EL CUENTACUENTOS: LO QUE DE VERDAD IMPORTA

 

 

Erase una vez...........  Joaquín, un muchacho de 16 años que esa tarde de Semana Santa había quedado con unos amigos, como le encargaron ya había pasado por el supermercado y llevaba varias bolsas. Para hacer tiempo hasta la hora del encuentro, entró en un bar y pidió un cubata. Aquel local no era distinto a los demás, tras el mostrador, al lado de un letrero que expresaba la prohibición de despachar bebidas alcohólicas a menores, se encontraba una leyenda enmarcada y adornada debajo con un bate de beisbol que decía "Reservado el derecho de admisión", a la derecha había una de esas hojas donde se anotan los números de la lotería clandestina.

    En una máquina tragaperras cercana a la puerta jugaba compulsivamente un señor con barbas, el camarero hizo en voz baja a otro cliente un comentario sobre el jugador, "todos los días gasta tres veces lo que da la máquina en premios, pero mientras se los gaste aquí....."

    En la televisión se podía ver el telediario con los sucesos del día: solicitud de ayuda internacional para el terremoto de Afganistan, la empresa Propix para aumentar la producción de sus dializadores se salta varios controles de calidad afectando gravemente a 259 pacientes, vuelta a la guerra en oriente medio, una mujer muere tras someterse a cirugía estética en una clínica no autorizada, nueva hambruna en Etiopía, lapidación de una mujer por adultera en Nigeria, solución para los diabéticos: por poco más de 36.000 euros en EEUU ya pueden realizarse un transplante de páncreas.

    De momento Joaquín giró la cabeza sorprendido, tres hombres que se encontraban en el mostrador hacía rato, se pusieron a llorar desconsolados, uno de ellos le dijo a los otros "todo el año trabajando para que al final por la lluvia no lo podamos sacar, dios no debía haber consentido esto, ya verás como a pesar del agua, cuando se enteren que nosotros no salimos, los envidiosos de la cofradía de la sentencia sacan su trono".                  

    Recuperado de la sorpresa, que no era para tanto, vio como un muchacho negro entraba en el local y se dirigía hacia el aseo encontrándolo cerrado, solicito la llave al camarero, que le contestó que si no consumía algo no podía usarlo, cuando el muchacho se marchaba, uno de los que lloraban hacía un rato comentó, "has hecho bien, que luego esta gente lo deja todo como una pocilga".

    Joaquín, apuró su cubata y salió del bar a encontrarse con sus amigos, en sus bolsas todo lo necesario para la movida, el y sus amigos tenían claro lo que de verdad importa.

 

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