EL FUTURO DE LA ENFERMERÍA EN LOS CUIDADOS GERONTO-GERIÁTRICOS

 

Autor: Julio de la Torre Fernández-Trujillo

  

Conferencia para los “XXIX Cursos de Verano de la Universidad de Cádiz en San Roque” Julio 2008

 

 

Introducción.-

 

            Desde sus mismos orígenes, el hombre ha intentado empleando distintos medios escudriñar el futuro, intentando ver lo que le deparaba el devenir del tiempo; los brujos o chamanes creían ver en las tiradas de huesos, la aparición de la sequía o las lluvias fundamentales para sus cosechas, los sacerdotes Persas en el hígado y otras vísceras de sus animales, el futuro de sus dirigentes y su pueblo, los magos de oriente (los de verdad que no eran los padres), miraban al cielo para hacer sus predicciones según las estrellas se posicionaban. En nuestra época los Rapel y brujas Lolas, con sus bolas de cristal , los arcanos dibujados en sus cartas y sus posos de café, intentan predecir si el bástago de los príncipes será niño o niña y a veces (normalmente el 50%) aciertan.

 

            Lo que vamos a intentar hoy aquí, ya me gustaría que fuera el ejercicio de un nuevo método de adivinación que resultara infalible, ya que inmediatamente como cualquiera de ustedes me iría a un kiosco de la ONCE y compraría un cupón, pero no es esto, es algo que debe hacer cualquiera en el ejercicio de su profesión, simplemente reunir datos, analizarlos a la luz de la experiencia y prever que puede ocurrir para anticiparse a las necesidades. Así un pescadero mira el calendario y ve que el próximo viernes es fiesta, calcula el pescado que tiene en la nevera y si el puente cae a primero o finales de mes, analizado esto compra el género de mayor o menor precio y en mayor o menor cantidad, necesario para hacer un buen negocio el jueves. Como se concluyó recientemente en el último congreso de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica, “no es posible analizar el futuro de la Enfermería en la atención al mayor, sin aplicar una visión gerontológica, es decir, que tenga en cuenta la integralidad del problema”. Dicho esto podrán suponer que analizaremos los distintos factores que inciden hoy en la situación de los mayores españoles y andaluces, para así poder aventurar con la mayor eficacia posible las necesidades de estos, respecto a la atención de Enfermería en los próximos años.

 

 

1.- Envejecimiento de la población.-

 

            Comencemos pues analizando el envejecimiento de la población y porqué lo hace a este ritmo desaforado en los países desarrollados y sobre todo en España. Cuando nos hablan de pirámides de población y nos presentan un gráfico con la correspondiente a algún año de entre los de las últimas décadas, nos da la sensación de haber olvidado lo estudiado en nuestra niñez, la pirámide vista por una sola de sus caras es un triángulo, pero desde algo antes de la guerra civil española esto dejó de ser así. Si vemos dicha pirámide poblacional en 1991, podremos observar como se ve claramente la huella dejada por dicha guerra, la alta tasa de natalidad que se produjo en nuestro país en la década de los 60, denominada baby boom (de la que algunos de nosotros somos hijos) y el brusco descenso de la misma que se produjo a partir de los años 80. A esta nueva forma del gráfico se la denominó con algo de cursilería en “as de pic”  

 

 

Ante el imparable descenso de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida en los siguientes años, se le unió también la denominación de pirámide en tonel o barril (si nos escucharan los académicos de la lengua). A partir del año 2000, se produce una estabilización de la base en cuanto a la natalidad se refiere (1,3 hijos por mujer), y un imparable crecimiento de la cima respecto a la esperanza de vida, que nos da para 2008 un aspecto de pirámide en seta, ya que a las personas de más de 85, años solemos unirlas en una sola columna horizontal. Aspecto este último, que tendremos que modificar si  no queremos que la cima de la pirámide se nos salga de la tabla, ya que las predicciones para 2025, nos presentan una generación, la del denominado baby boom, que comienza a jubilarse con unas expectativas de vida muy altas, en su aspecto la seta presenta cada vez mas sombrilla.

 

           

 

 

 

Pese a que sea positiva, no parece que una recuperación de la fecundidad por sí sola pueda reducir el nivel de envejecimiento a corto o medio plazo. Salvo el caso hipotético de una adopción colectiva de unos comportamientos fecundos que ya no tienen presencia en ninguna parte del mundo.

 

 

 

 

 

 

             

 

 

Con los datos actuales, si llevamos la predicción al 2050, nuestra “pirámide” se habrá convertido en algo parecido a un capitel Dórico, eso si con una gran visera que representa la mayor longevidad de las mujeres españolas, que en ese momento alcanzarán mas de dos tercios de la población mayor de 85 años. A unos les gustará más, a otros menos y algunos que yo conozco independientemente de su visión sobre el asunto, probablemente ya no estemos aquí.

 

En estos gráficos, hemos podido ver tres de los elementos básicos que inciden en el envejecimiento de la población, uno la esperanza de vida que aumenta imparablemente y que desarrollaremos dentro de un poco, otro el descenso de la natalidad propio de los países desarrollados y sobradamente estudiado, el tercero el relevo generacional donde existen secuencias de generaciones mas o menos llenas (baby boom / guerra civil), y nos falta un cuarto elemento de gran importancia en este momento histórico, la emigración e inmigración.

 

La emigración puede influir en el efecto de envejecimiento de un país ya que los emigrantes suelen ser jóvenes, si este fenómeno ocurre en un país subdesarrollado o en vías de desarrollo, salir de su situación le costará aún más trabajo. En España y en concreto en Andalucía, además de la entrada en Europa de emigrantes jóvenes latinoamericanos y africanos, también se da curiosamente el fenómeno contrario, por sus condiciones de vida, sociosanitarias y climatológicas, nos llegan todos los años emigrantes mayores que vienen para quedarse, cuestión que por otro lado y siendo previsores, no nos debe alarmar, ya que entre otras cosas interesantes traen también sus pensiones y activan económicamente los lugares de acogida. No podemos olvidar tampoco el retorno de los emigrantes andaluces que vuelven de Europa o de algunas provincias españolas, que significan más del 60% de las emigraciones interprovinciales.  

 

La inmigración puede ayudar a rejuvenece un país, ya que además de llegar extranjeros jóvenes a trabajar, tienen hijos entre nosotros. Pero, ¿Por qué se produce un aumento enorme de la inmigración a España en los últimos años?, la respuesta la encontraremos analizando la situación económica más que la demográfica, ya que la demanda autóctona no fue suficiente para cubrir la oferta de empleo que se produjo en aquellos momentos.

 

Pero como decíamos sobre el aumento de la natalidad y como coinciden la mayoría de los especialistas en el tema, tampoco la inmigración constituye una solución al envejecimiento, salvo que estuviéramos hablando de un volumen de entradas realmente fuerte (20 millones en los primeros 50 años del siglo XXI) que implicaría un reto tal para la sociedad española que no lo hace aconsejable.

 

Solo una reflexión más sobre este tema, muchos de los emigrantes que trabajan en España, llegan de países iberoamericanos que pertenecen a una cultura que como la nuestra hace medio siglo, valora a los mayores y los cuida, por eso los hace ideales en muchos casos para cuidar de nuestros mayores y los vemos cada vez en mayor número paseando con ellos por nuestras calles y plazas. Curiosamente con este grupo se da una paradoja, nos parece bien que trabajen para nosotros cuidando de nuestros padres o abuelos, pero cuando ellos plantean la necesidad de compartir su bienestar recién adquirido y lo que es aún más importante, la necesidad de cuidar de sus propios mayores en este país, no solemos verlo con los mismos ojos.

 

 

2.- Factores psicosociales, económicos y culturales.-

 

            Los resultados de recientes estudios sobre envejecimiento y salud de la Organización Mundial de la Salud, sugieren que se pueden paliar las consecuencias más negativas del envejecimiento sobre la sanidad, aumentando el nivel de renta y educación media, la calidad de vida y la integración social de los mayores. Esto lo confirma el descenso en las tasas de discapacidad y morbilidad de los ancianos en los países avanzados de nuestro entorno. España muestra en este aspecto un retraso con respecto a

otros países europeos, los cambios demográficos españoles muestran como el nivel de renta, instrucción y cualificación profesional de los mayores españoles se encuentra por debajo de los países punteros de la Unión Europea. Cabe esperar que esta situación se modifique poco durante el próximo lustro para tender luego a igualarse. Considerando lo anterior, el escenario futuro a corto plazo se caracterizará probablemente por un número creciente de población con riesgo de dependencia, la gran mayoría de los cuales

tendrán más de 65 años y una gran proporción más de 75.

           

            Es importante considerar que la dependencia es una fábrica de exclusión social, los ancianos dejan de valerse por si mismos y por ello de participar de las ventajas de la vida social. También las personas de su entorno familiar que asumen su cuidado, sacrifican su tiempo, posibilidades de ocio y oportunidades sociales y laborales.

 

En este momento existen signos que aventuran un progresivo aumento de los niveles de educación y de renta de las generaciones que van a ir llegando a los 65 años, esto facilitará la mejora en los estilos de vida, y ofrecerá oportunidades de intervención para las políticas públicas orientadas a prevenir y paliar las situaciones de fragilidad y dependencia. En algunas Comunidades Autónomas, como Cataluña y el País Vasco, las tasas de discapacidad de los mayores de 65 empezaron a descender y mantienen esta tendencia desde mediados de los noventa.

 

El aislamiento social debido a la perdida natural de amigos, desvinculación de la familia o viudez, por ejemplo, ha demostrado tener efectos negativos sobre la salud. Desempeñar un papel en la vida familiar, relacionarse socialmente o pertenecer a una organización comunitaria tienen efectos beneficiosos sobre la salud, mejoran la autoestima, la autonomía y permiten a las personas de edad hacer un aporte más importante a la sociedad.

 

            En muchos casos, la vejez parece haberse convertido en un rito de paso, donde a los ojos de la sociedad el anciano se prepara para la vida eterna, lo que parece no sorprender a nadie es lo dilatado del proceso, ya que muchas personas vivirán casi la mitad de su proceso vital en esa comunitas, si no que me cuentan de la extraña epidemia de sordera, que llevó a un elevado número de trabajadores entre 50 y 55 años, a la jubilación en los astilleros de Cádiz. Fue la época en la que a cualquiera que se encontrara físicamente joven “cumpliendo cierta edad”, se le decía en la ciudad “vas a tener una vejez más larga que un sordo de astilleros”. Y entramos así en otra cuestión clave para calibrar el futuro de la atención al mayor, la variabilidad política que adopta medidas de jubilación anticipada ante las vacas flacas de las empresas, a la vez que pregona a los cuatro vientos el peligro que corren las pensiones, esto provoca sentimientos en tres direcciones: la que tranquiliza al empleado en precario con un cierto desahogo tras la jubilación, la que conduce a otros a la angustia por el sentimiento de inutilidad viéndose relegado de la actividad productiva prematuramente, y por último el sentimiento frustrante en el resto que ve amenazado su futuro a pesar de haber trabajado hasta los 65 años, porque pueden encontrarse con pensiones muy bajas debido a la falta de liquidez de la Seguridad Social.

 

            Se dice con demasiada frecuencia que los ancianos no son productivos, que no aportan nada a nuestra sociedad, esta visión parte de dos conceptos básicos, la perdida de fuerza que se produce con los años, que en la mayoría de los casos es actualmente sustituida con la tecnología y la que relaciona la productividad a la obtención de un salario. Muchos mayores realizan labores agrícolas y ganaderas a pequeña escala, que no son visibles al incluirse dentro del mantenimiento del hogar, otros dan albergue y manutención a sus nietos mientras sus padres trabajan, cuidan de sus cónyuges o familiares enfermos, aportan voluntariamente su trabajo como asesores, educadores, líderes comunitarios, etc.

 

            En EEUU y Japón, se puede ver últimamente como ancianos con bajas pensiones y avanzadas edades, necesitan trabajar para poder vivir y costearse los caros tratamientos necesarios para sobrellevar cualquier dolencia, los empresarios han encontrado un buen filón al no tener que costear sus seguros sociales y poder pagar salarios bajos. Sin embargo sorprende cuando un número importante de ellos viven con gran alegría esta situación. ¿No sería una buena solución para el sostenimiento de los fondos de la Seguridad Social y lo que es más importante, el equilibrio emocional de los mayores, que cada uno trabajara hasta la edad que quisiera si se encuentra capaz para hacerlo?. Unos se jubilarían anticipadamente a los 60, otros llegarían sin problemas a los 70 años en activo, y dependiendo del trabajo hasta edades incluso más avanzadas. Siempre que significara un incremento del porcentaje de sueldo y de pensión al jubilarse tardíamente, un ejercicio de libertad individual y no una forma de explotación propiciada por el abandono social, ¿no sería una forma justa de abordar la situación?.

 

La era de la información ha aislado aún más si cabe al anciano medio, porque se ha perdido en gran medida la fuerza de la transmisión oral y con ello la voz de la experiencia. Como hemos visto recientemente en los medios de comunicación, hoy se margina la vejez hasta en la política, en la antigua Grecia o Roma y anteriormente en los consejos tribales de ancianos, estos eran reconocidos y venerados por su sabiduría y experiencia, hoy se valora sobremanera que primero el partido en el gobierno y luego el partido en la oposición, hayan rejuvenecido la cúpula de poder, casi a nivel de pañal y colonia Nenuco, vendiéndolo como la mejor solución a nuestros males. No podrían coincidir vejez y juventud al igual que hombres y mujeres, atendiendo más a la capacidad que a la oportunidad mediática, probablemente nos llevaríamos algunas sorpresas.

 

 

Salud y vejez.-

 

            La duración de nuestras vidas puede tener una importante parte de componente genético, sin embargo, la salud y la actividad a una edad avanzada son en gran medida una mezcla de experiencias, riesgos y acciones acumulado por una persona a lo largo del tiempo.

 

 

 

Desde el mismo momento de nuestro nacimiento, las enfermedades infantiles (infecciones, malos hábitos nutricionales, obesidad, educación, cultura, etc), los riesgos que solemos correr en nuestra adolescencia (nuestras relaciones, tabaquismo, consumo de alcohol, drogas, etc) y los condicionantes adquiridos en la edad adulta (nivel educativo, poder adquisitivo, trabajo, estrés, sedentarismo, nutrición inadecuada), aumentan el riesgo de padecer enfermedades crónicas y discapacidades en la vejez. Sin embargo, la progresiva discapacidad provocada por factores externos puede revertirse a cualquier edad. Por ejemplo, el abandono del hábito de fumar, un aumento del consumo de fruta y los pequeños aumentos del nivel de aptitud física reducen el riesgo de cardiopatía coronaria, incluso en la etapa final de la vida. Para los discapacitados, las mejoras en la rehabilitación y las adaptaciones del entorno físico pueden ayudar a reducir el avance de la discapacidad.

 

            A menudo, las personas de edad con rentas bajas ven dificultado su acceso a una nutrición adecuada. La mala nutrición sigue siendo uno de los factores principales de enfermedad y discapacidad en el mundo. Las cifras de la OMS indican que a principios de la década de los 90 todavía había 840 millones de personas por debajo del umbral de nutrición (que representa las necesidades alimentarias mínimas), siendo particularmente vulnerables las personas de edad. En los países del primer mundo, entre ellos España, vemos como muchos mayores se nutren mal (comúnmente comida precocinada o fritos), porque lo hacen en soledad, o porque en las cíclicas épocas de crisis como la que vivimos actualmente, los primeros en sufrir sus consecuencias son las personas con rentas más bajas y entre ellos se encuentran la mayoría de nuestros mayores.

 

Muchos de los problemas que hoy presentan los ancianos, proceden de toda una vida de malos hábitos alimenticios, dietas ricas en grasas, harinas y carnes de cerdo, además suelen eludir comer fruta y verdura fundamentales para una dieta equilibrada. La corrección de estos hábitos perjudiciales es esencial, pero si estos cambios no tienen en cuenta que esas costumbres provienen del entorno, de las tradiciones, de los valores,  del poder adquisitivo y que estos dan al anciano sus señas de identidad, estaremos casi siempre metiendo la pata. Desgraciadamente estos factores no son tenidos en cuenta por los profesionales de la salud a la hora de recomendar restricciones dietéticas, que en muchas ocasiones no son asumidas por los pacientes o no pueden serlo debido a condicionantes económicos, sociales o de estrategia familiar.

 

Desde un punto de vista global, el envejecimiento desequilibra el Sistema Económico porque dificulta la cura; en un sistema demasiado enfocado hacia la curación, la enfermedad crónica predominante en la población mayor es incongruente, llevando a las políticas de salud, a sus servicios y a sus profesionales a callejones sin salida, que aumentan enormemente los costes y abocan en muchas ocasiones a los mayores a la incapacidad y la dependencia.  El cambio de orientación sanitaria iniciado hace algo más de una década, comienza a dar sus frutos, pero puede verse con claridad que no será la solución que esperábamos.

 

En un esquema aún más economicista: las enfermedades de los mayores resultan mas caras que las de los jóvenes, las nuevas curas que aparecen (nuevas técnicas quirúrgicas, prótesis, tratamientos) implican nuevos gastos, y la demanda de calidad de vida (no solo vivir sino sentirse sano y capacitado) aumentan los costes sanitarios. Lo expuesto hace que la administración estudie soluciones por los dos caminos ya conocidos, para los defensores de la sanidad pública universal y gratuita: una mejor gestión de los recursos disponibles; para los que piensan que aún así el sistema terminará rompiéndose, la solución se encuentra en la empresa privada; otros ven en un sistema mixto el mejor de los futuros posibles. El caso es que sea cual sea, la elección ha de tener en cuenta razones de eficiencia y equidad, cuestión esta última realmente difícil en alguno de los sistemas, teniendo en cuenta que desde hace bastantes años nos hemos acostumbrado a una sanidad gratuita y de calidad (según nuestros indicadores de salud) y sobre todo a la precariedad de nuestras pensiones medias que haría insoportable el coste de la atención sanitaria a la mayoría de nuestros mayores.

 

Hace 25 años, los datos del informe Black, no mostraron evidencia alguna de que la introducción del Sistema Nacional de Salud en el Reino Unido, hubiese reducido el gradiente social de mortalidad. Aunque los cuidados médicos y enfermeros contribuyeron a aliviar sufrimientos y mejorar la salud y el bienestar de la población, hubo factores socioeconómicos (salario, vivienda, educación, cultura y alimentación) que tuvieron mayor importancia.

 

La visión de que la tecnología biomédica será la solución definitiva a muchos de los problemas de salud más prevalentes en el mundo, ha desplazado la búsqueda de soluciones en el ámbito de lo económico, lo social, lo cultural y lo político. Llegar a evitar las desigualdades en salud, pasa por reconocer y actuar en consonancia respecto al enorme peso que estos factores tienen en la salud de las personas.

 

La dependencia es la necesidad que tienen las personas mayores de recibir ayuda de familiares o de profesionales para poder realizar sus tareas cotidianas, bien en su totalidad o al menos en alguna parte de ellas. Como todos ustedes saben, la nueva ley de dependencia entró en vigor recién iniciado el 2007, aunque desde un punto de vista práctico pasarán años antes de ver sus frutos.  De lo primero de lo que debemos ser conscientes es de la envergadura social y presupuestaria del proyecto. La ley contempla la creación del Sistema de Atención a la Dependencia que deberá estar plenamente implantado en 2015 y se calcula que en los próximos dos años se beneficiarán 600.000 personas. El objetivo de la ley, en palabras del gobierno, es asentar el cuarto pilar del Estado del Bienestar junto a la sanidad, la educación y las pensiones, al reconocer como un derecho la atención a los ciudadanos que no puedan valerse por sí mismos. Cubrirá la atención a todas las personas que no pueden valerse solas (mayores de 65 años, enfermos mentales o personas con discapacidades graves), se calcula que cerca de 1,2 millones de españoles se podrán beneficiar de ella; evidentemente cubrirá una importante necesidad social. 

Hace poco más de un año, apareció un artículo en la revista Gerokomos titulado “la dependencia en el decir de los mayores”, donde Barrio Cantalejo y colaboradores expresaban el sentir de los mayores respecto a las situaciones que genera la dependencia, sus conclusiones fueron:

1.- Para los mayores, la dependencia no se asocia necesariamente a sometimiento, claudicación y delegación total en el control sobre la propia vida.

2.- La dependencia más temida es la mental o cognitiva, aquella relacionada, sobre todo con la capacidad de tomar decisiones

3.- No es cierto que los mayores rechacen hablar de decisiones futuras y muerte. Sin embargo habría que hacerlo en el momento y el modo adecuados.

4.- La familia actual tiene dificultad para cuidar del mayor dependiente. Sin embargo, los mayores desean permanecer cerca de su casa y de sus seres queridos antes que ingresar en una residencia.

            La pobreza y la soledad representan el mayor riesgo de dependencia cuando hay problemas sociosanitarios. En España el 25% de los ancianos viven solos. Más tristes son las cifras que arrojan Francia, con el 40%, o una ciudad como Berlín, que alcanza el 70%. La Encuesta Nacional de Dependencia de 1999 señalaba que los bajos niveles de renta y formación cultural son por sí mismos factores de riesgo de dependencia. En la población anciana más pobre hay un 50% más de discapacitados que en el mismo grupo de personas con mayor renta y formación educativa.

            Hablar de calidad de vida cuando no puedes tirar de tu cuerpo o estas limitado para realizar algunas “funciones básicas” (según como considere cada uno este término) y ves como además de ti, a tu alrededor el mundo también se deteriora, debe ser tremendamente difícil.

            Las limitaciones por motivos médicos se deben sobre todo a problemas osteoarticulares (artrosis, osteoporosis, fracturas), cardiovasculares (trastornos de la circulación, ictus cerebral, procesos coronarios), deterioro sensorial (alteraciones de la vista, de la audición) y neurodegenerativos (demencias, Parkinson, etcétera). Pero cuando hablamos de dependencia, solemos centrarnos en las grandes incapacidades, olvidando habitualmente que entre las limitaciones más frecuentes de los mayores, figuran algunas como las relativas a las tareas de mantenimiento del hogar, que por su invisibilidad no son detectadas y obligan al mayor a realizar grandes esfuerzos. Movilidad, desplazamientos y uso de los transportes, son también limitaciones importantes.

 

El futuro.-

 

            La soledad y una menor autonomía, parecen ser dos de los rasgos más comunes de la población anciana del futuro. En la actualidad 1.725.000 españoles son mayores dependientes, de los cuales la mitad necesitan una ayuda semanal, 500.000 una vez al día y 240.000 una al día de 3 o más horas, para mantener una mínima calidad de vida.

 

            Si los avances frente a las causas de muerte, no se acompañan de un retraso o reducción del grado de dependencia, en 2010 de los 7.500.000 mayores de 65 años que habrá en España, 2.350.000 tendrán problemas para manejarse de forma autónoma. En estos años muchos de nuestros ancianos tendrán entre 75 y 85 años, pero también mayor riesgo de dependencia y menos posibilidades de ser atendidos. Si a esto añadimos un aumento significativo de incorporación laboral de la mujer y el modelo familiar predominante, se disparará la demanda de servicios públicos para cubrir los problemas de dependencia.

 

Cerca de la quinta parte de las personas de edad de los países desarrollados recibe actualmente atención formal, es decir, servicios médicos o sociales. Tan sólo la tercera parte de dicha atención se brinda en instituciones, mientras que los otros dos tercios se proporcionan en el hogar. De hecho, en los últimos años muchos países desarrollados han ido dejando de lado el suministro de atención en instituciones, en favor de un cuidado que les permita a las personas de edad permanecer en el seno de la comunidad, en su propio hogar, el mayor tiempo posible.

Todos los expertos vaticinan que el aumento de la demanda asistencial obligará a la reforma de las estructuras sociosanitarias, dirigida a generalizar la atención geriátrica y a potenciar la ayuda domiciliaria, puesto que el 80% de la población con algún grado de dependencia es mayor de 65 años.

Las personas de edad son tanto receptoras como proveedoras de atención, además de cuidar a sus nietos y a sus hijos, muchas atienden también a otros miembros de su familia, especialmente a sus cónyuges y, a veces, incluso a sus propios padres. A menudo, dicha atención se proporciona por cariño, pero también por un sentido de obligación y sin expectativa de reciprocidad. Las exigencias que supone el suministro de esa atención pueden llegar a ser estresantes, cuando no perjudiciales para la salud de quien la proporciona. El reconocimiento del estrés de quien proporciona la asistencia o de la persona que brinda asistencia informal en la familia, que casi siempre es una mujer, deben ser un objetivo importante a nivel de políticas en la formulación de estrategias de suministro de atención.

            Los expertos vaticinan que es más fácil aumentar la esperanza de vida que reducir el grado de dependencia, apuntando que los hábitos de vida sedentarios y el estrés son los dos factores fundamentales en la elevación del grado de dependencia, sin olvidar por este orden: el bajo nivel de renta, sobrepeso, tabaquismo y otros hábitos tóxicos. Mas del 50% de los ancianos en residencias geriátricas presentan algún tipo de demencia, sin embargo, estos trastornos podrían prevenirse en gran medida adoptando desde edades más jóvenes pautas de estilo de vida saludable y una buena actividad intelectual como la lectura.

            La educación sanitaria, no cabe la menor duda que será una labor de Enfermería fundamental para el futuro, siempre que seamos capaces de abordar dos cuestiones con éxito: La primera conocer que lleva a las personas mayores a incumplir tratamientos y recomendaciones de autocuidado. Este es un problema que se detecta fundamentalmente en los países desarrollados, se cifra en el 50% de la población mayor para la falta de adherencia al tratamiento médico y alcanza el 70% cuando hablamos de recomendaciones como dieta, ejercicio o abandono de hábitos como el tabaco o el alcohol. La segunda es nuestra capacidad para crear nuevos canales que aumenten la motivación de los mayores a seguir tratamientos y recomendaciones, algunas experiencias al respecto han resultado bastante exitosas, como talleres de cocina y salud, paseos matutinos guiados que mezclan cultura y ejercicio, club de amigos para comer, etc.

Encuestas recientes recuerdan que España presenta un nivel de dependencia muy elevado, la situación de dependencia en los países occidentales se prolonga durante un periodo de ocho años como media, según los datos dados a conocer recientemente por la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre en Galicia. El objetivo que se han fijado los especialistas en esta materia es reducir ese periodo de tiempo a sólo tres años antes del 2050. Un compromiso a largo plazo, pero que no parece del todo sencillo.  Los programas de atención a domicilio, la teleasistencia y la televigilancia son las principales apuestas por las que abogan estos especialistas de cara al futuro.

            Respecto a los servicios de teleasistencia y telemedicina en los domicilios de los mayores en Andalucía, la Consejería de Igualdad y bienestar social viene implantándolo desde 2002. Este servicio basado en las nuevas tecnologías, permite a los mayores  a través de la línea telefónica, atención verbal las 24 horas del día con profesionales entrenados para ello, con el fin de aumentar la calidad de vida de los mayores, sus actuaciones van dirigidas a:

 

-         Conseguir el mayor grado de autonomía.

-         Favorecer la permanencia de los mayores en su entorno familiar y social evitando ingresos innecesarios.

-         Atención rápida en los casos de emergencias.

-         Medio de apoyo a los cuidadores habituales.

 

Creo sinceramente que podemos esperar en los próximos años una respuesta favorable de este servicio en relación al número de ingreso de personas mayores en los hospitales, y en la mejor atención de las personas dependientes a un coste menor para el sistema.

 

Otro de los elementos en los que se debe centrar el futuro de la atención de Enfermería en relación al mayor, son los cuidadores habituales. Como se expresa la Asociación Andaluza de Enfermería Comunitaria en su Guía para Cuidadoras de Personas Dependientes, “la atención a la persona que proporciona la mayor parte de la asistencia y apoyo diario a quien padece una enfermedad, y le permite seguir viviendo en su entorno de una manera confortable y segura, a una persona  que por razones de edad o incapacidad no es totalmente dependiente, es fundamental”. Se ha comprobado que el cuidado de un familiar repercute en la salud de quien lo presta, llegando a la pérdida de la propia salud debido a la gran carga física y psíquica que soportan. Además 4 de cada 10 cuidadoras, refieren tener problemas en sus relaciones familiares, sociales, en el uso de su tiempo libre y en su vida laboral, llegando con frecuencia al aislamiento social. Debemos ser conscientes, de que si la salud del cuidador habitual se quiebra, la continuidad de la vida en sus hogares para muchos mayores dependientes será imposible.

 

            En un libro aparecido hace unos días “Morbilidad hospitalaria de las personas mayores en Andalucía”, escrito por un equipo de la Universidad de Cádiz capitaneado por José Almenara Barrios profesor de bioestadística de nuestra escuela de Enfermería, aparece en sus conclusiones que:

 

-         Al menos el 10% de los mayores de 65 años ingresan al menos una vez al año en un hospital, representando un 35% del total de ingresos y un 49% de las estancias.

-         El 97% de las estancias innecesarias de los mayores en el hospital, se pueden atribuir a la mala organización y estilos de práctica clínica.

-         Casi el 70% de los ingresos de los mayores de 65 años son catalogados como urgentes, con edades medias en mujeres del 77,81% y en hombre del 75,57%.

-         Las enfermedades más frecuentes que motivan y seguramente motivarán los ingresos hospitalarios son la insuficiencia cardiaca, enfermedad cardiaca hipertensiva, bronquitis crónica, infarto agudo de miocardio, fractura de cuello de fémur y colelitiasis.

-         Ha descendido la mortalidad atribuible al tabaquismo en España, atribuible a  un descenso en el hábito fumador de los hombres, pero se ha visto incrementado de forma importante en las mujeres.

-         La Diabetes Mellitus es hoy motivo creciente de inquietud para la salud pública de los países desarrollados, donde se cuenta como una de las principales causas de muerte, incapacidad y coste sanitario. A medida de que la población  envejezca, el problema será más grave, con mayor consumo de recursos hospitalarios y de atención social por sus graves complicaciones. Nuevamente la mejor de las salidas a este problema esta centrada en la prevención y educación mas que en el desarrollo de nuevos tratamientos que sin duda aparecerán.

-         Las fracturas de cadera al tener una relación importante con la edad, aumentarán en el futuro, y una buena conexión entre hospital y atención primaria de salud, se revelará seguramente como la mejor forma de evitar complicaciones.

 

            También hace unas pocas semanas pudimos leer en la prensa el anuncio ante la comisión de ética e investigación sanitaria, de la Consejera de salud Mª Jesús Montero,  sobre la tramitación de la futura ley andaluza de la muerte digna, que podía estar aprobada dentro del año 2009 (decir que en dicha comisión se estudiará y ampliará la ponencia de dos de sus miembros que dará pié a la futura ley y que en dicha comisión se encuentra una enfermera andaluza especializada en bioética).  Lo que conocemos de dicha ley nos indica que apunta a reconocer el derecho de los pacientes a recibir cuidados paliativos en casa o en el hospital y que cuando esta sea recibida en el domicilio no debe mermar en términos de calidad. También la futura ley garantizará la libre elección de los enfermos a rechazar un tratamiento o recibir sedación paliativa para afrontar en las mejores condiciones posibles su muerte, dinamitando el concepto de eutanasia pasiva. Según la propia consejera de salud “hay que reservar la definición de eutanasia para el hecho de producir la muerte de forma directa”.

 

            Múltiples reflexiones pueden surgir en torno a esta nueva ley, por un lado el concepto de eutanasia y suicidio terapéutico que siguen siendo ilegales en España y ante los que se asegura que la ley andaluza no tiene nada que ver; la objeción de conciencia que puede surgir entre algunos profesionales o los derechos que puedan tener las instituciones privadas a no aplicar por objeción la ley, cuestiones que nos imaginamos se perfilarán en el desarrollo de la misma. Otro de los aspectos de la futura ley, que ya se encontraba incluido en la ley de autonomía del paciente de 2002, es la libre decisión de rechazar un tratamiento, solo vulnerable ante razones de peligro para la salud pública o emergencia súbita.

 

            Las implicaciones de esta nueva ley, sobre la futura atención de Enfermería a los mayores, puede ser muy importante, primero se plantea la necesidad de tomar un posicionamiento ideológico que hasta ahora solo lo habían expresado abiertamente los profesionales relacionados con la maternidad. También cambios en lo que respecta al trabajo, sobre todo para los equipos de atención primaria que realizan cuidados domiciliarios, no solo en lo que respecta a realizar unos cuidados que hasta ahora se realizaban mayoritariamente en el hospital, sino reforzar su formación en cuidados paliativos, porque estos pasarán a realizarse mayoritariamente en casa.

 

 

Conclusiones.-

 

1)      El tratamiento presente y futuro del mayor, no debe sacrificar el potencial curativo, pero debe contemplar el confort, la abolición del dolor y la posibilidad de recuperar la capacidad para desarrollar el mayor número de actividades cotidianas.

 

2)      La necesidad de adoptar hábitos de vida saludables, va calando poco a poco en la población española, pero nos queda aún mucho camino por recorrer. La educación sanitaria es fundamental, pero son necesarios estudios de investigación que nos aclaren porqué muchos de nuestros mayores son resistentes a seguir las recomendaciones de salud y que encuentren alternativas creativas para aumentar su motivación en este sentido.

 

3)      Es necesario un apoyo más eficaz de la red sociosanitaria en nuestro país, potenciando la asistencia domiciliaria, aumentando el número y la calidad de las residencias que tienen que contar con cuidadores formados profesionalmente, aumentar los centros temporales o de día, adaptar los entornos físicos a las discapacidades, etc.

 

4)      Debemos ampliar el concepto de calidad de vida del mayor, sumando por igual como afecta la enfermedad a la persona, a su cuidador habitual, a la familia y a su entorno. 

 

5)      El reto más grande que se les plantea a las sociedades en un futuro inmediato no radica en el envejecimiento de las poblaciones, sino precisamente en la necesidad de analizar y realizar los cambios pertinentes en las políticas sanitarias, sociales y económicas para asumir el fenómeno.

 

 

 

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