TRABAJO PARA SALUD INTERNACIONAL

Tema: el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (S.I.D.A.)

 

1.    Introducción y Justificación

 El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) se ha convertido en una gran crisis de desarro­llo; mata a millones de adultos en la flor de la vida, destruye y empobrece familias, debilita la fuerza de trabajo, deja en la orfandad a millones de niños y ame­naza el tejido económico y social de las comunidades y la estabilidad política de las naciones. Los efectos ne­gativos del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el SIDA para el desarrollo, especialmente en el Áfri­ca meridional, pero cada vez más en regiones como el Caribe, el Asia meridional y el Asia sudoriental, se dejan sentir en todos los sectores del desarrollo y en toda la sociedad. El SIDA se propaga con rapidez y re­percute en la fuerza de trabajo, en la productividad, en las exportaciones, en las inversiones y, en última ins­tancia, en la economía nacional. De persistir la epide­mia a su ritmo actual, las naciones más afectadas perderán en los 20 próximos años hasta el 25% de su crecimiento económico proyectado.

En diciembre de 2000, la secretaría del Programa conjunto de la Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA y la Organización Mundial de la Salud (OMS) anuncia­ron que, a fines de 2000, vivían en el mundo 36,1 mi­llones de hombres, mujeres y niños con VIH o SIDA y 21,8 millones habían muerto como consecuencia de la enferme­dad. En el mismo año, se estima que hubo 5,3 millones de nuevos casos de infección en el mundo y que 3 mi­llones de personas murieron de SIDA, la cifra anual más alta en la historia. La propagación del VIH entraña una epidemia mundial mucho más extensa de lo que se predecía hace un decenio y el número de personas que tienen VIH o SIDA en todo el mundo es un 50% más alto que el proyectado en 1991. Las formas de transmi­sión siguen siendo las relaciones sexuales sin protec­ción, la sangre y los hemoderivados no sometidos a análisis previo, las jeringas contaminadas, la transmi­sión de la madre al hijo y el amamantamiento.

2.- POBLACIÓN AFECTADA. DETERMINANTES DE SALUD

3.1.             POBLACIÓN AFECTADA:  Actualmente el SIDA está presente en todo el mundo, pero la zona más asolada es el África al sur del Sáhara. El 70% de los adultos y el 80% de los niños in­fectados con el VIH viven en África y también lo hacen las tres cuartas partes de los casi 22 millones de perso­nas en todo el mundo que han muerto de SIDA desde que comenzó la epidemia. Se estima que en el año 2000, 3,8 millones de personas quedaron infectadas con el VIH en el África al sur de Sáhara y 2,4 millones mu­rieron. El SIDA es actualmente la principal causa de mortalidad en África. Se estima que unos 25,3 millones de africanos viven con VIHV o SIDA y en 16 países están infectados más de una décima parte de todos los adultos (de 15 a 49 años de edad). El número cada vez mayor de niños huérfanos constituye un trágico aspecto de la epidemia; de los 13,2 millones de niños en el mundo que quedaron huérfanos como consecuencia del SIDA, 12,1 millones corresponden a África. Dentro del África al sur del Sáhara, hay en el África meridional más portadores del VIH que en cual­quier otra región. Una de cada cuatro mujeres de 20 a 29 años de edad está infectada. Las tasas de infección han subido en África occidental y siguen siendo eleva­das en África oriental. Los países de África del Norte y el Oriente Medio han sido hasta ahora los menos afectados por la epidemia. Con excepción del Sudán y Djibouti, la prevalencia es de 1 por cada 1.000 adultos o menos. Sin embargo, hay datos recientes que indican que estos países no son inmunes a la epidemia y hay in­formes de una creciente prevalencia entre mujeres em­barazadas en algunas zonas, así como entre grupos de alto riesgo en la población.  En el año 2000, y por primera vez, el número de infecciones nuevas en la región no fue más alto que en el año anterior y ello puede atribuirse a dos factores. En primer lugar la epidemia existe desde hace tanto tiempo que ha afectado ya a muchas personas sexualmente activas, con lo que son menos aquellas a las que todavía podría propagarse la infección. En segundo lu­gar, los buenos resultados de los programas de preven­ción en unos pocos países, especialmente Uganda, partes de Zambia y la República Unida de Tanzania, han reducido las tasas de infección, especialmente en­tre los jóvenes. En el Senegal, la prevalencia parece haberse estabilizado en el bajo porcentaje de 1,7% de la población general, y también parece haberse estabi­lizado en Sudáfrica y Kenya pero en proporciones mu­cho más elevadas, 19,9% y 13% respectivamente.  África hace frente a un triple desafío de propor­ciones alarmantes; debe reducir el número de infeccio­nes nuevas dando posibilidades a cada uno de protegerse a sí mismo y proteger a otros; debe proporcionar atención de salud, apoyo y solidaridad a un número ca­da vez mayor de personas infectadas y debe superar los efectos sumados que tiene para los sobrevivientes, para la comunidad y para el desarrollo nacional la muerte por SIDA de millones de personas.

 Asia y el Pacífico:  Las elevadas tasas de infección registradas en África no se han repetido hasta ahora en Asia. Sólo en tres países, Camboya, Myanmar y Tailandia, la preva­lencia supera el 1% en la población de 15 a 49 años de edad. Sin embargo, el número de infecciones va en au­mento; en Asia meridional y Asía sudoriental 780.000 adultos quedaron infectados el año pasado y de ellos casi dos tercios eran hombres. En Asia oriental y el Pa­cífico hubo 130.000 nuevos casos de infección. En Tailandia, la prevalencia entre los jóvenes se redujo más del 50% en razón de los excelentes resultados de un programa de promoción para usar siempre condones en el comercio sexual. La epidemia de VIH/SIDA es relativamente re­ciente en Asia y su dinámica varía considerablemente en el continente, entre países y dentro de ellos. Sin em­bargo, estas diferencias ocultan pautas en general reco­nocibles, que incluyen una considerable propagación del VIH entre la población heterosexual, una elevada concentración entre quienes se inyectan drogas y una elevada incidencia de VIH entre quienes se dedican al comercio sexual y los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres. Las tasas de infección en la po­blación general de países como la China y la India, a los que corresponde más de una tercera parte de la po­blación total del mundo, por más que sean bajas, signi­fican un gran número de personas infectadas. Los cam­bios demográficos que experimenta China no tienen precedentes en la historia. Tras haber prácticamente erradicado las infecciones de transmisión sexual en los años sesenta, actualmente se registra un marcado au­mento de ellas, que puede dar lugar a una mayor pro­pagación del VIH. En la India se ha determinado que la prevalencia del VIH supera el 2% entre las mujeres embarazadas en algunas regiones y va del 40% al 75% según los resultados de estudios realizados con quienes se inyectaban drogas en el Estado de Manipur.

Europa Oriental y Asia Central:  En los países de la ex URSS se registran algunas de las tendencias más dramáticas de la epidemia de SIDA en el mundo. La región, que antes se caracteriza­ba por una prevalencia muy baja, registra ahora un au­mento enormemente marcado del número de infeccio­nes nuevas, de 420.000 a fines de 1999 a por lo menos 700.000 un año después. En el año 2000 únicamente hubo más infecciones nuevas en la Federación de Rusia que en todos los años anteriores sumados. De los 250.000 casos nuevos de infección en la región, la ma­yoría correspondió a hombres, en su mayor parte los que se inyectaban drogas. Sin embargo, según datos re­cientes se ha encontrado en Ucrania una mayor preva­lencia entre mujeres embarazadas. Una complicada combinación de crisis económi­ca, rápido cambio social, aumento de la pobreza y el desempleo, aumento de la prostitución y cambios en las costumbres sexuales constituyen factores que han impulsado la rápida propagación del VIH en toda la región. Hasta hace poco, las repúblicas de Asia central no habían sido muy afectadas por la epidemia de VIH/SIDA, pero hay datos recientes de algunos países que indican que el VIH ha comenzado a propagarse entre quienes se inyectan drogas.

América Latina y el Caribe: La epidemia en América Latina configura un complejo mosaico de pautas de transmisión en que el VIH sigue propagándose por conducto de relaciones sexuales entre hombres y entre hombres y mujeres y del consumo de drogas que se inyectan. Unos 150.000 adultos y niños quedaron infectados en el año 2000, con lo que el número total llegó a 1,4 millones. En el Brasil, el país con más habitantes de la región, se en­cuentra el mayor número de personas infectadas con el VIH (540.000). Al mismo tiempo, el número de casos de SIDA, especialmente el de muertes como conse­cuencia del SIDA, ha disminuido considerablemente al generalizarse el acceso a tratamientos que prolongan la vida. La mortalidad causada por el SIDA bajó en el Brasil en un 30% entre 1995 y 1998. Corresponde al Caribe el índice más alto de in­fección por VIH en el mundo después del África al sur del Sáhara y el SIDA es ya la causa más importante de mortalidad entre jóvenes, hombres y mujeres, en la re­gión. En Haití, el país caribeño más afectado, en torno al 8% de los adultos en las zonas urbanas y el 4% en las zonas rurales están infectados. En todo el Caribe la epidemia se propaga con particular rapidez por con­ducto de la transmisión heterosexual, como resultado de una actividad sexual más temprana sumada a cam­bios frecuentes de pareja y a distintas combinaciones de edad (mujeres más jóvenes que mantienen relacio­nes sexuales con hombres más viejos). En los países de América Central, asolados por años de conflicto armado, destrucción ambiental y un desarrollo social desigual, la epidemia está concentrada entre poblaciones en situación de desventaja y pobla­ciones itinerantes, mientras aumenta la prevalencia en las mujeres. Un importante problema en toda la región está constituido por la necesidad de programas de toma de conciencia para hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y para quienes se inyectan drogas.

Países de altos ingresos: La mortalidad como consecuencia del SIDA bajó considerablemente en los países de altos ingresos en el decenio de 1990 en razón de la existencia de un trata­miento eficaz, básicamente la terapia antirretroviral, que prolonga la vida de los portadores. Sin embargo, contrarrestan esa buena noticia el estancamiento de la labor de prevención y el número de casos de nuevas in­fecciones cuyo ritmo no parece aminorar. A pesar de años de conciencia del SIDA, 30.000 personas queda­ron infectadas en Europa occidental y 45.000 en Amé­rica del Norte en el año 2000. Las prácticas sexuales de riesgo entre hombres dieron lugar a miles de infecciones nuevas. Errónea­mente se piensa que la terapia antirretroviral es una cura, lo que hace que esta población de alto riesgo baje la guardia. Al mismo tiempo, persisten los estigmas con­tra la homosexualidad. Las relaciones heterosexuales constituyen ahora el principal modo de transmisión del VIH en algunos países de Europa. En los Estados Unidos, el VIH/SIDA afecta también de manera desproporcionada a los grupos minoritarios de la población y los jóvenes afroamerica­nos en situación desventajosa de zonas rurales configu­ran uno de los grupos expuestos a alto riesgo de infec­ción con el VIH. En todo caso, la mayor parte de las infecciones nuevas sigue correspondiendo a hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y a drogadictos que se inyectan. Por más que los programas de prevención consistentes en la educación sobre el SIDA, la promo­ción del uso de condones, el intercambio de jeringas y el tratamiento con medicamentos han resultado efica­ces, se necesita ahora una firme determinación política para aplicar  medidas de prevención que lle­guen a la población marginada y sus parejas.

3.2.        DETERMINANTES DE SALUD

3.2.1. Consecuencias socioeconómicas del VIH/SIDA

El SIDA, si bien sigue siendo un importante pro­blema de salud, se ha convertido en una compleja emergencia económica y social. El VIH afecta primor­dialmente a los adultos jóvenes, con lo que destruye tanto gran parte del estrato más productivo de la socie­dad como a una generación de padres, cuya muerte deja atrás huérfanos, jóvenes marginados de la sociedad y niños en calidad de jefes de familia. El SIDA afecta considerablemente los segmentos más educados y cali­ficados de la sociedad ya que el VIH infecta primor­dialmente a adultos jóvenes productivos, más que a ni­ños y personas de edad. El estigma que llevan consigo el VIH y el SIDA se suma a la discriminación de que ya son objeto los infectados y constituye otro obstáculo para la acción en contra del SIDA. El VIH aumenta también la vulnerabilidad económica y social de la mujer.

En las regiones más afectadas, el SIDA está in­virtiendo la tendencia de decenios de desarrollo. Cam­bia la composición de la familia y la forma en que fun­cionan las comunidades, afecta a la seguridad alimenta­ria y desestabiliza los sistemas tradicionales de apoyo. Destruye capital social al hacer desaparecer la base de conocimientos de la sociedad y debilitar los sectores de producción. Al inhibir el desarrollo de los sectores pú­blico y privado y repercutir en todos los sectores de la sociedad, debilita las instituciones nacionales. La disminución de la economía, afecta a la inversión, el comercio y la seguridad nacio­nal, con lo que la pobreza es aún más generalizada y extrema. En pocas palabras, el SIDA se ha convertido en un importante desafío a la seguridad del ser humano.

3.2.2. Efectos demográficos

Las muertes como consecuencia del SIDA son muertes prematuras. En los países en que el VIH se propaga bá­sicamente por conducto de las relaciones sexuales de riesgo entre hombres y mujeres, la mayoría de los in­fectados con el VIH tienen 20 ó 30 años de edad y, en promedio, morirán de SIDA diez años después. En va­rios países, el SIDA ha aumentado la mortalidad de niños de menos de 5 años de edad, con lo que se borran 50 años de avance, incluido el aumento de la esperanza de vida al nacer, especialmente en el África meridional, en que aumentó de 44 años a princi­pios del decenio de 1950 a 59 a principios de 1990. Entre 2005 y 2010 se espera que disminuya a 45 años e incluso menos en algunos países.

El riesgo de morir de SIDA en algún momento de la vida es mucho más alto de lo que indicaría la preva­lencia general. Por ejemplo, con una prevalencia del 15% que se mantenga en el curso de la vida morirán más de la mitad de quienes tienen hoy 15 años de edad. En Botswana, donde hay una prevalencia del 36%, más del 75% va a morir de SIDA. En algunos países, estas tendencias están reconfigurando la pirámide tradicional de la población y la nueva tiene la forma de una chi­menea, con una base más estrecha de jóvenes y niños. El cambio más dramático de la pirámide tiene lugar cuando los jóvenes adultos, infectados a una edad tem­prana, empiezan a morir de SIDA. Únicamente los adultos no infectados con el VIH pueden esperar llegar a la madurez y la vejez. Igualmente, estudios recientes en diversas poblaciones de África indican que la tasa de infección con el VIH en las jóvenes de 15 a 19 años de edad puede ser de cinco a seis veces más alta que en el caso de los jóvenes.

3.2.3. Efectos sociales

La muerte prematura de un gran número de jóve­nes adultos tiene consecuencias inevitables en las so­ciedades más afectadas por el SIDA.

3.2.3.1. Hogares y familias: La mayor parte de las penurias causadas por el SIDA recae sobre los hogares y las familias. Los en­fermos no pueden trabajar y los familiares tienen que cuidarlos en lugar de producir alimentos e ingresos. Según estudios de familias rurales en Tailandia y fami­lias urbanas en Cóte d’Ivoire, la producción agrícola y los ingresos rurales bajaron entre un 52% y un 67% en las familias afectadas por el SIDA. Asimismo, las fa­milias en que hay personas seropositivas son también objeto de discriminación, con lo que tienen menor ac­ceso a beneficios económicos y sociales disponibles en general.

3.2.3.2. Género: La dinámica de género de la epidemia tiene vasto alcance porque la mujer está en una situación más débil para exigir relaciones sexuales sin riesgo y porque su posición económica y social es en general más baja. El número de mujeres que cuidan enfermos de SIDA es mayor que el de hombres y ello les impone la triple carga de cuidar a los niños, a los ancianos y a quienes tienen SIDA, para no hablar de la responsabilidad fi­nanciera por la supervivencia de su familia. Repenti­namente puede ocurrir que niñas o mujeres de edad queden a la cabeza de la familia y muchas niñas de fa­milias pobres corren el riesgo de ser objeto de explota­ción, especialmente explotación sexual, al tratar de obtener ingresos adicionales. La transmisión de la ma­dre al niño suscita también preocupación.

3.2.3.3. Educación: En los países en que el SIDA se ha generalizado constituyen un obstáculo para la educación, que es a su vez un cimiento esencial del desarrollo. La epidemia hace disminuir el número de maestros y redunda en detrimento de la calidad de la educación. Asimismo, re­duce la cantidad de dinero disponible para la matrícula escolar y hace que un número cada vez mayor de niños, más mujeres que hombres, abandone los estudios para poder ayudar en su casa. Algunas escuelas cierran a medida en que los maestros se enferman y no pueden trabajar. Se estima que, en algunas partes del África meridional, una quinta parte de los maestros y de los alumnos de las escuelas secundarias son seropositivos.

3.2.3.4.Servicios de salud: Desde el comienzo de la epidemia, 21,8 millones de personas han enfermado y muerto de SIDA, lo que impone una carga cada vez mayor sobre los servi­cios de salud de los países más afectados. En muchos casos, esta mayor demanda tiene lugar en el contexto de sistemas de salud pública que ya están sobrecarga­dos. En 1997, el gasto en salud pública por concepto de SIDA superó el 2% del producto interno bruto (PIB) en siete de 16 países africanos incluidos en una muestra, cifra impresionante si se piensa que se trata de países en los que del 3% al 5% del PIB correspon­de a los gastos en salud por concepto de todas las en­fermedades. Además hay que añadir la terrible carga que impone el SIDA a los propios trabajadores de la salud. Un estudio realizado en Zambia indicó que, en un hospital, la mortalidad entre los trabajadores de la salud se había multiplicado por 13 en un decenio, en gran medida en razón del VIH. Los sistemas sobrecar­gados de salud pública pueden además marginar más aún a los grupos minoritarios, a los discapacitados y a las mujeres de edad con VIH/SIDA. Los seropositivos carecen también de acceso a medicamentos y atención médica y en muchos casos son objeto de discrimina­ción por parte del personal hospitalario o de los siste­mas de atención de la salud.

3.2.3.5. Huérfanos: El SIDA surte efectos dramáticos sobre los niños, en particular porque ha surgido toda una generación de huérfanos en familias afectadas por el VIH. Hasta la fecha, la epidemia ha dejado 13,2 millones de huérfa­nos, niños que antes de cumplir los 15 años perdieron a su madre o a ambos padres. Se ha demostrado en estudios que los niños que han quedado huérfanos como consecuencia del SIDA corren un riesgo mayor de desnutrición, enfermedad, abuso y explotación sexual que los que quedan huérfanos por otras causas. El es­tigma y la discriminación de que son objeto pueden privarlos también de educación y servicios sociales bá­sicos. Actualmente, entre el 20% y el 25% de los hoga­res en muchos países de África acogen huérfanos, Las consecuencias a largo plazo de estos cambios en la so­cialización son incalculables.

3.2.4. Efectos económicos

3.2.4.1.Crecimiento económico: Hay datos cada vez más sólidos en el sentido de que el SIDA tiene efectos devastadores sobre los ingre­sos y el crecimiento económico. Según el Banco Mun­dial, si la prevalencia media del VIH en los países del África al sur del Sáhara no hubiese llegado al 8,6% en 1999, el ingreso per cápita en ese continente habría aumentado en 1,1%, casi tres veces más que la tasa efectiva de crecimiento entre 1990 y 1997 (0,4%). En el caso de un país típico de África al sur del Sáhara con una prevalencia del 20%, el aumento general del PIB sería un 2,6% más bajo cada año y, al cabo de 20 años, la economía habría crecido unas dos terceras partes menos de lo que habría crecido sin los efectos del SIDA.

3.2.4.2. Trabajadores: El SIDA reduce el número de trabajadores sanos, especialmente trabajadores experimentados en sus años más productivos, y ello aumenta la dependencia, dis­minuye el capital humano y puede reducir el aumento de la productividad hasta en un 50% en los países más afectados.

3.2.4.3. Sector público:  En el sector público, el SIDA reduce los ingresos públicos e impone una gran carga a los presupuestos a medida que aumenta el gasto en salud y bienestar so­cial. Se agotan recursos que son escasos y disminuye el rendimiento de otras inversiones públicas.

3.2.4.4. Gestión pública: La gestión pública sufre como consecuencia  de la epide­mia; el VIH/SIDA tiene efectos desastrosos sobre la capacidad de los gobiernos, especialmente en cuanto a la prestación en servicios sociales básicos. Para hacer frente a las consecuencias de la epidemia se pierden re­cursos humanos, se reducen los ingresos públicos y se desvían fondos presupuestarios. Igualmente, se plantea una amenaza a la supervivencia de las instituciones de la sociedad civil con su correspondiente repercusión en la democracia.

3.2.4.5. Sector privado: En el sector privado, las empresas tienen que ha­cer mayores gastos en concepto de capacitación, segu­ro, prestaciones, personal ausente, atención médica, li­cencias de enfermedad, funerales y pensiones. Al mis­mo tiempo, se reduce la experiencia de su fuerza de trabajo y, con ello, los conocimientos acumulados en ellas. Las más gravemente afectadas son las que tienen una alta densidad de mano de obra, como las de trans­porte. Las empresas de África ya han sentido los efec­tos del SIDA. Un ingeniero azucarero de Kenya cuantifi­có el costo de la infección con el VIH en 8.000 días de trabajo perdidos en dos años, una baja del 50% del azúcar elaborada a partir de caña de azúcar en cuatro años y un aumento de 10 veces en los gastos de salud. Según esa empresa, más de las tres cuartas partes de todas las enfermedades correspondían a la infección con el VIH.

3.2.4.6. Agricultura: El SIDA amenaza también la subsistencia de la población de los países en desarrollo, especialmente los pobres. En muchos países hasta el 80% de la población vive de la agricultura y, a medida que se enferman los adultos de las zonas rurales, la productividad baja enormemente. Los patrones de cultivo pasan, del culti­vo comercial a la agricultura de subsistencia, con lo que se reducen los ingresos de los hogares y las fami­lias se ven obligadas a vender bienes tales como equipo y ganado para sobrevivir A veces tienen que sacar a sus hijos de la escuela para que ayuden con el trabajo o atiendan a los enfermos. En algunas regiones, la mujer predomina en el trabajo agrícola (hasta en un 80%) y ello requiere tener en cuenta el género al tomar medi­das contra el VIH/SIDA.

3.2.5. Efectos en cuanto a la seguridad: la fragilidad y complejidad de los sistemas geo­políticos magnífica el retroceso del crecimiento eco­nómico y de los avances de desarrollo que tiene lugar en algunos países afectados por el SIDA. La epidemia está presente en varios países que ya hacen frente a conflictos, escasez de alimentos y pobreza y plantea una verdadera amenaza a la estabilidad política y social en África, continente en que está más concentrada. El Consejo de Seguridad redefinió la seguridad como cuestión que iba mucho más allá de la presencia o au­sencia de conflicto armado y que afectaba a los servi­cios sociales y de salud, a la composición de la familia y la estructura social, a la economía y a la seguridad alimentaria. Actualmente se reconoce en general que el SIDA se ha convertido en una crisis mundial de desarrollo que puede afectar a la seguridad nacional de algunos países. El conflicto armado y los consiguientes despla­zamientos de población son propicios para la propaga­ción del SIDA y la propia epidemia puede ser conside­rada un factor de riesgo en la ruptura de la cohesión social y en la inestabilidad política y social, además de constituir una amenaza para las fuerzas de seguridad.

 

4. ENFOQUE Y ANÁLISIS DEL PROBLEMA

El SIDA es una auténtica crisis de desa­rrollo que pone en peligro el tejido social y económico y la estabilidad política de nacio­nes enteras. Sin embargo, también muestra que la epidemia no está fuera de control en todas partes; algunos países y comunidades han logrado estabilizar las tasas del VIH o invertirlas, y otros han mantenido tasas de prevalencia muy bajas, gracias a una serie de factores que todavía no se comprenden totalmente. Otras comunidades han hecho pro­gresos significativos en la asistencia y el apoyo a las personas infectadas o afectadas. Una visión más atenta de las respuestas individuales por países, y de los correspon­dientes logros y fracasos, nos ayuda a detectar algunos de los factores que contribuyen    a estos éxitos. Observando retrospectivamente los esfuerzos realizados contra la epidemia en el pasado, se ve que la reacción inicial de muchos países fue intentar convencer a las per­sonas y a grupos concretos de que cambiaran sus hábitos ofreciéndoles información sobre el VIH/SIDA. Gradualmente, sin embargo, se vio que el cambio de comporta­miento requería algo más que información; se hizo más evidente la importancia de la adopción de decisiones.

A mediados de los años ochenta, se reconoció que las personas no siempre controlan su propia situación de riesgo. Esto condujo a desarrollar programas de prevención dirigidos a permitir que grupos o comunidades particulares, como los profesionales del sexo y los varones que tienen relaciones sexuales con varones, adopten comportamientos más seguros. Al mismo tiempo, a medida que las personas infectadas por el VIH en una etapa anterior de esta epidemia enfermaban y morían, poniendo a prueba a la familia y a las estructuras de la comunidad, la necesidad de ofrecer asistencia sanitaria y reducir el impacto de la epidemia se hizo cada día más evidente. Simultáneamente se reconoció más ampliamente la importancia de trabajar en favor de la no discriminación, la salvaguardia y la promoción de los derechos humanos, y contra  la estigmatización que ha conllevado el VIH/SIDA, incluida la importancia de conseguir la participación de diferentes sectores de la sociedad.

A mediados de los años noventa, y paralelamente a un avance de la epidemia en muchos países, surgió una conciencia cada vez mayor de que el VIH/SIDA también es un problema de desarrollo. Teniendo en cuenta que la vulnerabilidad de las personas a la infección tiene raíces sociales y económicas, que a menudo incluyen la marginalización, la pobreza y una posición subordinada de la mujer, estas condiciones tienen que abordarse con el objetivo de conseguir que la sociedad sea menos vulnerable al VIH a largo plazo. Es importante tender a alcanzar en otros objetivos sociales como la educación, la asunción de más poder por parte de las mujeres y la salvaguardia de los derechos humanos para reducir la vulnerabilidad social general a la infección, sin olvidar el carácter esencial que tienen en sí mismos estos objetivos. Al mismo tiempo, los planificadores necesitan no perder de vista que los proyectos de desarrollo, como la construcción de una gran autopista o la creación de zonas de libre comercio, pueden exacerbar la epidemia al favorecer una urbanización rápida, separar a las familias y privar a las personas de sistemas de apoyo social y fami­liar. Es necesario prever estos efectos negativos y contrarrestarlos de forma activa.

Las características comunes de las respuestas nacionales eficaces demuestra que hay una serie de elemen­tos comunes que aplicados por las comunidades y los países han logrado estabilizar o invertir las tendencias de la epidemia. Esto no significa que exista una respuesta ampliada ideal o un proyecto universal, pero sí pueden identificarse algu­nos principios básicos comunes para dar una respuesta eficaz. Es importante que cada país encuentre vías de respuesta localmente pertinentes que probablemente incluirán casi todos, si no todos, los elementos que se resumen a continuación. Generalmente, las respuestas nacionales que han tenido éxito incluyen las siguientes características:

1. Voluntad y liderazgo políticos: La voluntad política expresa el compromiso nacional y ofrece un liderazgo general a la nación en respuesta al SIDA. Las respuestas eficaces se caracterizan por un compro­miso político de los dirigentes de la comunidad al nivel político más elevado del país. Este compromiso conduce al fomento de alto nivel de la sensibilización y contribuye a que participen todos los sectores y actores, junto con los recursos humanos y econó­micos necesarios. También es esencial para adoptar las decisiones políticas difíciles que a veces se necesitan para aplicar métodos de intervención que funcionen de verdad —como hacer más seguras las relaciones sexuales en el comercio sexual— y puede con­ducir a cambios de política útiles así como a una legislación favorable. En último término, el éxito de un programa viene determinado por la dedicación y los esfuer­zos de los agentes del cambio que controlan de cerca su grado de impacto. No obstante, es necesario que los líderes políticos los motiven, supervisen y apoyen continuamente. Para ser eficaces, es necesario dar visibilidad al VIH en los programas y que se deba­tan los factores que conducen a su propagación. Es necesario que los programas sensibilicen a la gente acerca de la existencia del VIH y de cómo se transmite, sin estigma­tizar los comportamientos que conducen a esa transmisión. También tienen que facilitar el debate sobre la vulnerabilidad individual o comunitaria, y cómo reducirla. Esto com­porta disipar el miedo y los prejuicios contra las personas que ya están viviendo con el VIH o el SIDA.

2. Apertura social y determinación de combatir la estigmatización: Los programas que tienen éxito imparten conocimientos, contrarrestan el estigma y la discriminación, crean consenso social sobre el comportamiento seguro y estimulan la prevención del SIDA y los sistemas de asistencia. Esto puede lograrse de forma eficaz en función del costo mediante campañas en los medios de comunicación y mediante la educación interpares / extrainstitucional y los programas de desarrollo de aptitudes para la vida en las escuelas y los lugares de trabajo. Para contrarrestar la negación es esencial que se garantice el asesoramiento y que estén disponibles las pruebas voluntarias del VIH de modo que una persona pueda conocer su estado serológico con respecto al VIH.

3. Una respuesta estratégica: Un punto de partida muy útil es un plan nacional único y enérgico contra el SIDA que incluya a una amplia variedad de actores: el gobierno, la sociedad civil, el sector privado y, si es necesario, los donantes. El desarrollo de una estrategia nacional empieza con un análisis de la situación nacional respecto al VIH/SIDA, de los comportamientos de riesgo y de los factores de la vulnerabilidad, y los datos resultantes se utilizarán para priorizar y centrar la acción inicial. Es esencial descubrir dónde están ya infectadas las personas en ese país, dónde son más vulnerables y por qué. El desarrollo de una estrategia efi­caz, pues, supone partir de métodos de prevención, atención y mitigación del impacto del VIH/SIDA basados en la experiencia —las “prácticas óptimas”—, reconociendo que algunas de esas prácticas pueden ser culturalmente delicadas (por ej.: la educación sexual en las escuelas) o exigen tomar decisiones políticas difíciles (por ej.: el intercam­bio de agujas para consumidores de drogas intravenosas). Al mismo tiempo, es necesario asegurar que los servicios y los productos pertinentes, como los preservativos o los servicios de atención de ETS, sean aceptables, económicos y accesibles. Dadas las limitaciones de recursos que sufren muchos países, el desarrollo de una estrategia tam­bién supondrá una cierta priorización. Las estrategias eficaces ofrecen tanto prevención como atención. A medida que la enfermedad se convierte en epidemia, aumenta también la necesidad de atención sanitaria y apoyo social. El aporte de los servicios de asistencia va más allá de los cuidados a los individuos enfermos. Estos servicios ayudan a convencer a los demás de que el peligro del VIH es real y, en consecuencia, hacen más creíbles los mensajes de prevención. De entrada, son necesarios los mensajes y los programas que fomentan la com­pasión y los conocimientos prácticos en los centros de salud, las comunidades y las familias, y también contribuye a reducir los costos una capacitación combinada en materia de prevención y atención. Un punto importante acerca de los elementos de los programas es que tienden a tra­bajar en concordancia. En la mayoría de los programas pueden encontrarse características individuales para una acción eficaz. La tragedia es que, en muchos países, la acción sigue siendo esporádica en lugar de ser amplia y sólo se ponen parches. Los proyec­tos pequeños y aislados pueden ofrecer servicios a una o dos comunidades mientras que dejan desatendidas a grandes zonas del campo. Muchos programas todavía tie­nen que ampliarse ya sea en cobertura geográfica o en contenido. Por ejemplo, la res­puesta nacional puede centrarse sólo en los profesionales del sexo o, en otros lugares, los esfuerzos pueden dedicarse al SIDA y a la educación sobre aptitudes para la vida entre los jóvenes, en las escuelas y fuera de las escuelas, pero siguen descuidándose los riesgos y la vulnerabilidad de los varones que tienen relaciones sexuales con varo­nes. Aunque las limitaciones de recursos humanos y otros puedan impedir que los esfuerzos aumenten, un plan estratégico sólido basado en datos epidemiológicos y en prácticas óptimas garantizará, al menos, una cobertura básica.

4.    Acción multisectorial y a múltiples niveles: Los programas que obtienen buenos resultados exigen una relación multisectorial y a múltiples niveles entre los departamentos gubernamentales y entre los gobiernos y la sociedad civil, con el SIDA como una cuestión incluida sistemáticamente en los planes tanto individuales como conjuntos. Sólo un esfuerzo combinado pondrá al SIDA “en la línea principal de acción” y lo situará firmemente en los planes de desarrollo.  Las relaciones multisectoriales y a múltiples niveles son útiles para todas las partes interesadas. Los sectores del gobierno y las empresas están afectados de diversas for­mas por una epidemia grave y, por lo tanto, tienen un gran interés en participar en la prevención, la atención y el apoyo relativos al SIDA a todos los niveles, pero especial­mente en garantizar programas sostenidos y en gran escala. Por ejemplo, los ministe­rios de trabajo pueden imponer programas de prevención en los lugares de trabajo en el sector privado. Los ministerios de defensa pueden utilizar sus presupuestos para implantar programas para los militares, y los ministerios de educación, programas para los maestros, los escolares y sus padres. Las empresas privadas pueden contribuir con dinero o en especies. Aunque los ministerios de salud sin duda tienen un papel esen­cial en la respuesta a la epidemia, dejarles a ellos toda la respuesta de la nación es poco probable que sea eficaz a largo plazo. Las ONG, que despiertan más confianza en las poblaciones vulnerables, están mejor situadas para apoyar los programas de prevención en colaboración con las propias comunidades. Los medios de comunica­ción pueden fomentar un comportamiento más seguro y la tolerancia a través de sus propios canales.

5.         Las respuestas basadas en la comunidad: Los miembros de la comunidad también son indispensables para movilizar el compro­miso y los recursos locales para una acción eficaz. En particular, las personas que viven con el VIH/SIDA pueden tener un papel preeminente y aportar su experiencia y pers­pectiva únicas a los programas, empezando por la fase de planificación. En todo el mundo se está produciendo una movilización de la comunidad contra el VIH/SIDA. Las actividades realizadas en proyectos de la comunidad son tan diversas como las personas y las culturas que configuran esas comunidades. Algunas son totalmente “caseras” y autosuficientes, mientras que otras se han beneficiado del asesora­miento y las subvenciones externas. Algunas están basadas en centros religiosos, otras en instituciones médicas y otras en lugares de reunión del barrio. Muchas se concen­tran en la educación pública, otras en prestar atención médica y otras en la prevención y otros objetivos.

6. Las reformas de política social para reducir la vulnerabilidad: La transmisión del VIH se asocia con comportamientos específicos de riesgo. Esos comportamientos están influidos por factores personales y sociales que determinan la vulnerabilidad de las personas a la infección. Para ser eficaces, los programas para la reducción del riesgo tienen que diseñarse e implantarse en concordancia con otros programas, que, a corto y largo plazo, aumentan la capacidad y la autonomía de las personas particularmente vulnerables a la infección por el VIH. En consecuencia, la cuestión es cómo dar respuestas concretas a los retos de las fuerzas sociales que determinan, más que nada, la vulnerabilidad al VIH/SIDA. Cuestiones como los desequilibrios entre los sexos y la incapacidad de las mujeres para negociar dónde, cómo y con quién tienen relaciones sexuales son cuestiones de política social. La pobreza crónica y aguda de los hogares urbanos que conduce a su colapso final y a la emigración de los niños a la calle no es una cuestión que pueda corregirse fácilmente en el ámbito exclusivo de la familia o la comunidad. Para corregir las fuerzas sociales que determinan la vulnerabilidad al VIH se requiere un compromiso para el desarrollo de políticas adecuados así como recursos. La reforma eficaz de la política social es un programa a largo plazo, pero incluso los pasos graduales y a escala reducida pueden constituir mensajes importantes sobre el compromiso político para reducir la vulnerabilidad de los individuos y las comunidades a la infección.

7. Las respuestas sostenidas y a más largo plazo: Ni siquiera una respuesta integral al VIH/SIDA ofrece resultados inmediatos. Sus efectos evaluables pueden tardar cuatro o cinco años en desarrollarse. En consecuencia debe adoptarse un enfoque a largo plazo, y esto representa construir una resistencia social al VIH. Empezando por la generación más joven, el refuerzo de actitudes y comportamientos más seguros fortalecerá gradualmente a una generación contra la propagación del SIDA, y con el tiempo esto tendrá un impacto significativo en la incidencia. Los programas eficaces se caracterizan por una acción orientada y una cobertura en constante expansión. También existen pruebas de que es esencial una vigilancia continua incluso cuando parece haberse afirmado un cambio de comportamiento.

8. Aprender de la experiencia: los últimos quince años dedicados a la prevención y atención del VIH han conducido al desarrollo de un rico conjunto de experiencias y conocimientos técnicos. Aunque es esencial que cada país tenga su “propia” respuesta, existen muchas pruebas de que algunas políticas, estrategias y tecnologías son particularmente eficaces: las que el ONUSIDA denomina “prácticas óptimas”. Utilizar las prácticas óptimas y adaptarlas a las circunstancias locales es útil tanto al principio como cuando la respuesta pasa a una fase más avanzada. También es importante aprender de un contexto nacional. Las administraciones de los distritos proporcionan el vínculo esencial entre las activida­des locales y nacionales. El nivel del distrito está bien situado en muchos países para analizar, documentar y divulgar lo que aprenden de las respuestas locales. Existen múltiples ejemplos de buenos “proyectos” contra el VIH: intervenciones que han identi­ficado la receta del éxito en un entorno concreto.

9. Los recursos adecuadas: La redistribución de las prioridades nacionales debe reflejarse en una redistribución de los presupuestos. Se han logrado éxitos en países en desarrollo en que los presupues­tos del gobierno para el SIDA han aumentado significativamente; por ejemplo en el Brasil, China, la India y Tailandia. Sin embargo, al mismo tiempo, es una falacia creer que porque los fondos dedicados al SIDA sean limitados, la acción contra la epidemia tam­bién tenga que serlo. Los programas eficaces identifican las oportunidades para involucrar a los asociados con objetivos y metas similares y capitalizar las sinergias entre el SIDA y otros programas. Si la acción necesaria para reducir el riesgo y la vulnerabilidad pasa a formar parte de la línea de acción principal de la vida nacional, los costos directos serán menores, los beneficios tendrán muchos efectos secundarios y es más probable que los programas sean sostenibles. Está plenamente justificada la reorientación hacia la lucha contra el SIDA de los recur­sos de proyectos existentes ya programados para fondos sociales, proyectos educati­vos o de salud, y de desarrollo rural e infraestructuras, puesto que el SIDA está soca­vando los propios objetivos de estas inversiones. Si bien no siempre es necesaria la asistencia económica internacional, esta ayuda inter­nacional es crucial en muchos países pobres con presupuestos públicos limitados.

5. ORGANIZACIONES GUBERNAMENTALES O NO QUE PARTICIPAN EN LA RESOLUCIÓN DEL PROBLEMA. MECANISMOS QUE PONEN EN MARCHA PARA ELLO.

 En septiembre de 2000, la Asamblea General aprobó la Declaración de las Naciones Unidas para el Milenio (resolución 5 5/2), en la que se instaba a adop­tar medidas concretas respecto del VIH/SIDA. Con­cretamente, la Declaración del Milenio compromete a los líderes mundiales a que pongan fin e inviertan la tendencia de la propagación del VIH/SIDA para el año 2015; a que presten ayuda especial a los niños que han quedado huérfanos a causa del VIH/SIDA, y a que ayuden a África a adquirir la capacidad necesaria para detener la propagación de la pandemia del VIH/SIDA y de otras enfermedades infecciosas. La Declaración fue aprobada tras una serie de reuniones de seguimiento de conferencias mundiales, entre ellas, la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, la Cuarta Conferencia Mun­dial sobre la Mujer y la Conferencia Internacional so­bre la Población y el Desarrollo.

Las Naciones Unidas, en reconocimiento de la gravedad de la epidemia, decidieron convocar con ca­rácter de urgencia un período extraordinario de sesio­nes para examinar el problema del VIH/SIDA y hacerle frente. En el período extraordinario de sesiones se tra­tará de llegar a un compromiso mundial para aumentar la coordinación e intensificar la labor en los planos na­cional, regional e internacional a fin de luchar contra la epidemia. En el presente informe se dará una breve vi­sión general de la epidemia y se pasará revista a sus aspectos críticos. Asimismo, se analizarán las lecciones aprendidas en la lucha contra el SIDA hasta ahora y se destacarán las cuestiones sobre las que habrá que ac­tuar de forma urgente en los años venideros.

Medidas adoptadas en los planos mundial, regional y nacional para hacer frente al SIDA

A.    Medidas adoptadas en el plano mundial

Hasta hace poco, las medidas adoptadas para ha­cer frente al SIDA carecían de un elemento esencial: el reconocimiento y el compromiso políticos al más alto nivel tanto mundial como nacional. Hoy en día, el SIDA es un tema que figura en el programa político de todo el mundo y se considera una cuestión de máxima urgencia en casi todos los países. Dado que sus causas radican en la sociedad, y habida cuenta de la amplitud de los efectos del VIH y de que sigue constituyendo un estigma para sus víctimas, no bastan las medidas de or­den puramente médico o de salud pública. Se necesita una iniciativa política al más alto nivel para movilizar una reacción multisectorial eficaz.

Programa conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA:  En 1996, con el fin de obtener de los principales organismos de las Naciones Unidas una acción coordi­nada y a la vez individual en sus respectivas esferas de actividad, las Naciones Unidas reunieron a seis orga­nismos —el Fondo de las Naciones Unidas para la In­fancia (UNICEF), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial, en un programa conjunto y copatrocinado, el Programa conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA). Un séptimo organismo, el Programa de las Naciones Uni­das para la Fiscalización Internacional de Drogas (PNUFID), ingresó al Programa en 1999. La necesidad urgente de emprender una acción concertada sobre el SIDA se hizo aún más evidente en abril de 2000 cuan­do el Comité Administrativo de Coordinación de las Naciones Unidas pidió a todos los organismos de las Naciones Unidas que se ocuparan de la cuestión del SIDA mediante la formulación de políticas y la asigna­ción de recursos a las actividades sobre el VIH/SIDA, y formuló medidas que tenían por objeto prestar más apoyo a los funcionarios de las Naciones Unidas y sus familiares a cargo que sufrían de VIII o de SIDA.

Los copatrocinadores del ONUSIDA han logrado progresos considerables en lo que respecta a integrar el VIH/SIDA en sus programas, y el SIDA es actualmente una prioridad institucional en las respectivas organiza­ciones. Colectivamente, los copatrocinadores del ONUSIDA y la secretaría del ONUSIDA han establecido un presupuesto y un plan de trabajo comunes y están abocados a la formulación de un plan estratégico a nivel de todo el sistema de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA. También se está ampliando la cooperación con las organizaciones y los organismos de las Naciones Unidas que no son copa­trocinadores del Programa, entre ellos la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Ali­mentación (FAO), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

            Organismos de desarrollo:

Los organismos internacionales de desarrollo han tomado importantes medidas orientadas a elaborar es­trategias amplias sobre el VIH/SIDA y a aumentar los recursos técnicos y financieros para la lucha contra la epidemia. La mayoría de los países donantes también han comenzado a integrar al SIDA en sus programas de cooperación para el desarrollo en el exterior, y han creado estrategias mundiales sobre el VIH/SIDA como parte integrante de sus programas globales de asisten­cia para el desarrollo.

            Fundaciones sin fines de lucro:

Las fundaciones sin fines de lucro están pasando a ocupar un lugar destacado en esta lucha. Por ejemplo, la Fundación Bill y Melinda Oates ha efectuado cuan­tiosas donaciones en apoyo de la prevención del SIDA entre los jóvenes y los trabajadores sanitarios en varios países de África. La Fundación pro Naciones Unidas financia actividades relacionadas con el SIDA en una iniciativa de África meridional y en Ucrania, y amplia­rá las medidas orientadas a prestar apoyo a esas activi­dades en India y Asia meridional y en América Central en 2001. La Fundación pro Naciones Unidas también ha financiado varios otros proyectos que integran la la­bor sobre el SIDA en proyectos más generales sobre educación, salud y desarrollo. La Fundación Rockefe­ller prestó apoyo en las etapas iniciales de la epidemia.

La sociedad civil

La sociedad civil ha encabezado la labor sobre algunos de los aspectos más delicados, como la pre­vención relacionada con el uso de drogas, la promoción de los derechos humanos y la protección de las perso­nas que sufren de VIH/SIDA. Las ONG han realizado importantes contribuciones al desarrollo de modelos apropiados de atención y apoyo comunitarios. Junto con varios grupos de acción sobre tratamientos, han iniciado programas de promoción y han incorporado el tema del acceso equitativo y asequible a la atención, el tratamiento y el apoyo, en los programas mundiales y nacionales. Las agrupaciones de la sociedad civil son también integrantes fundamentales de las asociaciones regionales e internacionales, como la Asociación Inter­nacional contra el VIH/SIDA en África.

El sector empresarial

El sector empresarial tiene una importante contri­bución que aportar, especialmente en las regiones del mundo más afectadas por el VIH/SIDA. Las organiza­ciones en que participan empresas y que representan a empresas, tales como el Consejo Mundial de Empresa­rios contra el VIH/SIDA están tomando la iniciativa en lo que respecta a promover la participación de las em­presas en asociaciones intersectoriales con los gobier­nos y las ONG. Empresas tales como MTV, Standard Chartered Bank, Coca-Cola y Unilever están asumien­do una función rectora en la esfera de las asociaciones. Además de investigar y producir nuevos medica­mentos contra el VIH, las empresas farmacéuticas multinacionales han iniciado programas de responsabi­lidad institucional en apoyo de las medidas adoptadas a nivel mundial para hacer frente al VIH/SIDA, lo que incluye la capacitación de profesionales sanitarios en los países en desarrollo, y el apoyo a las organizaciones comunitarias. Como parte de la labor más amplia de mejoramiento del acceso a la atención, el apoyo y el tratamiento del VIH en los países en desarrollo, en ma­yo de 2000 cinco empresas acordaron colaborar con la secretaria del ONUSIDA, la OMS, el UNICEF, el Ban­co Mundial y el FNUAP reduciendo los precios de sus medicamentos, Esto es indicativo de la creciente acep­tación por parte de la industria de la fijación de distin­tos niveles de precios para los productos y los trata­mientos (a saber, precios considerablemente reducidos para los países en desarrollo), en el marco de un exa­men más amplio de las opciones de mejoramiento del acceso a los productos y servicios relacionados con el VIH y la asequibilidad de los mismos. La fabricación y distribución de medicamentos genéricos de conformi­dad con los acuerdos internacionales y sus disposicio­nes ofrecen nuevas oportunidades de ampliar el acceso a la atención y el tratamiento. No obstante, queda mu­cho más por hacer. Se deben adoptar todas las medidas posibles en los planos mundial y nacional para mejorar el acceso a la atención médica. En el plano nacional, las medidas incluirán el apoyo a planes estratégicos de atención que aborden las necesidades de los sistemas de salud y sociales, así como cuestiones de equidad y el empleo de subsidios públicos para la adquisición de productos básicos y medicamentos. A nivel mundial, habrá que aplicar con mayor eficacia las políticas co­merciales a fin de aumentar el acceso a la atención. Se­rá necesario aumentar la disponibilidad de medica­mentos genéricos de bajo costo, de conformidad con la legislación de cada país y los acuerdos sobre comercio internacional, y con garantías sobre su calidad. Es ne­cesario aumentar la importancia de la obtención obli­gatoria de licencias y el fomento de la capacidad de producción nacional.

Organizaciones de investigación y académicas

Dado que aún no se vislumbra una cura para el VIII/SIDA, es de vital importancia seguir realizando investigaciones sobre tecnologías eficaces de preven­ción y atención —como vacunas, microbicidas y pode­rosas terapias nuevas. Las iniciativas internacionales como las relativas a la fabricación de vacunas, entre ellas la Iniciativa internacional en pro de una vacuna contra el SIDA y la iniciativa en pro de una vacuna pa­ra África, son cada vez más esenciales para la lucha contra la enfermedad. Las instituciones académicas de investigación tanto del sector publico como del sector privado, también tienen una importante función que cumplir. Además, es preciso crear nuevas tecnologías, así como sistemas innovadores de financiación y de suministro, a fin de que el acceso sea lo más rápido y amplio posible.

B.     Medidas adoptadas en los planos regional y nacional

Si bien las medidas adoptadas a nivel mundial pa­ra luchar contra el SIDA son esenciales, las medidas regionales y nacionales son vitales para detener la propagación de la epidemia, tanto debido a su propia eficacia, como debido a que las medidas regionales facilitan el apoyo de las iniciativas emprendidas a nivel nacional. La verdadera batalla contra el HIV y el SIDA se dará y ganará en el plano nacional.

PAPEL Y ACTUACIÓN ENFERMERAS:

Las enfermeras son un eslabón más en la cadena necesaria en el tratamiento y cuidado de los pacientes afectados de SIDA, pero como todo eslabón, es imprescindible si no queremos que la cadena se rompa y todo lo realizado sea ineficaz.

El Código para enfermeras del Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) manifiesta que... “la enfermera comparte con otros ciudadanos la responsabilidad de iniciar y apoyar acciones encaminadas a satisfacer las necesidades sociales y sanitarias del público"; sigue diciendo que "la responsabilidad fundamental de la enfermera consta de cuatro aspectos: promover la salud, prevenir la enfermedad, restituir la salud y aliviar el sufrimiento."

Efectivamente,  las enfermeras, por la función específica de su profesión, es el personal idóneo para ayudar a individuos, familia y grupos en materia de autocuidado, para promover la salud y el bienestar en todo paciente con una afección tanto aguda como crónica, administrar los recursos existentes,  desarrollar programas de educación para la salud e inducir cambios en los hábitos nocivos para la salud e inducir hábitos saludables y por supuesto realizar la labor asistencial del cuidado continuo que requieren estos pacientes ante las agudizaciones de su cuadro.

Por su especial dedicación, de forma continua ante el paciente, a diferencia de otro tipo de personal asistencial, es la indicada para la valoración y evaluación continuada del mismo, tanto de aspectos físicos, psíquicos como sociales o espirituales, y ayudarle bien con sus conocimientos y buen hacer o bien en colaboración con todo tipo de personal especializado (psicólogos, médicos, rehabilitadores, etc.)

Sólo gracias al abordaje interdisciplinar es posible mantener cierto grado de calidad en la vida de las personas afectas de SIDA, sobre todo mediante una atención integral, individualizada, amplia, bien informada y sensibilizada.

 

CONCLUSIONES:

Tras 20 años de lucha contra la epidemia del SIDA entendemos que los mejores elementos para una acción efectiva son:

Ø          Los métodos de prevención, los tratamientos para salvar vidas y los resultados de los descubrimientos científicos en materia de prevención y cuidado deben estar a disposición del mayor número posible de personas sobre una base equitativa y económicamente asequible para todos.

ØLa acción de los gobiernos debe centrarse en las siguientes siete cuestiones fundamentales:

·      El alivio de los efectos sociales y económicos de la epidemia.

·      La reducción de la vulnerabilidad de grupos sociales particulares a la infección con el VIH.

·      La realización de metas acordadas para la prevención de la infección con el VIH.

·      La prestación de cuidados y apoyo garantizados a las personas infectadas con el VIH/SIDA o afectadas por él.

·      El desarrollo de bienes públicos internacionales pertinentes y efectivos.

·      La movilización de los recursos financieros necesarios.

ØPor lo tanto, para combatir la epidemia se necesitan medidas eficaces para ayudar a reducir el riesgo y la vulnerabilidad social y económica. Las estrategias de intervención social, económica y política que promueven sistemáticamente la inclusión social y una mayor participación al incrementar el acceso a la información y los servicios esenciales, y las normas jurídicas y sociales de apoyo, pueden ayudar a reducir la vulnerabilidad y superar los efectos de la epidemia.

  

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