hay mucha tela que cortar y aficionados, autores, componentes de las agrupaciones, medios de comunicación y jurado, lo saben.  Las agrupaciones que conocen su calidad, suelen llevar a esta antesala de la final lo mejor de sus repertorios, ya que a pesar de que lo nuestro es casi siempre considerado lo mejor, si somos capaces de enfriar nuestra cabeza y mirar lo que traen los demás, podemos ver nuestros defectos y nuestras virtudes,  colocándonos nosotros solitos en el lugar que nos corresponde.

 

 

 

    A la gran final, llegaron las agrupaciones con el mejor repertorio y que cometieron menos fallos de bulto a juicio del jurado. Lo único objetivo del concurso es el reglamento que rige el mismo y por el que el jurado con su presidente al frente (con voz y sin voto) y sobre todo con su secretario (sin voz y sin voto, pero con el reglamento siempre presente), deben guiar nos guste o no, sus actuaciones. Personalmente creo que se debería revisar en profundidad, pero se que resultará imposible confeccionar uno a gusto de todos y a medida que pase el tiempo y sigan uniéndose intereses al concurso, será más difícil. 

    En el recuento final de los votos, a algunas agrupaciones les pasó factura una floja sesión anterior, no podemos olvidar que en este reglamento de 2008 las puntuaciones de preliminares, semifinales y final, se suman para pasar entre fases y para otogar los premios. Otras por el contrario, a pesar de algún estrepitoso fallo en la final, la diferencia de puntos conseguida previamente les sirvió para amortiguar la caída, cosas de las matemáticas.

     Creo que en conjunto, la final de este año resultó emocionante, lucida, divertida y esperada. Lo peor, más apreciable en las retransmisiones televisivas que en teatro, los interminables parones entre una agrupación y otra, claro que sin estos no podríamos disfrutar de la escenografía que forma parte del espectáculo.

    Como conclusión de esta experiencia, decir que me sorprendió agradablemente la aptitud de las comparsas ante las decisiones del jurado, casi siempre es en esta modalidad donde se producen las mayores discrepancias traducidas a comentarios de todo tipo, claro que en esta ocasión los que podían sentirse más claramente perjudicados eran señores con mucho carnaval a sus espaldas.

    No puedo comprender, como algún responsable de coros, modalidad en la que he participado en carnaval durante muchos años y en la que tengo amigos que me conocen bien, habló de pucherazo y manipulación del jurado. Después del concurso he podido mantener alguna conversación clarificadora, en el sentido de reconocer alguno de sus integrantes que el coro de Lama no era de los mejores de su autor y que la actuación del coro de Zamora y Pastrana en preselección no fue afortunada, por lo que a pesar de tener puntuaciones más altas que su directo rival en las sesiones posteriores, no pudo alcanzarlo para ser primer premio, todo esto sin contar con los alardes fronterizos al reglamento del concurso, interpretando a título de introducción pasodobles de chirigotas y comparsas de antaño, cuya letra y música no son originales de su agrupación. Generar estas situaciones de liminaridad es divertido, he participado de ellas en coros y chirigotas, pero además de no tener ningún beneficio por ello, representa una tensión añadida a los componentes del coro, que seguramente se vio reflejada en su actuación.      

 

Julio de la Torre Fernández-Trujillo

 

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