TRABAJOS PARA ÉTICA Y DEONTOLOGÍA PROFESIONAL

 

Socrates prudente y conocedor de la verdad.-

 

I.- Introducción.

 

         Este trabajo tiene por objeto, analizar desde el punto de vista de la obra “las virtudes fundamentales” de Pieper J., la actuación de Sócrates en su propia defensa ante los atenienses, que nos transmite Platón en sus escritos de juventud”. Para ello nos centraremos en el análisis de la persona de Sócrates como prudente y conocedor de la verdad.

 

         Desde la perspectiva del pensamiento occidental, podemos adoptar como definición de virtud, la de que es un hábito operativo bueno, que implica cierta posesión de uno mismo. Lo que los antiguos asociaban a la idea de libertad y perfección humanas. Desde este punto de vista, el valor moral de las virtudes reside en su carácter deliberado y ser producto de la elección y acción de los individuos. 

 

La prudencia es una virtud devaluada actualmente en nuestra sociedad, ya que solemos identificarla como precaución en nuestros actos con el fin de evitar sufrir daños, justificándose incluso ir en contra de la verdad o ser cobardes si es necesario, con tal de no ser heridos en nuestras relaciones con el entorno o con las personas.

 

         Para ser prudente en el marco clásico, al que nos vamos a referir en adelante, se necesita conocer y comprender la realidad, para con ello conducirse y actuar de un modo determinado. El prudente, analiza los hechos y en un tiempo adecuado a las circunstancias, actúa empleando los mejores instrumentos para conseguir el fin que persigue. Por esto sabe aceptar buenos consejos y sobre todo, es conocedor de sí mismo y de sus capacidades.

  

II.- Apología de Sócrates.

 

         En esta obra Platón hace una defensa de Sócrates, más que la crítica de un discípulo hacia algún postulado de su maestro, predomina en el texto el afecto y la rabia ante la injusticia cometida por los atenienses con un hombre de bien.

 

         En la primera parte del juicio, Sócrates se desmarca del movimiento sofista imperante en aquellos tiempos, ya que de algún modo se le relacionaba con ellos. Seguidamente va refutando cada una de las tres acusaciones por las que es juzgado:

- Impiedad (asebeia).- pone en evidencia las contradicciones de Meletos en su acusación.

- Corromper a los jóvenes.- Ningún joven, ni sus padres, habían presentado denuncias.

-  Introducir nuevas divinidades.- Expone abiertamente sus creencias.

 

         Después de ser declarado culpable por un escaso margen de votos, tiene el derecho a solicitar un castigo alternativo a la pena de muerte solicitada por la acusación, y en vez de esto solicita ser recompensado como benefactor de la polis y ser mantenido por el erario público. En la segunda votación es condenado a muerte y en su epílogo se despide de los acusadores y  sus amigos.

 

         Sócrates vivió del 470 al 399 antes de Cristo. Al parecer nunca escribió nada, lo que sabemos sobre él nos llega a través de otros autores. Su pensamiento es una reacción al sofismo imperante en aquellos tiempos, estos pensaban que la verdad absoluta y objetiva no existía, todo es relativo, a esto responde Sócrates que la verdad es objetiva y la conducta debe basarse en el conocimiento, que a su vez sirve de base a la acción el modo de reflexionar y debatir de estos. También argumenta que ellos no se basan en convencer, sino en vencer sin importar el modo y además cobran a cambio de sus enseñanzas, cosa que el no hace.

 

         La prudencia y la justicia ocupan un lugar importante en el pensamiento Socrático, y el conocimiento es la base de la virtud de la prudencia. La virtud descansa sobre el saber, de la misma manera que toda maldad proviene de la ignorancia.

 

         Sócrates entiende la filosofía como una búsqueda necesariamente colectiva, él aprende de sus discípulos tanto, como estos de él. Cada hombre posee una parte de la verdad y la descubre haciéndola mayor con la ayuda de los otros. Así se explican las partes del método Socrático, ironía y mayéutica. Rechazaba las opiniones admitidas sin previo análisis. Es sabio quien conoce lo que es la virtud, y si para Sócrates el mal tiene su origen en la ignorancia, es imposible que un ignorante haga el bien, pues conocimiento y virtud van parejos.

 

         Sócrates desenmascara a los que presumen saber, y con ello se granjea grandes enemistades. Desprecia los valores materiales y expresa preferir sufrir la injusticia antes que practicarla. Se reconoce como “Tábano de Atenas” y proclama su misión como conciencia crítica de esta ciudad estado.  El no inculca doctrinas, sino que hace preguntas para que cada uno desarrolle sus propias ideas.

 

 

III.- Pieper, J. “Las virtudes fundamentales”.

 

         Su obra está fundamentada en las enseñanzas de Santo Tomas y esta lo está a su vez en la moral Aristotélica, lo que explica el eudemonismo, el discurso teológico e intelectualista, y la aportación cristiana sobre el valor del individuo y el sentido trascendente que tiene la vida humana, expresado en la obra de Pieper.

 

         Las virtudes no son solo, para este autor, caracteres positivos de la acción moral, sino hábitos para el bien. Como Aristóteles, piensa que los hombres viven rectamente por practicar buenos hábitos. Las virtudes pueden ser naturales y adquiridas, y son la elevación del ser en la persona humana, en palabras de Santo Tomas, “lo máximo a lo que puede aspirar el hombre en el plano natural y el sobrenatural”.

 

         Para Pieper, la prudencia es el fundamento de las restantes virtudes cardinales (justicia, fortaleza y templanza). La prudencia es una costumbre, un hábito que permite sopesar correctamente las circunstancias en una situación concreta, y con ello actuar adecuadamente. La primacía de la prudencia sobre las demás virtudes, radica en que el querer y el obrar sean conformes a la verdad. Antes de ser lo que es, lo bueno ha tenido que ser prudente y por lo tanto conforme a la realidad. Pieper también equipara la verdad a la realidad objetiva. La virtud de la prudencia es cognoscitiva e imperativa. Aprendemos la realidad para luego ordenar el querer y el obrar, pero el conocimiento es anterior y condiciona el resto. Si no conocemos, no nos situamos respecto a la realidad y la intención y la acción se afectaran, por lo que para ser prudentes debemos saber.

 

         La prudencia no es solo un saber informativo, sino un conocimiento de la realidad que se transforma en acción. La prudencia consta de tres fases: deliberación (elegir un camino que lleva a un fin), juicio (sobre la situación particular) y decisión (elección entre las posibles alternativas).

 

         La prudencia presenta dos caras, una se enfrenta cara a cara con la realidad objetiva, mientras la otra mira hacia la realización del bien. La perfección de la virtud de la prudencia, sobre la base de esto tiene unos requisitos, los más importantes son: memoria (guarda el conocimiento y es fiel al ser), la docilitas (saber dejarse decir algo) y la solertia (facultad perfectiva que nos hace afrontar objetivamente la realidad, con la mirada abierta a circunstancias y cambios). Estos tres requisitos giran en torno a la verdad, ya que ser fiel a la realidad pasada (memoria), es ver la realidad tal y como aconteció (verdad); la docilitas nace de la voluntad de conocer la realidad, de buscar la verdad; la flexibilidad que acompaña a la solertia, trabaja al servicio del verdadero fin de la vida humana, y esos caminos siempre nuevos son conformes a la verdad de las cosas reales.

 

 

IV.- Sócrates prudente y conocedor de la verdad.

 

IV.I.- Prudente.

 

         La primera cuestión que nos plantea esta afirmación sobre Sócrates, es analizar en su discurso si era prudente. Sócrates demuestra coherencia entre su pensamiento y su acción, si los pasos de la prudencia son deliberación, juicio y decisión, los dos primeros se hacen patentes durante toda su defensa, y el tercero, que conduce a la acción teniendo en cuenta los anteriores, se nota con mayor claridad si cabe tras la primera deliberación de los jueces, cuando decide no ir contra la verdad aunque ello pueda costarle la vida.

 

         Los requisitos perfectivos de la prudencia, también pueden verse en su discurso: En primer lugar emplea la memoria haciendo una descripción de los hechos que han caracterizado su vida y de cómo estos han seguido un camino de rectitud moral, este recuerdo es en todo momento fiel a sus propias exigencias y nos refleja como ha sido la línea de vida del acusado. Emplea la docilitas, ya que expresa aprender continuamente de los que le rodean, el método que utiliza en sus enseñanzas es el diálogo y reconoce saber que no sabe nada, colocándose en una posición de continua búsqueda del conocimiento. Enseña a los demás a parir ideas de las que también él se nutre. Por último, la solertia es una facultad que también puede verse en su defensa, ya que afronta objetivamente la realidad con la mirada abierta, no responde huyendo de la injusticia porque entonces no sería justo con su ciudad, su pueblo y sus leyes, y por ello las acata. A pesar de conocer quien le acusa y las razones más profundas de porqué es acusado, pone en evidencia sus contradicciones, sabedor de que con ello seguramente será ajusticiado. Hace una reflexión de la muerte como cambio de morada y por lo tanto parece no temerla.

 

 

IV.II.- Sabio.

 

         Respecto al conocimiento, Sócrates se plantea si es preferible conocer mucho sobre algo y equivocarse en el resto o conocer de forma equilibrada muchas materias. También pone en evidencia a los que se las dan de sabios o son reconocidos por el pueblo como tales, y explica como personalmente llegó a la certeza de que no lo eran. “Yo solo sé que no se nada”, esta máxima nos coloca en el eje del pensamiento Socrático, ya que aquel que reconoce no saber, es más sabio, porque este reconocimiento lo coloca en una posición de permanente búsqueda del saber y la verdad.

 

         El saber referido a la prudencia, es el conocimiento de la verdad a través de la búsqueda de la realidad objetiva, esto es lo que hace en su discurso Sócrates, oponiéndose en su método a la relatividad de los Sofistas. La vida tiene como objetivo para nuestro filósofo, el autoconocimiento, para de esta forma conocer el mundo que lo rodea. Solo la persona que conoce como son las cosas, podrá obrar bien. La realización del bien, lleva implícito la conformidad de nuestros actos con la realidad objetiva.

 

        

IV.III.- Conocedor de la verdad.

 

Suele decirse que la verdad ofende y el proceso seguido contra Sócrates confirma este dicho. El acusado huye del espectáculo y cuenta lo que considera la verdad que explicaría porque es acusado, es decir, la envidia que despierta su forma de actuar, su prestigio entre los jóvenes, su diferente concepción de los valores éticos y políticos. La claridad y convicción con la que lo hace, produce murmullos y malestar entre los asistentes al proceso. Sócrates, en un contexto político de humillación (derrota sufrida por los atenienses en el Peloponeso), se presenta como poseedor de la verdad y señala los defectos que afectan a los atenienses, esto levanta muchas ampollas entre sus enemigos y esta es la razón profunda de su acusación.

 

Como acusado, Sócrates basa su defensa continuamente en la exposición de la verdad, y pudiendo hacerlo para granjearse la piedad de los jueces, no la basa en sentimientos ni pasiones, como era muy común en los juicios atenienses, sino en la lógica. Para salvarse podría haber reconocido su culpabilidad y haber propuesto una pena leve contra sí mismo, pero hubiera tenido que romper la imagen de rectitud moral que había caracterizado su vida, e ir contra la verdad, cosa que no hizo.

 

Finalmente, Sócrates afirma que si tuviera que prescindir del ideal irónico de la búsqueda de la verdad, a partir del examen de uno mismo, entonces la vida no merecería la pena vivirse. Contrapone muerte y maldad, para señalar que no está dispuesto a huir de la muerte a cambio de no evitar la maldad, que para él sería traicionarse a sí mismo, a Dios, a la polis y a la verdad.

 

Nietzsche, afirma que Sócrates forzó a la ciudad de Atenas a ejecutarlo y que por lo tanto deseaba la muerte. Si bien leyendo su defensa no parece tan rotunda esa afirmación, opino que al menos planteó claramente a la polis, la disyuntiva de vivir como hasta entonces sin Sócrates, o reformar profundamente sus más arraigadas tradiciones culturales y políticas.

 

V.- Bibliografía.

 1.- Capele, W., “Historia de la filosofía Griega”. Gredos. Madrid, 1981.

 2.- Pieper, J., “Las virtudes fundamentales”. Rialp. Madrid.

 3.- Platón, “Apología de Sócrates”. Alambra. Madrid, 1989.

4.- Páginas de Internet sobre Historia, Filosofía y Ética.

 

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