AZNAR Y EL PP EN CONTRA DEL BOTELLON Y A FAVOR DEL BUSHITO

  

(22/1/03) “El gobierno español apoya la política de George Bus contra Irak y autoriza el uso de su espacio aéreo y bases militares de utilización conjunta para la guerra contra este país”.

  

           Recuerdo que durante mi infancia, la mayoría de nuestro tiempo libre se empleaba en juegos infantiles que invariablemente tenían por escenario la calle. Cierto es que a diferencia de los tiempos que corren, había menos coches, menos televisión, menos megadrai, en resumen más imaginación, y como si existe algo auténticamente libre en toda la extensión de la palabra es la fantasía, unos imaginaban ser el sheriff de las películas del oeste, otros Nick Furia o el capitán América y los más localistas el guerrero del antifaz o el Cid Campeador. En estos juegos siempre me aterrorizaron (fui un niño muy asustadizo para estas cosas), los que imaginaban personajes que ocupaban sus dos manos una con una bandera o una cruz y otra con un arma, eran los que más en serio se lo tomaban, los más fuertes físicamente y los que solían perder el norte con facilidad golpeando al otro con fuerza impropia de un divertimento, al grito de “muerte a los indios” o del eslogan de la época “por Dios, España y la humanidad” (evidentemente la humanidad de su color, su país, su religión, su nivel económico, su....). El objetivo del agresor solía cumplirse, los más se colocaban a su lado esgrimiendo los mismos símbolos y armas, otros huíamos despavoridos ante su agresividad y poder, algunos sin enfrentarse al poderoso recibían dos o tres golpes, y los que oponían alguna resistencia eran literalmente aplastados volviendo a su casa heridos en piel y orgullo.

 

            Hoy básicamente no han cambiado mis miedos, me siguen aterrorizando los que ya adultos, es decir sin la fantasía del juego infantil y probablemente castrados en su desarrollo intelectual (por ello no usan el único arma válida para cualquier ser que se apellide humano, la palabra), esgrimen la bandera del nacionalismo junto a la pistola del terrorista, la bandera neonazi junto al bate de béisbol, la estrella de David junto a tanques y fusiles, la bandera con la media luna junto al gas nervioso, la cruz junto al fajo de billetes, la estrella de sheriff del mundo mundial paladín de la libertad junto a los misiles.

 

            Aznar y su gobierno, hasta el cuello de chapapote, hacen ondear la bandera del centrismo portando las armas de la derecha, dueños del 80% de la información, no pueden esconder su narcisismo superando en telediaria campaña a sus predecesores portadores de rosas, se muestran insensibles a problemáticas sociales como la inmigración y la vivienda, pero sensibles al aburrimiento de la señora Botella y a las ideas de San Escribá (cruz y billetes). Abiertos los frentes con la Universidad por la LOU, la juventud por el botellón, profesores y alumnos por la ley de calidad, pescadores y agricultores por las subvenciones y el amarre de la flota, y con los gallegos por el Prestidge, abre uno nuevo apoyando al Bushito venenoso en su guerra por el control del petróleo contra Irak (teoría bastante consistente a la que yo añado que también la tienen liada en Venezuela, ya que el encarecimiento del crudo es la mejor forma de sanear su economía herida desde el 11S). En esta línea pronto veremos surcar a nuestro alrededor camino de la tierra de Aladino, aviones y barcos rellenos de “pepinos y tomates de Rota” para aniquilar a un pueblo que lo que quiere, como nosotros hace poco tiempo, es librarse de su dictador.

 

            Estos personajes nos van a meter en otra guerra. La introducción al execrable acto es cada vez más previsible, el poderoso ondea la bandera en una mano enseñando ostentosamente sus armas en un “te ponga como te ponga te la voy a dá mortá” oculto tras un velo de justicia divina, los que tienen parecidos intereses se colocan a su lado, los pelotillas dicen que “tal vez” pero es que sí, los más avispaos se apartan por si salpica la sangre oponiendo algo de resistencia, el árbitro saca muchas tarjetas amarillas a las que nadie hace ya caso, mientras el enemigo chulea ondeando sus símbolos y colocando a  los inocentes como escudo.

Lástima que lo de la lámpara maravillosa solo fuera un cuento

 

Julio de la Torre Fernández Trujillo

 

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