Emergencia de la identidad individual en las sociedades civiles

 

Es importante explicar como la organización de la vida monástica se traslada a la organización de los oficios fabriles, los gremios, y cómo es organización está en el núcleo de la idea de libertad y de civilización, que en Roma hemos visto como civilización del espacio, pero que ahora asistimos a su interiorización y como de ahí surge la singularización del individuo en los focos fabriles y el humanismo como movimiento cultural. Esa misma organización como matriz permite abordar el fenómeno del luteranismo y de ahí se siguen dinámicas muy características de la cultura occidental, pero esa misma identidad individual emerge en el orden político de un modo singular y en otros tantos ámbitos que hay que relacionar.

 

El religioso es  la quinta esencia de la idea antigua de perfección  al mismo tiempo es el prototipo de hombre moderno, porque inaugura una clase nueva, la identidad individual. Occidente es la historia de cómo la identidad individual se extiende a todos ámbitos de occidente, aparece la caridad para que el monje no tenga que trabajar. Con la caridad el monje podrá dedicarse al estudio de las escrituras. El problema surge cuando, con el paso del tiempo, esas donaciones o limosnas se acumulan en un patrimonio importante. Y la forma para administrarlo no puede ser otra acorde con su época que la del Sistema feudal del Señorío, aunque los monjes son individualmente pobres su institución se hace inseparable de la genealogía patrimonial, por el patrimonio acumulado que es heredado de los monjes que les preceden. Esto hace que surjan dos reacciones, confundir al cristiano con el mundo y volver al caer en la antigüedad. No basta que los individuos sean pobres, sino que su institución ha de serlo. Aparecen pues los frailes y ordenes mendicantes, (como de limosna no se puede vivir en el campo, continuaremos hablando de una forma de vida urbana)

Los frailes se dedican a cuidar enfermos, enseñar,... llevan a cabo las llamadas obras de misericordia.  Los frailes son el embrión del estado moderno, crean hospitales, universidades, (que serán heredadas por el Estado) pero los frailes, antes que ser precedentes del Estado, lo son de los profesionales, ya que un profesional es alguien que hace algo que los demás estimamos necesario y le damos un dinero para que siga haciéndolo, la limosna precede al salario, el fraile amplía la identidad individual a las profesiones. De ese modo ser profesor o profesional pasa a concebirse como una vida libre, el sujeto individual puede autodeterminarse respecto a la clase de vida y a la función social que va llevar a cabo.

Así pasamos de la identidad genealógica a la individual ampliándose al ámbito de los profesionales, rompiendo el ideal antiguo de que servicio y libertad no son compatibles.  El monje es la primera forma de movilidad social y el fraile es quien extiende es posibilidad, el hombre moderno tiene identidad individual.

Para la conciencia moderna puede resultar paradójica la propuesta de pensar la vida según las reglas monásticas como la forma de vida libre, incluso aunque fuera en términos ascéticos y dentro del sistema sociocultural del medievo. (Marín, 1997:110)

El  renacimiento puede ser considerado como el periodo de la invención, entendida como  imaginación y la creación humana, actuaron en hechos como las unificaciones de territorios o la invención de lenguas como lenguas dinásticas (por ejemplo el castellano)

Ejemplo es la reconquista del territorio hispano utilizando las armas para combatir al bárbaro externo y la gramática para combatir al bárbaro interno ya que el latín se  desmembra y da paso a las lenguas vernáculas, permitiendo el establecimiento de las lenguas romance.

 La literatura es la encargada de descubrir e inventar la interioridad.

 La humanitas que apela al conjunto de los seres humanos a desarrollarse a sí mismos en tanto que humanos, en el nuevo terreno del imperio de las letras, y que por extensión también afectará al resto de las actividades productivas auténtico espacio  para el reconocimiento de la libertad como propiedad universal de los individuos. La nueva ley común es la ley común de trabajar para vivir (Marin)

 

Esta nueva universalidad se extiende al conjunto de los hombres, en tanto que miembros de la especie, pero en forma de potencialidad, aún no ha adquirido el carácter natural que obtendrá el hombre de la ilustración, donde la libertad se adquiere naturalmente -espontáneamente- por el hecho de existir. Esta potencialidad renacentista se basa en el desarrollo de las pericias, principalmente las lingüísticas, litterarum, que permita a cada individuo trascender la barbarie, que también existe en cada uno de nosotros en tanto que realidad primera no transcendida, es decir entramos en una época en que la humanitas está estrechamente ligada a las litterarum como forma suprema de autorrealización, dos conceptos semánticamente cercanos y que se asocian  a los llamados estudios de humanidades , es decir aquellas disciplinas que perfeccionan y adornan al hombre. Adornan al hombre al igual que la retórica adorna la palabra.

La humanitas renacentista se desarrolla ya no sólo en un saber decir mediante la palabra, sino también en un saber hacer, mediante la acción, que es la realización del hombre en la cultura (Marin)

 

El renacimiento supone una ruptura, fundamentalmente en relación a la racionalidad escolástica medieval, la rigidez de la norma humana, contra el poder absoluto de una institución eclesiástica que no concebía al hombre sino como pecador, y contra el poder de una monarquía feudal que, reducía el papel de hombre a la condición de siervo. También se produce la ruptura del latín como lengua hegemónica-imperial, en favor de las lenguas vernáculas, pero todas estas rupturas están estrechamente relacionadas con la otra gran ruptura de este periodo, como es la reforma protestante de Lutero. La reforma protestante es una nueva concepción de hombre, donde la invención reconquista de la interioridad propia del renacimiento es llevada al extremo. La dialéctica exterior-interior desaparece en beneficio de la última, considerándose la exterioridad una perversión de la  propia interioridad. La acción luterana no tiene un fin redentor, no está orientado a la salvación, debido a la imposible articulación de los mundos de Cristo y del Siglo. Esta acción reformadora sí comparte con el movimiento general del humanismo renacentista algo que resulta fundamental:  los oficios periciales de las profesiones civiles como  medida de la realización humana del hombre.

El humanismo renacentista centra al hombre, el hombre deja de estar sujeto  a un destino inmutable como pecador y pasa a convertirse en sujeto de su acción, deja de ser sujeto de una historia divina para integrase en una  historia natural del hombre.

 

 Una naturaleza que en el hombre es la lógica de la libertad, es decir, poética, retórica, política, histórica.(Marín)

 

La fragmentación que se provocó a partir del medievo, tanto en el orden de lo político, como en lo religioso, sí como en lo lingüístico, se vio de alguna manera subsanada por medio de una organización que permitió la existencia de una reducida muestra de antigua (clásica) humanidad, hasta finales del siglo XXVIII. esa organización vino constituida por la Corte, que en el periodo renacentista ya figura como la cabeza del estado moderno emergente, caracterizado por la acción personal, individual, dotada de estilo.

La época de la Ilustración podría ser calificada como la de lo real, la realidad objetivada por medio de la reflexión, que permite al hombre ser, por primera vez en la historia de la humanidad occidental, el protagonista de su propia historia. El saber como única vía de escape frente a las cadenas ajenas.

Atreverse a saber es, pues, tanto como atreverse a protagonizar, a dirigir y controlar todo cuanto entonces estaba bajo una tutela ajena (Marin)

Ahora dueño de sí mismo, podríamos decir que el hombre racional, ilustrado, es un hombre que se da nacimiento a sí mismo y moldea su  propio discurrir biográfico, todo ello de forma natural y libre de constricciones historicistas o ataduras linajudas.

 

Las viejas formas de poder basadas en la propiedad de las tierras empiezan a ceder terreno a favor de lo que se viene configurando como la actividad constitutiva del nuevo orden emergente : el intercambio de mercancías según la medida común del dinero. Actividad que es posible gracias al proceso de homogeneización generado por el nuevo estado central, por medio, de la uniformidad del espacio y el tiempo físicos, del territorio geográfico en torno a la administración central o de la igualación de los hombres ante la ley (como antes hiciera el cristianismo, igualando a todos los hombres a los ojos de Dios), todo ello en el contexto de una nueva sustancia de lo real: la naturaleza “cuya conmensuración  con la razón se decanta según el caso como estado, mercado, ciencia, religión o humanidad”

La libertad ahora reside en todos y cada uno de los individuos y en las naciones antes que en la sociedad: “el estado de libertad es previo al estado civil y se llama naturaleza”(Marín)

La identidad ya no es el producto de una genealogía, sino el lugar desde donde se avista el horizonte de lo biográfico (Marin)

Las viejas misiones aristocráticas, desde la justicia al ejército, son asumidas por el estado y realizadas por los funcionarios que, mediante el trabajo asalariado, alcanzan la libertad y, sobre todo, el reconocimiento de que quien la ejerce tiene una identidad social y política que viene a llamarse ciudadanía (Marin)

El comercio se convierte el espacio para el reconocimiento social, lugar para el intercambio de iguales, forma básica de relación entre ciudadanos donde se despliegan dependencias mutuas y se eliminan servidumbres, es decir, el mercado se convierte en la forma económica de la igualdad política de los ciudadanos, con un estado que se convierte en la objetivación política de un mercado de las profesiones y de las mercancías (Marín) El estado representa  una casa cuyo propietario abstracto es el pueblo o la nación lo privado universalizado, eso es el nuevo espacio que llamamos lo social

en la historia de la civilización occidental podemos hablar de un reconocimiento de toda la humanidad como miembros del mismo género, no marcado por los límites de lo biológico, sino en el contexto cultural e histórico  de las naciones, la cultura universal o lo que es lo mismo, una determinada cultura que, al convertirse  en universal, se hace también expresión adecuada de la naturaleza. Una idea de naturaleza que tiene como equivalente al comercio, porque para esta época el comercio es el Pentecostés natural donde todas las naciones pueden concurrir, hallar y ser reconocidas como interlocutoras (Marin)

 

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