SEMANA SANTA 2013

"OH, LA SAETA, EL CANTAR"

 

En esta preciosa tarde de lo que parece el final de un invierno tormentoso, donde las inundaciones y los días tristes han durado bastante más que de costumbre, a tres semanas escasas de la Semana Santa, un niño acompañado de su tambor tararea la saeta que Joan Manuel Serrat dedicó al poeta Antonio Machado, paseando a ritmo por mitad de la calle, entrenando voz e instrumento para interpretar lo que se ha convertido en un himno de la semana de fiesta por venir, Cádiz parece volver a la normalidad.

 

Bendita inocencia la de esos locos bajitos, bendito tesón por conseguir la mejor de las interpretaciones para agradar a sus mayores. El chiste fácil vendría de la queja a sus alaridos, del machacante golpeteo del tambor con falta de compás, pero no voy por ahí, todo lo contrario, veo el interés por sus tradiciones, el mejorar en algo que le gusta, en el fomento de la cultura musical y todo esto solo puede producirme satisfacción. Mi reflexión se produce al ver la importancia de algo que los pedagogos han dado en llamar “comprensión lectora” y que al parecer según los últimos sondeos europeos, al español en general le cuesta por encima de la media. ¿Como puede una canción profundamente enfrentada al simbolismo religioso, convertirse en himno de un ritual relacionado íntimamente con estos símbolos?. La respuesta puede darse según el ángulo desde el que se realice el análisis, por varios caminos, pero sin entrar de momento en profundidades, podríamos decir que es bonita, fácil de retener, suena a saeta y lo más importante, muchos ni comprenden ni les interesa comprender lo que dice.

 

Hace unos días, hablando con un compañero sobre un correo electrónico que nos habían enviado sobre párrafos descontextualizados del Corán, comentaba lo ilustrativo que podía resultar leer textos de religiones distintas a la mayoritaria en nuestro entorno, para entender como la falta de comprensión lectora, o la comprensión dirigida, o simplemente la comprensión lectora de otro aceptada como doctrina, podían llevarnos al talibanismo extremo existente en todas las religiones, no tenemos más que mirar hacia atrás o hacia un lado en el tiempo para ver sus devastadores efectos. Los mismos a los que se les llena la boca hablando contra la interpretación literal que hacen de algunos versículos de la biblia, Mormones, Baptistas o testigos de Jehová, inundan la red de bazofia generadora de peligrosas tensiones, por interpretaciones sectarias de la misma circunstancia en versículos de otras obras religiosas. Si los leyéramos, nos daríamos cuenta que todos estos libros siguen un mismo patrón: algunos párrafos encierran mensajes universales plausibles, pero en su mayor parte intentan marcar pautas, castrar libertades y muchas veces la cagan. Que texto de cualquier género, aguantaría sin mácula el paso del tiempo, los de Newton, Mendel o Freud, pilares de nuestra ciencia, tienen más manchas demostradas que un papel de churros.

 

Antonio Machado en su poema, lanza una crítica empapada de humanismo al hoy mas representado en Andalucía símbolo de lo cristiano, que yo transformo en preguntas para uno de los ejercicios más saludables que puede realizar el ser humano, la dialéctica: ¿cuando bajarán de la cruz a ese hombre sus seguidores?; ¿solo piden escaleras para subir a la cruz, con el fin de cargarla de oro, de ponerle flores? (peligroso cruce con el becerro de oro, aceptado en concilio por el Papa de la época, apenas dos siglos después de la muerte del líder); yo no le cantaré a ese Jesus que lleva mas de 2000 años clavado al madero esperando que lo liberen, ¿el que anduvo en la mar no merece más mi canción?; este símbolo que no es mi fe, ¿es la fe de mis mayores, porque para la mayoría representa solo una fiesta más, adobada con una historia tan morbosa, como cualquiera de las que son seguidas por millones de personas, en las tertulias del amarilleo televisivo imperante?. A esta manifestación denominada en Antropología “Religiosidad Popular”, de la que intentaron hace solo unos años separarse los estamentos religiosos sin resultado, ¿se aferran ahora como a un clavo ardiendo, como única expresión relacionada que gana adeptos entre un pueblo cada vez más alejado de la doctrina?.

 

Julio de la Torre Fernández-Trujillo

 

 

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