CUESTIONES SOBRE LA MUERTE Y LA EUTANASIA

 

INTRODUCCIÓN

A la hora de empezar a elaborar este trabajo sobre la muerte y la eutanasia me ha parecido necesario, analizar y reflexionar sobre la concepción de la muerte en la actualidad y su evolución histórica, para después situar el problema en el contexto socio-sanitario. 

Estamos inmersos en una sociedad que, generalmente, trata de negar la muerte, de ocultarla, como si fuera algo extraño a la realidad del ser humano. La muerte se ha convertido en algo ajeno al propio proceso vital cuando en realidad se trata de su último momento. La idea de muerte no es compatible con la competitividad, el culto al cuerpo y otros valores que parece son los que prevalecen en la actualidad. La negación de la condición temporal de nuestra vida hace que cuando llega el momento de la muerte o bien de tomar decisiones en relación a la misma nos encontremos ante una situación,  cuando no menos, difícil de abordar.

En este sentido es preciso señalar que hay algunos grupos profesionales, en especial el personal sanitario, donde esta situación, aunque cotidiana, se ve agravada, ya que parecen encontrar su actuación vacía de contenido cuando ésta no va dirigida al restablecimiento de la salud o a la prolongación de la vida. Todo esto se vuelve más complejo aún cuando se plantean situaciones donde los profesionales tienen que asumir, o al menos reconocer, que sus actuaciones tradicionales entran en colisión con los intereses de los enfermos o familiares al manifestar éstos que desean una muerte digna, (que incluye si es necesario la práctica de la eutanasia). siendo este término una percepción individual que esta condicionado de forma importante por el contexto cultural de cada persona.   

Aunque la opinión de que la eutanasia es moralmente permisible se encuentra ya en Sócrates, Platón y los Estoicos, es en el siglo XX cuando la polémica adquiere mayor fuerza. La razón la podemos encontrar en el avance tan enorme que han sufrido las tecnologías, aplicadas a las Ciencias, y que han originado, como es evidente, una gran transformación en el pensamiento humano. El uso de alta tecnología utilizada en el campo de la salud ha incrementado la esperanza y la calidad de vida en pacientes que, no mucho tiempo atrás, hubieran perdido toda posibilidad de vivir.

Sin embargo, como todo, este avance tecnológico unido a una cada vez mayor expectativa de vida, nos lleva a determinadas situaciones en donde muchos enfermos son obligados a vivir en condiciones dramáticas. Enfermos terminales unidos a tubos, máquinas y enchufes, sometidos a tratamientos químicos a veces inútiles e inhumanos. Todo esto ha revitalizado la polémica y es en éste contexto, donde el derecho a una muerte digna adquiere su sentido.

Para poder desarrollar este trabajo me he planteado dividirlo en una serie de apartados con el fin de cumplir los siguientes objetivos:

1.       Analizar la actitud de las personas ante la muerte a lo largo de la historia.

2.       Describir la muerte digna.

3.       conceptuar la eutanasia

4.       Analizar la práctica de la eutanasia en los distintos pueblos y culturas.

5.       Conocer la regulación jurídica de la eutanasia.

6.       Reflexionar sobre la legalización o no de la eutanasia

7.       Analizar la situación de la eutanasia en España

8.       Plantear el tema de la eutanasia como una polémica a nivel mundial.

 

LA ACTITUD ANTE LA MUERTE

Las actitudes de las personas frente a la muerte han ido cambiando a lo largo de los siglos. Philippe Aries describe en su obra “la muerte en Occidente” las distintas actitudes del mundo occidental frente a ella, desde la actitud de resignación y naturalidad de la Edad Media hasta la consideración e la muerte como tema tabú o prohibido en nuestros días.

En un interesante trabajo de la profesora María Esther Grebe, académica del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales: "Algunos aportes antropológicos a la comprensión del contexto sociocultural y concepciones de la muerte". Parte del hecho de que "es posible reconocer en las concepciones de la muerte la presencia de algunos "universales" En muchos sistemas de creencias pertenecientes a culturas tradicionales y religiones de Oriente y Occidente, la muerte es considerada como una culminación de la vida y una aproximación al bien supremo".Sobre esa base, se refiere a la característica de algunas actitudes del hombre occidental ante la muerte, las que, según la profesora Grebe, suelen revelar ya sea un espíritu morboso, próximo a lo macabro, o bien una conducta de evasión, de rechazo o miedo.

Ante la persona moribunda, todo ser humano, incluyendo a los profesionales de la salud, experimenta sensaciones ambivalentes que oscilan entre la compasión y el deseo de prestar ayuda, y la angustia que conduce al rechazo y al abandono.

En el papiro de Smith de la medicina egipcia de hace 3600 años se clasifica a las enfermedades en tres tipos, las que pueden curarse, las que se tratan y las que no se pueden curar. Para los griegos, no tenía sentido prolongar la vida de los enfermos ni asistir  los moribundos.

Durante una larga etapa que duró casi doce siglos, la actitud fundamental de la sociedad era de resignación y espera de la muerte en la cama. La habitación del enfermo se convertía en un lugar donde todos podían entrar libremente. Era importante que familiares, amigos, vecinos e incluso niños estuvieran presentes. Los ritos de la muerte eran aceptados y cumplidos de manera ceremoniosa, pero sin carácter excesivo ni dramático.

A partir del siglo XII aparece una actitud en la que se considera que la muerte da al individuo su sentido definitivo, su conclusión. Poco a poco va adquiriendo un carácter dramático.

En el siglo XVIII el hombre occidental tiende a dar a la muerte otro sentido. La exalta, dramatiza, la ve impresionante y acaparadora. Se produce un fenómeno nuevo: preocuparse menos de la propia muerte que la de los otros. Los supervivientes aceptan con dificultad la muerte del otro.

Desde el siglo XVIII, en la sociedad occidental se inicia el proceso de medicalización, por el cual áreas de la vida social antes reguladas por otro tipo de poderes, cayeron bajo el control de la medicina. De este modo, el proceso de morir de las personas, antes regulado por la familia y las comunidades religiosas, fue progresivamente desplazándose bajo el dominio del sistema médico.

En el siglo XIX  se producen grandes avances en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. El progreso científico y los reclamos de una sociedad ansiosa por sobrevivir, estimulan la rebelión contra la muerte, que parece ahora una amenaza mucho más lejana y evitable. Es la época de los duelos exagerados, que mueven a la sociedad al nuevo culto de tumbas y cementerios.

LA MUERTE EN EL SIGLO XX

Esta rebelión contra la muerte del siglo XIX pasa a convertirse en la época actual en la negación de la muerte. Los avances tecnológicos hacen que la muerte se vea como un accidente, como un fallo en la calidad de los servicios de salud.   

Poco a poco, tal como señala Kübler-Ross, la muerte se convierte en un tema tabú. El entorno del moribundo tiende a difuminar la gravedad de su estado, porque su muerte recuerda la vulnerabilidad humana, a pesar de los progresos científicos.     

Perinat considera que en nuestra sociedad la muerte se ha privatizado y aseptizado. Lo primero porque la muerte pesa de manera exclusiva sobre la familia inmediata, no ocurre como en la sociedad rural, donde vecinos y parientes se turnaban a la cabecera del enfermo y cooperaban en los cuidados necesarios. Hoy, en el último periodo de la enfermedad sólo los parientes más próximos asisten al enfermo. Si además ocurre en el hospital, el paciente muere materialmente solo. La muerte se ha aseptizado, sobre todo si sobreviene a una enfermedad que ha requerido la intervención del equipo sanitario, con todos los cuidados, tratamientos, asepsia. La muerte aparece limpia y distante.

Silvia Salzman en su ensayo "La muerte, el Enemigo", plantea que si bien desde siempre la muerte ha constituido un enigma para el hombre, creándose a su alrededor un conjunto de instituciones y rituales para acompañar a los dolientes y al moribundo o difunto en tan difícil tránsito, en la actualidad en esta sociedad de masas, sociedad narcisista y hedonista, el ser humano no está preparado para enfrentar la muerte, huye de ella como de un enemigo, sucediendo que hasta "la vida después de la muerte" se ha vuelto objeto de consumo más que estímulo para el tránsito. En el contexto contemporáneo, la muerte no es vicenciada como una puerta, sino como un término, es el enemigo.

David le Breton señala en su obra  que durante la modernidad se produce una estigmatización del envejecimiento y una relegación social de la vejez ya que la vejez deroga en la persona los valores centrales de la modernidad (la juventud, el trabajo, la seducción, la vitalidad) convirtiéndose, así, en «la encarnación de lo reprimido». La medicina ha convertido a la muerte en un hecho inaceptable al que hay que combatir con todos los medios; la muerte es vista como un fracaso de la empresa médica, no como un hecho esencial de la condición humana. La negación del envejecimiento y de la muerte son signos que muestran las reticencias del hombre occidental a aceptar su condición de ser carnal.

Como recoge  Pedro Gómez García en su artículo “Culminación del curso vital” El envejecimiento, la vejez y la muerte dependen en gran medida de los modelos de curso vital dominantes socialmente. Y éstos dependen a su vez de la organización del parentesco y la familia, de la estructura económica, demográfica y política, de los sistemas de creencias compartidas y del sentido/sentimiento con que se interpreta la propia vida.

La negación colectiva que caracteriza a nuestra sociedad y que está asociada a una negación colectiva del envejecimiento y a una sobreestimación de la juventud y de la belleza física, hace que la aparición del estudio sistemático de los procesos de agonía y muerte dentro de la sociedad sea relativamente reciente. La tanatología, asesorando a los pacientes, familiares y profesionales de la salud puede hacer que la experiencia de la muerte sea menos alienante y desolada, facilitando el diálogo entre todos y la expresión más abierta de la emociones. 

 

¿QUÉ ES LA MUERTE DIGNA?

El ser humano tiene el derecho de asumir su muerte como persona, responsablemente, recibiendo la muerte como algo intrínseco a su condición de mortal. Las consecuencias que se derivan de la necesidad de disponer del ámbito de libertad suficiente en el proceso de morir, se podrían sintetizar en los derechos del moribundo, que conllevan obligaciones por parte del personal que lo atiende, que para Abel son los siguientes:

·         El derecho a saber que va a morir. Este derecho deriva de la misma dignidad humana. La mentira y la falta de sinceridad por parte del equipo de salud destruye la confianza tan necesaria en la relación interpersonal. Hay que tener en cuenta que una información técnica correcta puede resultar muy negativa para el paciente; es decir, la información siempre debe darse con tacto y según las necesidades de la persona.

·         El derecho a rechazar un tratamiento. Existen en la práctica situaciones difíciles que requieren un diálogo sereno y abierto.

·         El derecho a expresar la fe. Las necesidades espirituales deben considerarse para garantizar una asistencia integral a los pacientes. Será preciso encontrar el equilibrio y la flexibilidad que permitan respetar este derecho. Que está reconocido por la Constitución española en el artículo 16.

·         El derecho a mantener la conciencia lo más cerca posible de la frontera de la muerte evitando el dolor.

·         Morir sin el estrépito frenético de una tecnología puesta en juego para otorgar al moribundo algunas horas suplementarias de vida biológica. Esto no significa que se tenga que abandonar al enfermo ni que se precipite la muerte. No se trata de alargar, sino de ordenar las acciones terapéuticas en consecuencia a la realidad terminal.

·         Morir manteniendo con las personas cercanas contactos humanos sencillos y enriquecedores  

EUTANASIA:

El término eutanasia se usa desde la época de Augusto. Desde entonces hasta hoy ha ido perfilando su significado y tomando distintas acepciones.

La palabra eutanasia posee una gran carga emotiva. Las palabras que padecen este defecto no tienen un significado aséptico, neutro, sino que provocan en quien las escucha o lee, ciertos sentimientos o emociones, bien de aceptación, bien de rechazo.

No podemos evitar que para algunas personas el término evoque imágenes de campos de exterminio nazis o de manicomios a la antigua usanza donde los enfermos mentales eran eliminados sistemáticamente. Para otras personas, sin embargo, hablar de eutanasia es hablar de "autonomía", “libertad” o de "capacidad para tomar las propias decisiones", todos ellos términos sin duda positivos.

Esta diferencia de valoraciones dificulta el significado descriptivo del término. Por eso es necesario hacer un esfuerzo para tratar de delimitar de la mejor manera posible los conceptos con el fin de evitar confusiones y disputas verbales desaforadas y sin sentido.

Para empezar debemos aclarar que cuando se habla de eutanasia se puede estar haciendo referencia a varios conceptos diferentes e independientes entre sí, de tal forma que defender la eutanasia como posibilidad de que cada ser humano elija el momento y el modo de poner fin a su vida no tiene nada que ver con abogar por el genocidio.

Para distinguirlo del simple homicidio o del asesinato, suele exigirse que el hecho de quitar la vida a otra persona tenga como finalidad la de poner término a sus sufrimientos y dolores o evitarle una vida indigna, procurándole una muerte pacífica y sin padecimientos. Esta matización no es en absoluto clara como luego veremos.

Es preciso hacer hincapié en una serie de distinciones importantes. Una de ellas es aquélla que toma en consideración la voluntad de la persona que muere como criterio de distinción de tres tipos de eutanasia:

Otro criterio de clasificación es aquel que toma en consideración la forma de realización de la eutanasia:

LA PRÁCTICA DE LA EUTANASIA EN DISTINTOS PUEBLOS Y CULTURAS

La cuestión de la evolución histórica

A pesar de la actualidad de la eutanasia, no se debería caer en el error de pensar que esta práctica es exclusiva del concreto momento histórico que nos está tocando vivir. Muy por el contrario, nos hallamos ante una cuestión que está unida a la civilización humana desde prácticamente sus orígenes.

Diversos estudios de antropología han revelado que las prácticas eutanásicas han estado y están muy extendidas entre los pueblos primitivos de nuestro planeta. Aunque estas personas no tuvieron ni tienen muy clara la diferencia entre matar y dejar morir, se puede señalar que entre las motivaciones para la realización de estas prácticas siempre estuvo y está el evitar a determinados miembros de su tribu o grupo, fundamentalmente ancianos y enfermos crónicos, sufrimientos o padecimientos que ellos se consideraban y se consideran incapaces de paliar. Junto a esta razón de carácter humanitario o piadoso, también parece coexistir otra que tiene una significación social más acentuada: esto es, la condición de “carga” que estos sujetos tendrían para sus familiares e incluso para el resto de la tribu o grupo, que no contaría con los recursos suficientes para mantener a personas que, por su estado físico o de salud, son incapaces de aportar nada a la comunidad. Por ello, estas prácticas eutanásicas vendrían a representar, desde una óptica social, una especie de contribución a las leyes de selección natural: el medio hostil en el que se desenvuelven y se desenvolvieron estos pueblos primitivos sólo permite y permitió la supervivencia de aquellos que gozan de la capacidad y de la fuerza necesaria para afrontar los rigores del entorno; el resto, al igual que acontece con las otras especies vivas que pueblan la tierra, estarían abocados a la extinción.

El profesor J.M. Reverte, cuya opinión en este tema es de suma importancia, apunta en su obra, “Antropología médica”, datos ciertamente interesantes sobre la práctica de la eutanasia en distintos pueblos y culturas.

 Nos habla de que entre las tribus indígenas de América, África y Oceanía ha sido práctica habitual el que cuando un hombre llega a anciano y ya no puede valerse por sí mismo, los familiares los transportan en una hamaca a un lugar apartado de la selva donde se le deja acostado entre los árboles, en un sitio lo más cómodo posible, junto con algunos alimentos y bebidas. No vuelven a verle. A los seis meses pasan a recoger los huesos, librándoles de la carne y de los malos espíritus. Entre los esquimales, la costumbre del abandono del anciano inválido era parecida. Los indios Cuevas pedían al brujo que le administrase un poderoso veneno a los ancianos inválidos o enfermos desahuciados.

Planteamientos similares, tanto en su vertiente piadosa o individual, como en la social o contribución a la mejora de las condiciones de vida de la comunidad, se han repetido en la Antigüedad, como han puesto de manifiesto varios trabajos historiográficos de sumo interés. Tanto en la mentalidad griega como en la romana, las prácticas eutanásicas estuvieron presentes, como atestiguan numerosos documentos y testimonios literarios que han llegado a nuestras manos a través de los tiempos. Es cierto que también contaron con destacados detractores de la época (el juramento de Hipócrates es el mejor ejemplo), pero su existencia y realización son un hecho.

Hipócrates (S. V a.C.) en su juramento afirma que no dará medicamento mortal por más que se lo soliciten. En el juramento Hipocrático, la santidad de la persona y el verdadero bienestar del paciente es central: nadie puede asignar el valor paciente porque él tiene valor inherente. Reconoció, sin embargo, que se podría violar fácilmente este ética ya que los médicos, no tienen sólo el poder para curar sino también para matar. Por esta razón hizo que los médicos juraran que nunca usarían su conocimiento y experimentarían para matar, e incluso a la propia demanda de un paciente. El juramento permitió a la medicina proteger al paciente vulnerable.

En cambio, Platón, (427-337 a.C.) en La República dice: "Se dejará morir a quienes no sean sanos de cuerpo".

En Roma, la práctica es múltiple: Muerte sin dolor por miedo a afrontar conscientemente el sufrimiento y la propia destrucción (Tácito en sus Anales)

Séneca: "Es preferible quitarse la vida, a una vida sin sentido y con sufrimiento".

Epícteto predica la muerte como una afirmación de la libre voluntad.

Cicerón le da significado a la palabra como "muerte digna, honesta y gloriosa".

Durante la Edad Media y por influencia del Cristianismo, cuya tradición desconocía y rechazaba con contundencia estas prácticas, se extendió considerablemente una actitud de repulsa y castigo contra sus partidarios o ejecutores. Sin embargo, no fueron del todo suprimidas, puesto que en determinadas circunstancias se siguieron empleando como recursos desesperados: en las ordalías medievales era frecuente la utilización de un puñal corto y afilado, que recibía no por casualidad el nombre de “misericordia”, para “rematar” a los heridos sin posibilidad de curación.

El Renacimiento supuso, por su parte, un momento de cambio en la mentalidad sobre las prácticas eutanásicas. Como explica Marciano Vidal, en esta época, “el término y el concepto de «eutanasia» adquieren un uso y una prácticas nuevos en el Renacimiento. Son aplicados al buen morir en el sentido físico, como el último proceso de la salud y de la vida del ser humano.” En este sentido son clásicas las referencias de Bacon y Tomas Moro a las prácticas eutanásicas.

El término Eutanasia se cita por vez primera en la Utopía de Tomás Moro (1478 a 1535 en que fue decapitado) aparece el concepto médico y moral de la Eutanasia: "...Cuando a estos males incurables se añaden sufrimientos atroces, los magistrados y sacerdotes, se presentan al paciente para exhortarle, tratan de hacerle ver que está ya privado de los bienes y funciones vitales... y puesto que la vida es un puro tormento, no debe dudar en aceptar la muerte, no debe dudar en liberarse a sí mismo o permitir que otros le liberen. si bien algún autor señala que aquéllas opiniones deberían ser interpretadas con arreglo al carácter irónico de la obra en la que se encuadran. 

David Hume, (1711 a 1776) refiere que " si el disponer de la vida humana fuera algo reservado exclusivamente al todopoderoso, y fuese infringir el derecho divino el que los hombres dispusieran de sus propias vidas, tan criminal sería el que un hombre actuara para conservar la vida, como el que decidiese destruirla."

Justifica la eutanasia en términos prácticos al decir que: " una vez que se admite que la edad, la enfermedad o la desgracia pueden convertir la vida en una carga y hacer de ella algo peor que la aniquilación. Creo que ningún hombre ha renunciado a la vida si esta mereciera conservarse."

Para Kant (1724 a 1804), el suicidio es malo, porque viola los deberes y el respeto para consigo mismo. Frente a la eutanasia tiene en cuenta la potencialidad de ese ser humano que se quita la vida, las posibilidades de desarrollo de sus capacidades. " La vida no vale por sí misma, sino en función de un proyecto de vida ligado con una libertad y una autonomía, ésta se justifica si permite la base material para una vida digna".

La Modernidad, por otro lado, se ha enfrentado a esta cuestión de formas diferentes y con distintos resultados. El progresivo desarrollo de las concepciones inmanentistas en el pensamiento occidental supuso un debilitamiento de las posiciones que sacralizaron tradicionalmente la vida humana, al tiempo que potenciaron la autonomía de los individuos y contribuyeron a difundir concepciones sobre la libertad que rompían los tradicionales lazos que unieron al ser humano con la naturaleza de las cosas. Empezaron, así, a surgir, a principios del siglo XX, iniciativas que pretendían reivindicar el derecho a una muerte sin sufrimientos de los pacientes con enfermedades para las que no se conocían remedios eficaces. Fue el caso de la Euthanasia Society, fundada en 1935 por el británico Dr. Killick Millard, cuya finalidad fue la de contribuir a crear una opinión pública favorable ante esta concepción eutanásica.

No obstante, en la primera mitad de este siglo, también surgieron otros planteamientos sobre estas prácticas que tuvieron una repercusión mucho mayor en todos los órdenes. Coincidieron con el desarrollo y difusión de concepciones políticas estatalistas herederas del pensamiento idealista hegeliano y propugnaban la aplicación de prácticas eutanásicas, no tanto por consideraciones piadosas o en atención al derecho del paciente terminal a decidir cómo y cuándo morir, sino en atención a los intereses colectivos de un pueblo o nación. En la medida en que determinadas vidas pudieran constituir una “carga” para la colectividad o el Estado, éste podía considerarse “legitimado” para eliminar físicamente a todo aquél que pudiera entorpecer su camino hacia la satisfacción de los intereses comunes. Puesto que el Estado, como dimensión colectiva de una voluntad, era lo que estaba destinado a perdurar en la historia, los individuos debían contribuir anónimamente a su grandeza, incluso estando dispuestos a ser eliminados cuando su situación personal supusiera una incapacidad para ayudar a enaltecer el Estado: el no oponerse a estas concepciones eutanásicas ya podía entenderse como una forma de contribución. Se difundieron, así, concepciones que llegaron a justificar verdaderos asesinatos sobre la base de considerar que había vidas humanas “sin valor vital”. El régimen nacionalsocialista de Adolfo Hitler llevó a sus últimas consecuencias estas concepciones y asumió la triste responsabilidad de un genocidio más de la historia de la humanidad. Tras la Segunda Guerra Mundial, las naciones vencedoras promovieron iniciativas internacionales encaminadas a tratar de evitar que se repitieran hechos tan graves, y uno de los aspectos en el que más énfasis se puso fue en la necesidad de recuperar y enaltecer el valor de la vida humana, combinado casi inseparablemente con la noción de dignidad.

A pesar del importante esfuerzo que desde entonces se ha realizado con el fin de promover una cultura de respeto a la vida, que en el ámbito europeo ha dado importante frutos en lo que se refiere a la supresión de la pena de muerte de los ordenamiento jurídicos, la cuestión de la eutanasia no ha desaparecido, ni mucho menos, de nuestro horizonte cultural. Es más, en las últimas décadas, el debate entorno a esta práctica ha adquirido tal relevancia, que varios han sido los países que se han planteado seriamente el problema por medio de su legalización.

Lo que está claro, en cualquier caso, es que lo que anima en la actualidad el debate sobre la eutanasia no coincide con los argumentos y justificaciones que en el pasado la admitieron, permitieron o toleraron. En los tiempos que corren, se pone en acento en la necesidad de respetar la libertad individual: ése es el principal argumento, aunque no el único, que se esgrime en favor de la liberalización de esta práctica. En realidad, sería mejor decir en la legalización de la eutanasia, puesto que ése es el objetivo último que se han planteado multitud de organizaciones, que han proliferado como hongos en los países económica y políticamente desarrollados.

El análisis histórico de la eutanasia es, por lo tanto, imprescindible para conocer cuáles han sido, a lo largo de la historia, las motivaciones y las concepciones que han inspirado la realización de esta práctica, tal y como recomienda acertadamente Elio Sgreccia.  La historia es la única capaz de enseñarnos la evolución que se puede apreciar en unas y otras, y es la que mejor nos puede ayudar a comprender las razones por las que, en el momento presente, es la voluntad del paciente el factor que, como dice Diego Gracia, “ha comenzado a cobrar importancia.”

ASPECTOS JURÍDICO CONSTITUCIONALES EN TORNO A LA EUTANASIA

El artículo 15 de la C.E. no sólo regula el derecho a la vida, sino que lo vincula al derecho a la integridad física y moral. “todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que en ningún caso, puedan ser sometidos a torturas ni a penas o tratos inhumanos o degradantes(....).”

Entre los juristas que están en contra de la legalización de la eutanasia es frecuente escuchar como argumentación el contenido del citado artículo.

No obstante existe otro amplio grupo de juristas que están a favor del derecho a la disponibilidad de la propia vida y cuyos argumentos giran en torno a varios conceptos constitucionales. (art. 16.1; 10.1; 15; 18.1;......)

REGULACIÓN JURÍDICA ACTÚAL DE LA EUTANASIA

·         El artículo 143 del código penal prevé los delitos de:

·         Inducción al suicidio(143.1) el que induzca al suicidio a otro será castigado con la pena de prisión de cuatro a ocho años)

·         Auxilio o cooperación al suicidio (143.2) se impondrá la pena de prisión de dos a cinco años al que coopere con actos necesarios al suicidio de una persona....

·         Homicidio-suicidio (143.3) será castigado con la pena de prisión de seis a diez años si la cooperación llegara hasta el punto de ejecutar la muerte

·         En el reciente código penal se ha incluido un apartado en el artículo 143 que hace referencia a la eutanasia (143.4) “el que causare o cooperare activamente en actos necesarios y directos a la muerte de otro, por la petición expresa, seria e inequívoca de éste, en el caso en que la víctima sufriera una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes o difíciles de soportar, será castigado con la pena inferior en uno o dos grados a las señaladas en los números 2 y 3 de este artículo   

ANÁLISIS ÉTICO DE LA EUTANASIA

·         El núcleo central de este problema se centra en el derecho a la vida y su forma de entenderlo.

·         El dilema que sustenta la divergencia de opiniones  está en ¿se contiene en el derecho a la vida la posibilidad, no de renunciar al derecho, sino de disponer de ella hasta el punto de poder acabar con la propia vida?.

·         Es preciso matizar que la mayoría de los partidarios de la aplicación de la eutanasia lo son en cuanto que ésta debe ser voluntaria; es decir, que la persona en estado irreversible debe solicitar o al menos acceder, en estado consciente y después de haber sido informado de su estado clínico, que le sea aplicada o en su defecto, que hubiera comunicado sus deseos a un familiar, médico o a un amigo.

·         Algunos autores piensan que todos tenemos el deber de conservar nuestra vida, pues la persona tiene un compromiso de respeto consigo misma, derivado de que ni él/ella se ha hecho a sí mismo/a, ni él se ha dado el valor y la dignidad que posee.

·         Es evidente que opiniones como éstas están determinadas por las propias creencias religiosas de quienes las sostienen, las cuales permiten, asimismo, encontrarle un sentido valioso a la muerte, al dolor y al sufrimiento.

·         Sin embargo, sin negar la dimensión religiosa de la vida, también es cierto que en una sociedad plural caben opiniones distintas en este sentido.

·         Para aquellos que no profesan una religión y que dan sentido secular a su vida resulta difícilmente aceptable el principio general de no poder disponer de su propia vida.

·         Para una ética secular, emancipada de autoridades religiosas o de una referencia a Dios, la propia libertad se convierte en el último eje, sustituyendo a Dios como horizonte final de las decisiones humanas.

·         Así los que participan de esta postura defienden el derecho de todo ser humano a gestionar y administrar su propia vida y a decidir, si lo desea, sobre cuándo y cómo terminar con ella, ya que  sólo la vida libremente deseada merece el calificativo de derecho.  

REFLEXIONES SOBRE LA LEGALIZACIÓN DE LA EUTANASIA: VENTAJAS E INCONVENIENTES

·         La eutanasia legalizada podría ayudar a los pacientes desahuciados a quienes no se les puede evitar el dolor físico, psíquico y/o social y que vivan en situación peor que la propia muerte.

·         La posibilidad de acortar la vida es éticamente aceptable si se cumplen “las siguientes premisas por parte del enfermo: Manuel Cuyás: “ Eutanasia . Reflexiones éticas y morales. Barcelona 1991.

1.       Que se halle en una fase terminal e irreversible de su dolencia.

2.       Que haya renunciado al tiempo restante de su vida de manera interna, libre (informado y sin coacción física ni moral alguna), honesta (cumplió ya con todos sus deberes) y sincera.

3.       Que desee se le prive efectivamente de ese tiempo, o con el fin de asumir, como persona, una muerte digna, o con el fin de no padecer dolores y humillaciones, que prevé degradantes y sin sentido”

 

·         La ética es cosa de todos los ciudadanos de un Estado secularizado que, consciente de la diversidad interpretativa de determinados aspectos morales, los deja para la decisión en conciencia y libertad de cada individuo, y únicamente asume para sus normas jurídicas aquel campo de la moral aceptado generalmente e indispensable para la convivencia social.

·         La ética es cosa de todos y al igual que el derecho, su legitimador sólo puede hallarse en el consenso social; las personas debemos mantener  una acción constante para conquistar aquellas parcelas que nos ayuden en nuestra dignidad y libertad.      

·         Hemos de considerar que una legalización de la eutanasia podría presentar consecuencias tanto más graves cuanto menos restrictiva sea la ley, como la pérdida de confianza del paciente en su equipo sanitario, ya que el principio que hoy se considera fundamental que es el de “conservar la vida y aliviar el sufrimiento”, quedaría minimizado por la posibilidad legal de este personal para matar a ciertos pacientes.

·         El concepto de eutanasia en su reivindicación social como derecho humano se basa en la libre voluntad del enfermo. Pero en la práctica son muchos los enfermos terminales o irrecuperables que no han podido expresar sus deseos con anterioridad a su enfermedad  y que en ese momento no se encuentran capacitados  para hacerlo.

·       La existencia de la eutanasia legal podría ayudar a debilitar la fuerza moral de determinados pacientes, que verían “una escapatoria fácil” de su situación.

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·          Por otro lado, familiares de ancianos o incapacitados que constituyen una carga podrían sentirse tentados a pedir la eutanasia.

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·         Actualmente existe un movimiento social que aboga por el empleo del denominado  “Testamento vital”. Documento en el que la persona expresa libremente su voluntad a no ser sometida , en caso de daño físico o psíquico o enfermedad grave que cause sufrimiento o la incapacite para seguir una vida autónoma y racional, a tratamientos que prolonguen artificialmente su vida, solicitando incluso que le sean administrados fármacos que eviten dolores, aunque ello implique el acortamiento de su vida

EUTANASIA: UNA PRÁCTICA OCULTA EN ESPAÑA

Un médico español relata sus experiencias en el límite de la ley con enfermos terminales

Desde hace poco más de un año, el doctor Fernando Marín ayuda a morir a los pacientes que se lo piden. Él afirma que sus prácticas no traspasan la frontera del Código Penal, aunque muchos de sus colegas manifiestan dudas al respecto. El testimonio de este médico con amplia experiencia en cuidados paliativos pone de manifiesto el abismo que existe entre una sociedad abrumadoramente partidaria de despenalizar la eutanasia y una legislación obsoleta. Y descubre prácticas clandestinas por parte de personas con acceso al arsenal farmacológico.

El doctor Marín, licenciado por la Universidad Complutense y miembro de DMD, puntualiza: "Dentro de la legalidad se puede apurar y llegar mucho más allá en el contexto de los cuidados paliativos. Ante una demanda de eutanasia, uno debe averiguar si queda por hacer algo que produzca cierto bienestar. Esto debe plantearse previamente a cualquier otro tipo de consideración. Pero hay enfermos que afirman encontrarse bien sólo mientras duermen. La clave para que el médico se evite complicaciones es la presencia de la muerte. Con un pronóstico de fallecimiento cercano, sedar a una persona no debe ser un problema".

La experiencia y los conocimientos de Fernando Marín están sobradamente acreditados: ha trabajado con enfermos mentales en un psiquiátrico, en desintoxicación y prevención de drogas con la Cruz Roja, en atención primaria y en medicina de familia durante casi tres años, en Alemania, y con personas infectadas por el VIH. En esta última etapa entró en contacto con los cuidados paliativos. Fue allí donde le llegaron las primeras demandas de socorro por parte de enfermos que no tenían sida. "Un compañero médico cuyo padre padecía cáncer me pidió ayuda. Le pregunté por qué no lo hacía él mismo y me contestó que no podía".

Aunque no da más datos sobre aquel caso, denuncia la existencia de la eutanasia oculta entre el personal sanitario. Él mismo admite que si su padre padeciera una enfermedad terminal y le pidiera ayuda para morir, probablemente se la facilitaría: "Las personas que tienen acceso a los medicamentos y conocen su administración se benefician de prácticas que se quedan en la intimidad del hogar", subraya. Y prosigue: "La eutanasia pasiva e indirecta es una práctica habitual que hoy ya no se considera contraria a la ética médica. Estoy seguro de que en los domicilios particulares se producen eutanasias".

LA MAYORÍA DE LOS ESPAÑOLES, A FAVOR DE LA LEGALIZACIÓN

La polémica sobre la eutanasia experimentó un fuerte impulso en España a raíz de la muerte del tetrapléjico Ramón Sampedro, el 12 de enero de 1998, tras ingerir un preparado de cianuro que alguien le había acercado a la boca. Aunque 14 desconocidos le asistieron en el suicidio, el juez archivó provisionalmente el sumario, tras casi dos años de pesquisas infructuosas.

Durante la legislatura pasada, el Senado creó una comisión especial para estudiar la eutanasia y el derecho a una muerte digna, a la que fueron llamados 120 expertos. En las discusiones se manejaron varias encuestas que reflejan la postura de la sociedad española. Por ejemplo: el 67% de los preguntados apoyan legalizar la eutanasia, el 20% se muestra en contra y el 13% no contesta. Sin embargo, hay una notable diferencia por edades: entre los mayores de 64 años, las respuestas afirmativas bajan al 48% y las negativas suben al 32,4%. Estas variaciones podrían ser debidas a una cuestión de formación o a un sentimiento de mayor proximidad a la muerte. La ideología política también se dejaba sentir en los resultados: sólo el 53% de los votantes del Partido Popular son favorables, frente al 73% de los del PSOE, el 71% de los de CiU y el 87% de los del PNV.

Claramente puede deducirse de estos datos que la sociedad va muy por delante de los partidos en este asunto. Pero la actitud más conservadora corresponde al colectivo médico. Según el único estudio disponible (que arrastra el inconveniente de haber sido realizado hace diez años), en torno al 90% de los facultativos se manifiestan contrarios a la legalización de la eutanasia.

El doctor Marcos Gómez Sancho, presidente del Colegio de Médicos de Las Palmas y de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, aporta una razón global: "El que un país que no atiende correctamente a los enfermos candidatos a solicitar la eutanasia intente legalizar la forma de acabar con ellos me parece una frivolidad", afirma. Y apunta tres motivos por los que los pacientes terminales no son correctamente atendidos. En primer lugar, la falta de formación: a los médicos no les han enseñado qué hacer con ellos, e intuyen que les van a plantear problemas. En segundo lugar, ven en su muerte un fracaso profesional. Y en tercer lugar, les recuerdan, por resonancia, su propio final.

El psicólogo clínico Javier Barbero resume la aparente contradicción en la que incurren muchos de los ciudadanos que se manifiestan contrarios a la legalización: "En el caso de Sampedro creo que yo hubiera corrido riesgos legales por ayudarle a tomar una decisión tan límite como la que ejecutó. Pero eso no significa que yo defienda la despenalización de la eutanasia para el mismo caso. La explicación es que me preocupa enormemente que esa despenalización pudiera llevar a poblaciones muy vulnerables (demenciados, excluido, etcétera) a verse abocados por presión a elegir un recurso legal como es la eutanasia".

Mientras los debates continúan, la sociedad busca soluciones en las unidades de cuidados paliativos. El doctor Xavier Gómez Batiste, jefe de este servicio en el Instituto Catalán de Oncología, subraya que "España es el segundo país de Europa en cuanto a número total de estos equipos". Un consuelo para el sector de la población que tiene acceso a ellos y "sobre el clavo de la muerte" consigue por fin "colgar su cuerpo".

UNA POLÉMICA QUE  DA LA VUELTA AL MUNDO

·         El Estado norteamericano de Oregón tiene la legislación en vigor más avanzada del mundo sobre la eutanasia. Los otros países en los que se ha regulado legalmente son Holanda y Australia.

·         Estados Unidos: la ley denominada oficialmente Muerte con Dignidad fue aprobada por primera vez en 1994 en el Estado de Oregón, pero no entró en vigor debido a las virulentas protestas de sus enemigos. Finalmente, en noviembre de 1997 el electorado la respaldó con el 60% de votos. Admite el suicidio asistido y autoriza a los médicos a prescribir drogas letales a los pacientes en fase terminal que lo soliciten. Establece que esos pacientes deben de tener menos de seis meses de esperanza de vida y añade que los médicos pueden recetar la dosis mortal, pero no administrarla. Además, en nueve estados del Oeste de EE UU un ciudadano que sufra una enfermedad terminal y mantenga sus facultades mentales completas tiene derecho a pedir a un médico que le ayude a morir.

·         Holanda: la primera ley reguladora entró en vigor en 1994. No despenaliza la eutanasia, que puede ser legalmente castigada con penas de hasta 12 años de prisión. Pero, en la práctica, ésta puede ser aplicada con tres condiciones: que el paciente la solicite repetidamente, que se halle en fase terminal y que el médico obtenga la opinión favorable de otro colega. En marzo de 1998 el Congreso aprobó la creación de comisiones de expertos que deberían decidir cuándo es necesario que la justicia investigue un caso. Con esta resolución se daba un paso más hacia la despenalización completa, que cuenta con el apoyo de la mayoría de las fuerzas políticas del país. Un informe oficial estableció en 1995 que, de las 135.000 muertes que se registran anualmente en Holanda, un 3,4% fueron consecuencia de eutanasia; un 0,3% se debieron al suicidio asistido, y un 0,7%, a la intervención médica, pero sin solicitud explícita del paciente.

·         Australia: en el Territorio Norte de Australia entró en vigor, en junio de 1996, la Ley de los Derechos de los Enfermos Terminales. Autorizaba al médico a dar muerte al enfermo con una acción positiva, como una inyección letal. Además, permitía que cualquier ciudadano pudiera viajar a ese Estado para someterse al tratamiento. En marzo de 1997 fue derogada por el Parlamento por sólo cinco votos. En el periodo en el que estuvo vigente, cuatro pacientes fueron autorizados a quitarse la vida.

·         Francia: un informe del Comité de Ética de las Ciencias y de la Salud francesa (CCNE), publicado en marzo, ha abierto una puerta a la despenalización de la eutanasia al recomendar la creación de una nueva figura legal, la "eutanasia de excepción", para casos "raros y excepcionales". Este tipo de eutanasia sería diferente de la activa, considerada un homicidio, y de la pasiva, castigada como si se tratara de una omisión de socorro a una persona en peligro. Según uno de los redactores de la recomendación, en Francia se practican anualmente alrededor de 2.000 eutanasias clandestinas.

·         Varios médicos han sido juzgados y condenados por practicar la eutanasia. Entre los procesos más famosos están los del norteamericano Jack Kevorkian, conocido como "Doctor Muerte", y del médico británico David Moor. Kevorkian inventó en 1990 un aparato para suicidarse que consiste en un sistema de gota a gota con el cual se inyecta una solución de drogas letales. El doctor Kevorkian, acusado de homicidio, fue condenado a entre 10 y 25 años de prisión en abril de 1999 por un tribunal del Estado de Michigan por practicar la eutanasia activa a un paciente terminal. Él asegura que ha ayudado a morir a 130 personas.

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·         El caso de David Moor, un médico británico de cabecera absuelto por un jurado popular en mayo del año pasado del delito de asesinato de un anciano moribundo al que suministró una dosis letal de morfina, ha creado un precedente legal. Moor fue detenido por la policía tras declarar que había realizado 150 eutanasias en 30 años de carrera. Hizo esa declaración tras conocer la publicación en la prensa del testimonio de otro médico, Michael Irwin, que dijo haber administrado personalmente, "por piedad", inyecciones letales a medio centenar de enfermos terminales.

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