ENFERMERÍA, DIANA DEL NEGOCIO

  

 

            Al filo del siglo XXI, vivimos inmersos en la era de la comunicación y el marketing, la publicidad inunda nuestro mundo ya sea vía Internet, televisión vía satélite o por cable, estática, subliminal, creada por ordenador para situarla en un lugar donde no está en realidad, o colocada en la camiseta de un deportista. Prácticamente todo vale, saber vender nuestro producto, es tan importante  o más en muchas ocasiones, que la calidad del mismo. En algunos casos este marketing se traduce en autentica agresividad comercial, como ocurre en las excursiones que organizan “gratuitamente” para los ancianos algunas empresas, que se terminan convirtiendo en jornadas enteras encerrados en un salón de hotel viendo baratijas.

         La Enfermería, no ajena a ningún cambio que se produce en la sociedad, se encuentra también inmersa en este fenómeno. Se planifican cursos de marketing de los servicios sanitarios, nuestros colegios profesionales nos facilitan el acceso a Internet y preparamos carteras de servicios, entre otras razones, para que se conozca y valore mejor nuestro producto. Pero también nuestra avidez de formación e información, esta siendo usada en ocasiones de forma al menos discutible por distintos colectivos y empresas que trabajan con nuestro sector.

         La organización de cursos de baja calidad, impartidos en algunas ocasiones por docentes poco expertos; cursos a distancia, certificados incluso algunos de ellos por Universidades de prestigio, que prácticamente entregan un título a cambio de dinero; congresos a los que se acude con grandes expectativas y que se traducen exclusivamente en escapadas vacacionales, dado su escaso o nulo interés científico; cursos de expertos en áreas concretas del cuidado enfermero, abiertos a alumnos de Enfermería que aun no han concluido sus estudios; son solo una pequeña muestra de lo que ocurre.

          Evidentemente cada uno es libre de ir donde quiera, apuntarse al curso que deseé o adquirir el libro que le apetezca, al igual que lo es el que vende en una economía de libre mercado. La reflexión que planteo va algo mas allá  y no tiene nada que ver con  la restricción de ninguna libertad.

         Recientemente, he tenido como director de la Escuela de Enfermería del Hospital Puerta del Mar de Cádiz, algún problema cuando he expresado mi opinión, en ningún caso la negativa, al desarrollo de cualquiera de estas actividades. En muchas de ellas no se valoran suficientemente algunos efectos negativos, la oportunidad en época de exámenes o en pleno curso académico de presentar un sindicato profesional a los alumnos que todavía no son profesionales, ofrecerles cursos de postgrado cuando se encuentran en pregrado o reunirlos en las aulas para presentarles novedades editoriales.

         Existen siempre varias formas de hacer las cosas, pongamos dos ejemplos:

                  1.- La presentación de las novedades editoriales al profesorado y alumnado en fecha y hora que no interfiera la dinámica de trabajo de la escuela, presentación centrada en alumnos de último curso que poseen más elementos para decidir que compran y en un lugar donde el alumno asista realmente si lo desea.

                  2.- La presentación de las novedades editoriales en el salón de clase, justo antes o después de una asignatura donde la asistencia sea mayoritaria, a alumnos de primer curso, el día y hora que al señor de la editorial que los presenta le venga mejor, y a lo peor con una recomendación expresa del profesor de lo interesante que resultaría comprar la obra.

         Las dos alternativas son legales, las dos son posibles, pero creo que nadie me dirá que da igual una o la otra. ¿Dónde esta la línea que marca las diferencias entre la correcta y la que no lo es?, he de confesar que con absoluta certeza no lo se aún, pero seguiré buscándola.

 

 

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