En el Carnaval de Cádiz 1998

Coro "Los Ultimos de Filipinas"

 

 

En el escenario del Gran Teatro Falla

 

Hacía por lo menos un par de años que nos reuníamos frente al Arco de Garaicoechea en el carrusel de coros, varios compañeros de agrupaciones que ya no salíamos por diferentes razones, compartíamos allí nuestros tangos, nuestras fiambreras de papas aliñas, ropa vieja, lomo en manteca, algún pasodoble de chirigota añeja, etcétera. Que bien sonaba, tan bien que el domingo de piñata de 1997 decidimos para el año siguiente sacar un corito pequeño, cantando cositas antiguas y solo para la calle. Montado sobre la base de ese grupo que cantaba tangos en la Puerta del Pescao frente al arco, Kiko Zamora y Rafael Pastrana sacan en 1998 "Los Últimos de Filipinas", con solo 28 componentes obtenemos el segundo premio en el concurso de agrupaciones, tras el coro "La Máquina" de Migueles. 

 

El tipo representaba los soldados españoles que combatieron en la guerra de Filipinas y conmemoraba el centenario de la pérdida de dicha colonia. Imagino que "por casualidad" de unos o de otros, el coro de Julio Pardo hacía lo propio con Cuba, la otra colonia que se perdió ese mismo año, y vestido con el mismo uniforme. La única diferencia entre un grupo y otro estaba en la limpieza de la ropa del coro Cubano y la suciedad del Filipino, lo que llevó a los gaditanos a comentar que parecíamos un anuncio de detergente antes y después del lavado.

 

 

En el carrusel del Mercado Central

 

Unidos a los veteranos que ya habían participado en algunos coros, integraban esta agrupación siete u ocho magníficos compañeros más jóvenes y novatos, algunos de ellos salían por primera vez junto a sus padres, lo que dio lugar a más de una anécdota. De todas formas una de las más simpáticas se produjo el día antes de la primera actuación en preselección, después de repartirnos los disfraces, se comentó que debíamos mancharlos para que pareciera de verdad que veníamos de una guerra, con ese objetivo se había recolectado gran cantidad de posos de café esa misma mañana por las cafeterías de la ciudad. Viéndonos un poco ridículos tomando algo de guarrería y pasándola por la ropa, algunos decidimos volcar unos cubos de posos por el suelo y revolcarnos encima como auténticos cochinos, ni que decir tiene que nos siguieron todos los demás y que algo un poco repulsivo, se convirtió en una auténtica fiesta.

 

 

Cantando en la Plaza del Palillero

 

Volviendo a eso de las motivaciones que nos hacen salir en las agrupaciones del carnaval gaditano, comentábamos que el mayor problema se genera cuando las motivaciones que mueven a unos y a otros se enfrentan. Reconozco que si uno intenta a toda costa ganar el concurso y otro divertirse hasta en los ensayos, el último se convertirá en un compañero de viaje por lo menos incómodo, ya que el producto final que se presenta en el teatro podría afectarse. Si uno quiere protagonismo o ganar dinero y otro cantar en la calle, las chispas saltarán seguramente en algún momento. 

 

Todos los directores pegan algún grito, desde dentro puede tomarse incluso como algo normal, pero si alguno de ellos lo acompaña con insultos y patadas a cualquier objeto que encuentre en su camino, pretendiendo colocar encima de la mesa algo más que un llavero con la cara de Franco, algunos lo aguantan porque les importan más sus propias motivaciones, otros tienen la paciencia del Santo Job o un electroencefalograma plano, los menos simplemente no lo aguantan y más tarde o más temprano se van para no volver. En el carnaval del concurso, el individuo que va fundamentalmente a divertirse no interesa. 

 

http://libretodecarnaval.blogspot.com/2008/07/los-ultimos-de-filipinas.html

Video del coro en la final

 

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