EL CUENTACUENTOS: LA BALANZA

 

        Acercándose el final del verano de 1969, comienza a aparecer por los patios del Colegio Salesianos, un niño de pelo castaño que mira con curiosidad su nuevo colegio, se acaba de matricular en cuarto de primaria. Viene de un colegio pequeño y aquí todo se centuplica, un recreo inmenso donde juegan 20 partidos de fútbol 80 o 90 chavales todos a la vez, fantástico para desarrollar los reflejos, pendientes cada uno de ellos de su balón, identificando perfectamente entre la multitud a sus 10 compañeros de equipo y sorteando sin mirar los obstáculos que van apareciendo, uno que juega a las canicas, dos equipos que por la banda izquierda juegan al Mangüiti, la pelota de otro partido que volaba hacia la cara, parece mentira que no terminen todos en el suelo lesionados. Para gozar de mayor tranquilidad algunos usan los jardines interiores y los mas píos el entorno de la iglesia con sus aulas y patios. Esta mañana le han dado un chándal azul con unas lineas blancas y ha comprado un buen montón de libros, la talla del chándal es especial, siempre ha tendido al ancho, pero es alto, fuerte y no tiene complejos.

     Comenzaron las clases, por el inmenso patio que se divisa con la puerta entreabierta, se pasea un sacerdote fumando un cigarro que apaga con el tacón del zapato en el suelo, saluda a todos con aspecto bonachón, está pasado de kilos y va vestido con un traje de chaqueta cuyo alzacuellos y botones se encuentran a punto de estallar, le acompaña otro algo más mayor, con cara de pocos amigos, que parece el rey de los curas por la corona negra que lleva en la cabeza. Su profesor, “avanzado en ideas”, los introduce en un proyecto audiovisual denominado televisión escolar, por la mañana cubren los objetivos del programa, por la tarde ven diariamente una película del oeste, donde el prototipo de masculinidad de la época fuma Marlboro, mata con revolver y escupe en el suelo.

         Bachillerato ya es otra cosa, como adultos que empiezan a ser, los alumnos son colocados marcialmente en fila y cantan al unísono algo que suena a rayos (con la edad las voces empiezan a cambiar su tonalidad), tras este rito diario, suben a las clases donde les recibe su jefe de estudios, ese mismo que los aromatizaba con su pipa, apretaba en ingles y ante el cual surgían toda serie de comentarios “no se para que tanto inglés y tanto London, si yo no voy a salir más allá de Chiclana”, aún hoy alguno de aquellos alumnos intentan con más o menos fruto dominar el idioma de Shakespeare, convertido en el esperanto del siglo XXI. Tienen un profesor para cada asignatura, D. Isaac y D. Mariano dan gimnasia, el primero fuma cigarrillos en clase, se ahoga cuando anda rápido y se quita la correa con facilidad, el segundo parece otra cosa, pero ambos rezuman un poco de la mala leche propia, de dar unidas gimnasia y Formación del Espíritu Nacional (posteriormente en alguna Güija intentamos invocar a ese Espíritu Nacional, pero nunca apareció). 

        Con el bello corporal, aparecieron también en sus manos los primeros cigarrillos, esos que todos los adultos fumaban y sin razón aparente todos intentaban que tú no fumaras, necesarios ambos para demostrar al mundo que eras adulto: vaqueros ajustados, piernas ligeramente arqueadas, camisa a cuadros, cigarrillo en la boca y ojo del lado correspondiente cerrado por el humo, entre toses y niebla en el cuarto de baño, hicimos la mayoría este “rito de paso obligado” del joven español de la época, nuestro protagonista lo hizo con un Goya (marca creo que desaparecida) que le dio un compañero fugaz con apellido de campeón de motociclismo (Nieto). Con la pose a lo John Whyne se agudizó también la crueldad hacia los que según algunos se salían del prototipo (eran gorditos, no fumaban, no hablaban públicamente de chicas), así los motes fueron siendo más humillantes, las bromas más escarnecedoras, los juegos más discriminatorios, todo tiene su parte negativa, nunca se puede decir del todo como decía Jorge Manrique “cualquiera tiempo pasado fue mejor”.

          Durante esos años vive como en una película la guerra del Vietnam, la prohibición del uso del DDT por provocar cáncer (tras lo que no se le retira el novel recibido unos años antes a su inventor), la universalización de la coca cola, la comida basura, los comienzos de la globalización de la economía, la opresión al pueblo palestino, el efecto invernadero, la amenaza atómica y la publicidad enormemente agresiva que te lleva a cambiar el Record por el Fortuna.     

          A los treinta y cinco años, cuando lleva veintiuno fumando,  aparecen multitud de estudios que ratifican las sospechas de que el tabaco es una bomba de relojería, ¡puedes morir de cáncer amigo!, comienza a fumar lights como antesala para dejar el tabaco. El estado español sigue potenciando su consumo. En USA comienzan las primeras denuncias a las tabaqueras y se descubren sustancias nocivas para la salud añadidas al tabaco para crear adicción, el 80 % cancerígenas,  el tabaco lights es el que más de estas sustancias presenta. El gobierno español sigue manteniendo el monopolio.

          A los treinta y ocho años, pasa del lights al ultralomismo. Durante el primer tercio del año nace su hijo e inmediatamente se une al movimiento antiglobalización, intentando como muchos otros ofrecer al recién nacido un mundo mejor. Por fin puede evaluarse objetivamente las consecuencias del desastre de la central nuclear de Chernobil. Comienza en USA una campaña bestial contra los fumadores secundada por el resto de los países occidentales, en Inglaterra aparecen algunos médicos que se niegan a tratar a pacientes fumadores. Ese mismo año USA se niega a ratificar el protocolo de Osaka sobre emisión de gases contaminantes a la atmósfera, se descubren sustancias estrogénicas permitidas aún por los gobiernos (que producen esterilidad en hombres y cáncer en mujeres), en latas de conservas vegetales, conservantes, colorantes, carnes, pescados, agua de algunos ríos y la mayoría de los plásticos, incluidos los que forman parte de la composición de los biberones de su hijo. Aparecen las primeras intoxicaciones por dioxinas y los primeros casos en humanos de la enfermedad de las vacas locas.

          A los cuarenta y dos años, tras el detestable suceso las torres gemelas, tiene la oportunidad de vivir la satanización definitiva por parte de los gobiernos USA y de los países industrializados (los que tienen la manteca), de fenómenos más o menos provocados por sus propias obsesiones: el tabaco, la droga, Afganistán, Irak por segunda vez, Palestina, la obesidad. No se satanizan la emisión de gases contaminantes, la venta de armas, la pena de muerte, los transgénicos, la pobreza, el paro, el hambre, etcétera. A los cuarenta y tres se le diagnostica un cáncer de pulmón con metástasis en varios órganos y unos días despues se lanza a los medios de comunicación que algún tipo de pan y las patatas fritas por muy hechas en casa que estén, pueden tener sustancias cancerígenas.

 Cuando aún no sabía que iba a morir pronto, me dijo estas palabras: Todos desde que nacemos, tenemos ratos malos y buenos, los malos casi siempre los he pasado viendo la ficción en la que nos hacen vivir los poderosos y la falta de cariño que nos tenemos unos a los otros, para los buenos he disfrutado de mi familia, de mis amigos, de mis ideas, de mis luchas, de mi trabajo y de mis aficiones, lo importante es que en la Romana de lo vivido que calibra solo el tiempo, la aguja del pasado marque por lo menos el centro.  

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