BANDERA, MISA Y FÚTBOL

 

  

           Esta primera semana de octubre de 2002, se ha producido un hecho que ha levantado gran polémica social, el gobierno del Partido Popular español, ha decidido homenajear mensualmente con gigantesca ostentación el concepto de patria, a través de uno de sus símbolos más significativos, la bandera. Cuando escucho esa palabra, me vienen a la cabeza los versos de un amigo que escribía para una agrupación de carnaval "nunca me gustó eso de patria / me quedo con mi matria / Cádiz de mis amores".

          Después del auténtico bombardeo que soportamos con el fútbol en la programación de cualquiera de los medios de comunicación, desde que alcanzara el poder la derecha española, nos encontramos en goteo, emulando las mejores estrategias de nuestro anterior dictador, como la iglesia y todo lo relacionado con ella: ventajas a la formación concertada católica por encima de la enseñanza pública, semana santa hasta en la sopa, escuelas de acólitos y monaguillos, protagonismo en las cúpulas de poder del Opus Dei, y valores casi medievales que parecían enterrados, toman de nuevo una relevancia inusitada. Ahora como tercer peldaño de esta escalada hacia las ideas más conservadoras de las que puede empaparse una sociedad, aparece el homenaje mensual programado a una enorme bandera española en la Plaza Colón de Madrid.

           En un análisis superficial de este último gesto del gobierno, puede parecer desmedida la reacción en contra de determinados sectores de la sociedad española, ya que nuestra enseña nacional es ondeada con orgullo para la mayoría de nosotros en embajadas, edificios de la Comunidad Europea o la ONU, olimpiadas y distintos acontecimientos deportivos. Lo que el partido en el poder no parece tener en cuenta, es que los símbolos tienen la capacidad de expresar valores, pero dependiendo de la persona o grupo de estas que lo interpreten, no significan lo mismo, no evocan los mismos sentimientos. También olvidan los que se sorprenden de la reacción en contra provocada por el homenaje, que los símbolos pueden ser manipulados en función de los intereses de quien los emplea, como en este caso.

           Una cosa es sentirnos españoles y que nuestra bandera ondee como símbolo de nuestro origen, sintiéndonos a la vez ciudadanos de nuestra comunidad, de Europa y del mundo, y otra muy distinta es refregarla mensualmente a los cuatro vientos, como símbolo militar (va portada en exclusiva por soldados), en un soy distinto a ti y quiero que seas consciente de ello.

            Solo le queda al gobierno ensalzar a la patria como una, grande y libre, reserva cultural de occidente, tierra de paladines del catolicismo, unirnos en alguna batalla a los ultraconservadores norteamericanos o británicos, y rematar proponiendo a San Escribá de Balaguer como patrono, para que toda Europa y el mundo sepa a que atenerse. 

                                           

                                            Julio de la Torre Fernández-Trujillo

 

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