TECNOLOGÍA FRENTE A HUMANIDAD

 

 

 

           Ante este título, muchos compañeros se preguntarán porque enfrentar los conceptos tecnología y humanidad, si ambos pueden coexistir perfectamente, si es así me gustaría responderles que solo estoy parcialmente de acuerdo con ellos.

        Me explico, la medicina actual en general y la que más se apoya en la tecnología en particular, pretende claramente vencer a la enfermedad y con ello a la muerte, si esta pretensión no es factible, sobreviene una frustración que solo se mitiga parcialmente si son capaces de retrasar esa muerte el mayor tiempo posible. Muchas veces no importa el sufrimiento del paciente y sus seres queridos, solo importa la victoria o la menor de las derrotas en esa batalla sin cuartel.

        Muchas voces se han levantado ya en contra de esta forma de hacer medicina, cada vez más médicos y enfermeras gritamos que es inhumano permitir que alguien sufra dolor, si poseemos los medios para que esto no ocurra, que la muerte puede ser tan digna como la vida, que la lucha contra la enfermedad tiene un límite que se rebasa cuando el sufrimiento es inútil.

            Seguramente cualquier compañero podría citar mil ejemplos que le vienen a la memoria leyendo estas líneas, en UCI, urgencias, salas de hospitalización, quirófanos, ocurren todos los días casos ante los que nos entran ganas de gritar ¡basta ya!. Si además lo comentado, nos ocurre a nosotros mismos o a algún ser querido, esas emociones se multiplican enormemente.

            El ejemplo para explicar el concepto de empatía, que la describe como calzarse los mocasines del otro, siempre me gustó, considero que es un concepto tan íntimamente ligado a la profesión sanitaria, que su no existencia implicaría la equiparación automática de nuestro quehacer cotidiano, al de otro profesional que trabaja con transistores, tubos de PVC o elevalunas eléctricos. Por ello, me resisto a pensar que haya profesionales sanitarios que les cueste trabajo calzarse otros zapatos distintos a los suyos, no entiendo como son incapaces de barajar el límite donde deben llegar, que les ciegue la tecnología que tienen en sus manos hasta creer tener el poder sobre la vida y la muerte. Prefiero pensar, que les puede la imagen de ese deportista sobre la bicicleta ganando el "Tour de Francia", que tras un eficaz tratamiento médico, seguramente unos buenos cuidados de enfermería y por supuesto su lucha personal, venció al cáncer.

        Tan difícil es ver que no todos los seres humanos son deportistas, ni todos llegado el caso padecen el mismo tipo de cáncer, ni a todos se les diagnostica en la misma fase, ni todos lo afrontan de la misma manera, etc.

        Ocurre a menudo que algunos compañeros enfermeros les cuesta tomar responsabilidades aunque sean mínimas, como adelantar quince o veinte minutos el analgésico prescrito ante la aparición de dolor o solicitar del facultativo un aumento de dosis o cambio de esa medicación que ha dejado de ser efectiva. También algunos oncólogos ante casos terminales, donde la vida solo aporta ya pequeñas satisfacciones, no ceden ante la evidencia de la cercana muerte y prescribiendo algún citostático más, disfrazado de milagroso Bálsamo de Fierabrás, anulan lo poco bueno y aumentan lo mucho malo de esos angustiosos días. Si presenciáis alguna vez algo parecido, os sugiero que empleéis algo que denomino "zarandeo empático", el ser humano no es un riñón a extirpar, ni un pulmón a irradiar, ni una histeria a calmar, es María, Juana, Inma, una chica joven o una anciana, con muchas ganas de vivir, pero que tiene sus días contados debido a un cáncer gástrico y le tiene auténtico pánico a sufrir dolor, en estos casos intentad enfrentar a esos compañeros con la realidad, porque seguro que los árboles no les dejan ver el bosque. 

 

Artículo aparecido en la sección "Cartas al Director" de la revista Enfermería Clínica, marzo/abril 2000.

 

 

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