25 AÑOS DESPUES

 

 El día 22 de junio del 2002, se celebró el 25 aniversario del fin de mis estudios en el Colegio Salesianos de Cádiz, con motivo del mismo, envié dos artículos a mis compañeros de promoción: "Aun más lejos" y "El sueño de una noche de verano del 77".

 

         En el esfuerzo de recordar, e intentando participar nuevamente con todos vosotros en  este preámbulo de lo que será un día de encuentros y nostalgia, me he propuesto hoy ir aún más lejos contando una pequeña historia.

          Acercándose el final del verano de 1968, comienza a aparecer por los patios del Colegio Salesianos de Cádiz, un niño de pelo castaño que mira con curiosidad su nuevo colegio, se acaba de matricular en tercero de primaria, su profesor será D. Luis. Viene de un colegio pequeño y aquí todo se centuplica, un recreo inmenso donde juegan 20 partidos de fútbol 80 o 90 chavales todos a la vez, fantástico para desarrollar los reflejos, pendientes cada uno de ellos de su balón, identificando perfectamente entre la multitud a sus 10 compañeros de equipo y sorteando sin mirar los obstáculos que van apareciendo, uno que juega a las canicas, dos equipos que por la banda izquierda juegan al Mangüiti, la pelota de otro partido que volaba hacia la cara, parece mentira que no terminen todos en el suelo lesionados. Para gozar de mayor tranquilidad algunos usan los espacios de formación profesional y los mas píos la iglesia con sus aulas y patios interiores. Esta mañana le han dado un chándal azul con unas lineas blancas y ha comprado un buen montón de libros. Comenzaron las clases, por el inmenso patio que se divisa por la puerta entreabierta, se pasea un sacerdote que saluda a todos con aspecto bonachón, se llama Manuel Caballero, le acompaña otro que parece el rey de los curas por la corona negra que lleva en la cabeza.

           Al iniciarse el curso 1969/70, ya algo más asentado, lo mandan a la clase de D. Francisco, ya conoce mejor a sus compañeros y todos los rincones del colegio. Su profesor incluye a la clase en un proyecto audiovisual de enseñanza denominado “televisión escolar”, pronto comienzan todos a coger gusto a la experiencia, por la mañana se cubren los objetivos que el programa marca o se realiza alguna excursión a monumentos y museos, por la tarde algunos problemas de matemáticas y la serie de Tarzán, abierta a la asistencia de alumnos de otras clases previo pago de una peseta. Llegando el final de curso se asiste diariamente a un ritual, todos los alumnos se colocan pegados a la pared y el profesor les hace preguntas, el que contesta bien se queda en su lugar, el que lo hace mal pasa al lugar mas alejado de la élite, al final de la clase todos cantan a coro al colista “alí el kasan el farol”. Tras un follón de los que hacen época durante una de las mañanas de excursión, el profesor pide un trozo de goma dura de unos 20 centímetros, los hermanos Bermúdez traen uno precioso después de comer las coliflores algo nauseabundas que nos servían a los mediopensionistas, exactamente a los 15 minutos los hermanos catan la goma en sus posaderas notándose por sus alaridos que es de buena calidad.

           Bachillerato ya es otra cosa, como adultos que empiezan a ser, los alumnos son colocados marcialmente en fila y cantan al unísono algo que suena a rayos (con la edad las voces empiezan a cambiar su tonalidad), suben a las clases del ala de fondo sur que se inauguraron el año anterior y les recibe D. Bernardo que será su jefe de estudios. Tienen un profesor para cada asignatura, D. Isaac y D. Mariano dan gimnasia, el primero se ahoga cuando anda rápido y se quita la correa con facilidad, el segundo parece otra cosa, pero ambos rezuman un poco de la mala leche propia, de dar unidas gimnasia y Formación del Espíritu Nacional (posteriormente en alguna Guija intentamos invocar a ese Espíritu Nacional, pero nunca apareció) . Igual que a la mujer española se le tiraba la capa para que pisara al pasar, a la profesora de ingles de aquel año se le tiraban los bolígrafos, intentando (¡oh! ilusos jóvenes calenturientos) ver algo al recogerlos hábilmente justo cuando se la veía pasar. Un personaje curioso ocupaba gran parte de la tarde, el primer día que lo vieron se escucho un murmullo, traje gris marengo con más manchas que un papelón de churros, punta de corbata carrascalera, que escapaba hábilmente por el hueco que dejaba la cremallera mal ajustada del pantalón, tirantes marca ACME, labio superior que dejaba caer de un golpe sobre un lado del inferior cuando reflexionaba, citroen dos caballos a la puerta con escupidera para urgencias, se pueden decir cosas buenas y malas de D. Federico, pero nadie negará que era todo un personaje. Otro peculiar profesor era Mr. Magoo (no recuerdo el nombre), rompetechos era olímpico en el tiro con arco al lado de nuestro docente.

           Ya consolidados como bachilleres, llegó D. Alfonso a aromatizar las mañanas con su pipa y extraer sonrisas con sus chistes repetidos una y otra vez (si no me vengo me matan), Dña. Margarita para sacarlos una y otra vez al pasillo (imagino que empeñada en que en la clase hacia mucho calor), menos mal que cuando los veía de esta guisa (pasando frío), D. Bernardo los invitaba amablemente a su despacho (muzachhhhho al despachhhhhho). D. José (amo del calabozo) enarbolaba continuamente sus llaves, que frecuentemente acababan clavándose en el dorso de la oreja de algún despistado. Pablo Alonso tomó desde muy pronto las riendas de la educación física: baloncesto, balonmano, atletismo, futbito, pasaron a ser para muchos el “ley motiv”, en concreto junto al “ya muchacho” con el que comenzamos nuestra historia y algunos otros, fundó por aquel entonces el Club Natación Cádiz, que aún existe hoy. A destacar que durante una enfermedad de Pablo, lo sustituyo un tío cachas de unos 25 años (a la sazón Toni Reguera) que ensalzaba el cuerpo como lo hacen los actuales anuncios de Danone, y que le dio un día de lluvia por decir que Tomás se estaba riendo de él, todos aseguraban que era su expresión habitual, pero aún así lo puso a dar vueltas al patio en calzoncillos, ¡con la que estaba cayendo!. También destacar que algunos jamás saltaron sin caerse estruendosamente, esos aparatos de tortura inquisitorial denominados como inocentes animales de granja: caballo, plinto y potro.

           Cambió el director y llegaron D. Ladislao y D. Ernesto que los acompañarían hasta COU. Los latines comenzaron a martillar las jóvenes cabezas, nunca pensamos que el apellido de nuestro compañero Rosa, se pudiera decir de tantas formas difíciles, menos mal que nacimos dos milenios más tarde. Se comenta el cosqui del nervioso profesor a Quintero, pero no fue menor el que recibió Patrón y que este devolvió con propina. Con D. Bernardo se apretó el Ingles y aparecieron los inocentes comentarios “no se para que tanto inglés y tanto Londonderry, si yo no voy a salir más allá de Chiclana”, aún hoy alguno de aquellos alumnos intentan con más o menos fruto dominar el idioma de Shakespeare, convertido en el esperanto del siglo XXI.

           En cuarto de bachiller unieron a todos los alumnos más traviesos o con peores notas en 4º C, aquello fue un experimento fantástico, imaginemos 40 mentes perversas potenciándose unas a otras en las mayores diabluras, en esos días aparecieron: los amantes de Teruel, Perfumo and Broders, algún pato en la papelera, algún cangrejo moro en el cajón de los folios, carreras populares de motos usando las mesas individuales y un largo etcétera de sucesos de los que era testigo inmediato D. Bernardo, al que en alguna ocasión (cosa francamente difícil) se le escapó alguna sonrisa ante el despliegue de tanta energía e imaginación.

           Con el bello corporal, aparecieron también los cigarrillos (ahora denostados), necesarios ambos para demostrar al mundo la hombría: vaqueros ajustados, piernas ligeramente arqueadas, camisa a cuadros, cigarrillo en la boca y ojo del lado correspondiente cerrado por el humo, entre toses y niebla en el cuarto de baño, hicimos la mayoría este “rito de paso” del joven español de la época, nuestro protagonista lo hizo con un Goya (marca creo que desaparecida) que le dio un compañero fugaz apellidado Nieto. Con la pose a lo John Whyne se agudizó también la crueldad hacia los que según algunos se salían del prototipo, así los motes fueron siendo más humillantes, las bromas más escarnecedoras, los juegos más discriminatorios, todo tiene su parte negativa, nunca se puede decir del todo como decía Jorge Manrique “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Quinto y sexto fueron buenos cursos, apareció un zorro justiciero, apareció una carrucha entre ciencias A y B para pasar los exámenes, el liberal profesor de filosofía abrió la mente de muchos, el distraído Pablo Antón intentaba meter en alguna cabeza las peculiaridades de los capiteles, Galiana nos hacia envidiar la estética militar con sus botas y casacas.

  Todos tuvimos ratos malos y buenos, lo importante es que en la Romana de lo vivido que calibra solo el tiempo, la aguja del pasado marque al menos el centro.  

 

 

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO, DEL 77

 

     Es muy probable que nuestros recuerdos con el tiempo, se mezclen de forma inseparable con la imaginación, con los sueños, con sucesos no tan antiguos, formando una amalgama que necesita de la ayuda de otros, que vivieron las mismas circunstancias, para si realmente interesa, cernir el recuerdo separando la grava de la arena, la paja del trigo.

          Ya los preparativos del viaje fueron alucinantes, aquel año para la verbena hasta preparamos un cuarteto, en el que Quintero hacía de Don Quijote y yo de Sancho Panza..... ¡Ay director, director / donde están mis subvenciones / esto es un entarimao / de ladrillos y cartones (creo que nos referíamos al pabellón, que como alumnos, no llegamos a verlo construido). También se escribió a toda España para que nos mandaran regalos que poner en la tómbola, creo que se contactó para ver si se podía traer a Triana (o por lo menos se habló de ello) y vino el humorista Josele que por aquel entonces estaba empezando. Sobre todo lo demás lo mejor que recuerdo es que lo pasamos de miedo.

          Entre otras cosas, se sorteó una moto por navidad, rifamos balones y camisetas en el Carranza durante un partido de futbol, vendimos helados desde la ventana de la biblioteca, por donde, de cuando en cuando, pasaba en bicicleta sorteando mesas y libros un compañero (puede que fuera Rastrojo), que sobre una rueda, morenillo y con el pelo ensortijado, parecía más un campeón de triál sin casco, que un alumno de COU. El no fue al viaje y la pajarito tampoco, por cierto andeandará.

  Con un poco de aquí y otro poco de allá, por fin conseguimos el dinero para ir a Mallorca, eso si después de poner algo extra tras nuestro particular GESCARTERA.

      Como acompañante adulto (tenía mucha barba) y responsable del grupo (creo que el grupo le salvo de algún jaleo), venía el superenrollao de Ramón (profesor de matemáticas comunes). Como representante del clero, por eso imagino de controlar el descarriamiento carnal, venía un cura al que no recuerdo muy bien, pero que no era mal hombre.

          Vinieron a despedirnos familiares y amigos, en nuestro caso, los últimos nos regalaron unas cajas donde había roscos, pimientos y algunas gomitas de dudosa procedencia. Allí, esperando el autobús, me enteré por mi madre que era primo lejano de Mariló, por lo que nada más subir al autobús le tiré los tejos, llevándome el primer corte en seco del viaje.

          Ya en Mallorca, de las primeras cosas que recuerdo después de instalarnos en el hotel media estrella de Canpastilla, era la terraza cafetería situada a su izquierda a pie de playa, donde un gran cartel anunciaba la actuación diaria del famoso Oswaldo Verdejo and his piano.  El primer paseo de reconocimiento terminó con varios de nosotros montados en esas bicicletas parejas con toldo en el centro, que nunca más he vuelto a ver en esa disposición, Ramón (el profe) y Fernando (Mr. Locuras), abriendo camino a dos o tres artefactos mas de esos, el volante en manos de Fernando se esperaba peligroso, pero a no más de 50 metros del lugar de alquiler, le hundió la puerta a un SEAT 1430 aparcado en una esquina, Ramón bajo rápidamente y cuando todos esperábamos que dejara una nota en el parabrisas, al darse cuenta de la magnitud del bollo, salió corriendo y no le dimos caza hasta el hotel.

          Siguieron días de playa, interminables partidas de cartas en las que alguna vez desplumamos al conserje, salvajadas en el mar, donde por cierto me clave un erizo en la planta del pié y Juana con enorme paciencia y una pinza de depilar, me quitó una a una todas las púas. Las noches de discoteca eran la leche, en Iron o Joy bailábamos hasta altas horas de la madrugada intentando lo de siempre, llevarnos al huerto a alguna extranjera, y es que con 16 o 17 años, en la frente se tiene lo que se tiene. En este apartado prefiero hablar de resultados generales y no de los míos que fueron bastante pobres, algunos mojaron, otros (pocos) mojaron mucho, alguno casi deja tuerta a una inglesa empeñado en decirle por señas que sus ojos eran bonitos, los más hicimos intercambios culturales y algún afortunado le dio color a varios días sin salir del hotel. Buena la excursión a la destilería (borracheras indecentes) y a la talla de cristales y maderas (indecentes mangantes).

          Poco a poco fuimos agotando los días, el final se vio llegar claramente cuando comenzamos a comprar las ensaimadas y sobrasadas para la familia. En los últimos días llegaron al hotel unas chicas de COU de Córdoba, con lo que las conversaciones empezaron a ser entendibles y descansaron por fin las manos hartas de hacer señas, aunque el objetivo no cambió en absoluto, solo se hizo mas cercano y dilatado en preámbulos, y más lejano o certeramente inalcanzable respecto a hechos consumados.

          El último día fue glorioso, después de una mañana playera, donde la fantástica holandesa de puro ébano, compañera ocasional de nuestro particular Pablo Abraira, además de alegrarnos la vista nos invito a unos tintos. Por la tarde gran partida de cartas, con pagos de apuestas a paletazos en las posaderas, que algunos no pudieron posar en varios días. Por la noche gran bronca hasta altas horas de la madrugada, enormes patos, agua por los pasillos y almohadazos a mogollón, por poco nos echan del hotel. Algunos para evitar males mayores y en vista del insomnio, nos fuimos a la playa a pasar la borrachera. Ya más despejados, al filo del amanecer bajo el cielo estrellado, hicimos balance del viaje, para algunos de nosotros era la primera vez que salíamos tan lejos de casa sin nuestros padres, toda una experiencia que jamás olvidaré, gracias compañeros.

  No se cuanto de lo que he contado se mojó de alcohol en el mismo Mallorca, se nubló con el humo de algún cigarrito de la risa o paso por la calentura de unos días de mucho sol y de mucha tienda de campaña vaquera montada sobre la marcha. Tampoco se cuanto de ello pasa por la neblina que añade el tiempo, pero me da igual, me quedo con mis recuerdos de hoy íntegros por mucha fantasía que contengan, son mejores así, más ricos, aún están llenos de vida. No me ayudéis a separar la realidad de la ficción, prefiero tener mi propio sueño de una noche de verano, del 77.

 

 

 

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