EL BUSH-ITO VENENOSO

 

         (septiembre 2002)El presidente de los Estados Unidos de América George Bush, se reúne con los líderes de los países aliados, para buscar apoyos relativamente necesarios en su intención de declarar por segunda vez la guerra a Irak”.

         Gobernadores, militares, jueces, curas, periodistas, agentes de bolsa, ricos, pobres, negros, blancos, amarillos, gentes de todas las naciones, rendidos a sus plantas (espero que no le huelan los pies) como si de una imagen de la Virgen María un 24 de mayo se tratara, esperan “la justicia” del padre de las modernas cruzadas, el sheriff del mundo mundial, el padrino de la familia de los poderosos, la suprema decisión de dar muerte a su engendro como el Frankenstein de la novela de Mary W. Shelley.

         Ningún fin justifica los medios para conseguirlo, ningún acto terrorista puede argumentarse, ninguna muerte ejecutada por otro tiene sentido. Dicho esto, me preocupa enormemente que se hagan análisis parciales e interesados de hechos que están marcando a la humanidad inexorablemente en el inicio de este nuevo siglo.

 Cuando nuestra mayor preocupación debía ser que ningún ser humano muriera de hambre, erradicar las modernas formas de esclavitud, el racismo y la incultura, los poderosos pandilleros se dedican a arrojar ácido a la multitud esperando quemar la cara del que les saca la lengua. Las televisiones de todo el mundo nos han mostrado los cadáveres manchados de sangre de palestinos, afganos e irakíes inocentes, para horror momentáneo del primer mundo que olvida rápidamente después del telediario, sin embargo no podemos ver los momentos previos a esos ataques, en los que una madre preocupada por el futuro de su hijo le recrimina alguna travesura, esos momentos tan parecidos a los de cualquier familia en cualquier lugar del mundo, que las imágenes difícilmente podrán transmitirnos y que marcan el límite entre la cercanía o lejanía de la tragedia posterior.

        El ser humano, desgraciadamente algunas veces y afortunadamente otras, tiene la tendencia natural a olvidar los hechos desagradables de su historia: 

            -     Los países desarrollados olvidan que se desarrollaron gracias a las que fueron          sus colonias que hoy son países subdesarrollados.

 -         Los israelíes amparados por el mundo occidental, olvidan el holocausto nazi cuando tienen un palestino cerca, que en innumerables ocasiones han sido ellos los invasores y que históricamente son los que más cláusulas de la Organización de Naciones Unidas han desoído.

 -         Norteamérica y sus aliados olvidan que tras el asalto a su embajada en Irán, ayudaron a Irak incondicionalmente proporcionándoles armas, dinero y asesoramiento militar.

 -         Norteamérica y sus aliados olvidan que ayudaron incondicionalmente a los señores de la guerra afganos en su guerra contra los soviéticos, haciendo llegar además con ese propósito a  Bin Laden más de 1500 millones de dólares en armas y dinero.

         No niego que los culpables de los actos terroristas deban ser castigados, repito “los culpables” y juzgados por los tribunales, simultáneamente podríamos barrer la casa por dentro dejando de alentar a hermano contra hermano para venderles armas a ambos, buscando un enemigo para la guerra como en las parodias del desaparecido Gila, amparándonos siempre bajo los musculosos bíceps de un primo de zumosol que nos proteja del malo o creando engendros que como en el caso de Frankenstein puedan terminar destruyéndonos.

 

Julio de la Torre Fernández-Trujillo

 

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